'Manifa' con Bildu y otras perlas de Podemos en su debut en el Gobierno

Es fácil deducir que las mesas de coordinación y seguimiento del acuerdo de gobierno que Sánchez ha ideado para solventar los posibles roces entre los socios no van a dar abasto

Foto: El líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)
El líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)
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Luis Buñuel tendría motivos para estar satisfecho. Decía el autor de ‘Un perro andaluz’ que el surrealismo, más que un arte, era un medio para alcanzar la revolución con el escándalo como única arma, que un demente irrumpiera en el museo y se liara a asestar puñaladas a ‘El Ángelus’, de Millet, era poco menos que una obra de arte, auténtica poesía. Si diéramos por buena la provocación, Buñuel habría de sentirse orgulloso de las declaraciones que un nutrido grupo de artistas e intelectuales han evacuado últimamente a cuenta del 'procés'.

Dice el actor Sergi López que quiere “ser independiente para quemar la bandera catalana y cagarme en La Moreneta”, unas declaraciones escatológicas que son muy del gusto de cierta parte del independentismo, para el que la defecación identitaria es una forma de transgredir, una manifestación cultural, haciendo, eso sí, distingos entre las cacas, que no todas son iguales, unas huelen mejor que otras, como cualquiera puede olfatear en TV3.

El actor Sergi López posa durante el pase gráfico de la película 'La inocencia'. (EFE)
El actor Sergi López posa durante el pase gráfico de la película 'La inocencia'. (EFE)

Dice también la escritora Cristina Morales, Premio Nacional de Narrativa por ‘Lectura fácil’, que “es una alegría que haya fuego en vez de cafeterías abiertas” en Barcelona, arguyendo que, como no tiene un fusil, escribe y habla desde la provocación para “combatir la autoridad” y “atacar al canon”, sin atender a que, como señalaba Javier Caraballo en uno de sus ‘matacanes’, lo que de verdad hace Morales, mujer joven de raíces andaluzas, es apología de una “algarada que agitan, desde sus palacetes, los sectores más acomodados de la sociedad catalana para perpetuar sus privilegios, como siempre han hecho”.

Unos lancean cuadros y otros echan gasolina a las calles cuando no les da por hacer de vientre en los templos cristianos. Nada nuevo bajo el sol. Es la patente de corso que se ha arrogado atávicamente la cultura española Se le permite y se le aplaude. Hasta ahí, todo previsible. El problema llega cuando los que provocan, en ocasiones de forma irresponsable, no son artistas sino políticos y, además, con mando y plazo en la Moncloa.

Y es que la llegada de Unidas Podemos al Gobierno de la nación de la mano del PSOE va a hacer las delicias de los Sergi López, Cristina Morales 'et alii'.

Unidas Podemos (una vicepresidencia y cuatro ministerios) se pone en posición de saludo ante Otegi y los independentistas de ERC

Hete aquí que, cuando éramos muchos los que pensábamos que el hecho de tocar moqueta haría que la formación morada se moderara, los haría bajarse de sus posiciones maximalistas, que Pablo Iglesias devendría más papista que el Papa, el primero en desfilar junto al Ejército en las efemérides patrias, cuando éramos muchos los que vaticinábamos la mutación hacia la institucionalidad, la formación morada, en cambio, parece obcecarse en demostrar lo contrario. Pretende erigirse en el rey de las provocaciones.

Como muestra, un botón: lo sucedido este sábado en Bilbao. Unidas Podemos, agraciada con una vicepresidencia y cuatro ministerios en el Gobierno que se va a conformar, se ha prestado a participar de la manifestación anual que se celebra en la capital vasca para pedir el acercamiento de presos (‘euskal presoak etxera’). Esto es, no solo no se ha puesto en posición de saludo para recibir a los ejércitos, como barruntábamos algunos, sino que participa de aquelarres nacionalistas al lado de Otegi y los independentistas catalanes de ERC, a la sazón quienes han facilitado la investidura de Sánchez.

Arnaldo Otegi (3i), la parlamentaria de ERC, Nuria Picas (2i), el portavoz de JxCAT, Eduard Pujol (3d), y el diputado de la CUP Albert Botran (izda), entre otros, participan en la manifestación anual de apoyo a los presos de ETA. (EFE)
Arnaldo Otegi (3i), la parlamentaria de ERC, Nuria Picas (2i), el portavoz de JxCAT, Eduard Pujol (3d), y el diputado de la CUP Albert Botran (izda), entre otros, participan en la manifestación anual de apoyo a los presos de ETA. (EFE)

Dice Otegi, otro intelectual o en camino de serlo, que “el cambio en la política penitenciaria de dispersión, la demanda de la libertad de los presos, la vuelta de exiliados y deportados, no es solo la agenda de un partido político… Es una agenda que defiende la mayoría de este país y se tiene que cumplir”. Es fácil deducir que las mesas de coordinación, desarrollo y seguimiento del acuerdo de gobierno que Pedro Sánchez ha ideado para solventar los posibles roces entre los socios de gobierno no van a dar abasto esta legislatura.

Se van a tener que emplear a fondo. Basta, por ejemplo, echar un vistazo a los artículos de Manuel Castells, flamante ministro de Universidades a sugerencia de Ada Colau. Castells, albaceteño, miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras, profesor emérito de Berkeley y una de las eminencias de la sociología global, alguien al que cualquier estudiante de Ciencias de la Información ha tenido que leer y releer por sus estudios sobre la red, ha ido evolucionando de los postulados socialdemócratas del PSC a otros más extremos. El movimiento 15-M y la madre de todas las crisis, la de 2008, que sirvió de espoleta para dicho movimiento, están, como en tantos otros casos, detrás de la mutación.

Tan es así que algunos de sus escritos no parecen artículos de prensa sino partes de guerra en los que viene a justificar la violencia: “La desmesurada e injusta sentencia de unos jueces nombrados por un CGPJ designado por componenda política ha indignado a una mayoría de la población catalana (…). La violencia es condenable éticamente y contraproducente políticamente. Pero hay que entenderla en lugar de demonizarla”, escribía en ‘La Vanguardia’.

Todo parece apuntar a que Castells y el resto de ministros de Unidas Podemos van a propiciar unas cuantas tardes de gloria en la legislatura que comienza. Ante este panorama, la oposición más dura no la va a encontrar Sánchez en la bancada de las derechas sino dentro de su propio Ejecutivo. Cuerpo a tierra que vienen los nuestros. Como dice José Antonio Zarzalejos, “Sánchez ha inaugurado el pretorianismo político en España con un Ejecutivo blindado para controlar a su socio de coalición antes que a la propia oposición”.

Ahora bien, hay serias dudas de que con este Gobierno 'ad hoc' vaya a bastar para parar las ansias expansionistas de Pablo Iglesias, un señor al que hemos asesinado políticamente en incontables ocasiones y que, sin embargo, parece gozar de una magnífica salud de hierro. Ahí está: de vicepresidente y subiendo. Es, efectivamente, el camarote de los hermanos Marx.

Caza Mayor
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