Cuidado con los juegos florentinos: si cae Madrid, cae Casado

Adelantar comicios no le interesa a Díaz Ayuso, que ya ha negado que vaya a hacerlo, pero menos aún le interesa al líder nacional de su partido

Foto: El líder del PP, Pablo Casado, junto a la presidenta de la CAM, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
El líder del PP, Pablo Casado, junto a la presidenta de la CAM, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
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El objetivo es Díaz Ayuso. Hay una ofensiva nítida contra la presidenta de la Comunidad de Madrid por parte de la izquierda que, además de servir de cortina de humo para ocultar los fallos del Gobierno central durante la pandemia, busca azuzar la división entre PP y Cs y, por ende, desestabilizar el Ejecutivo regional. Tan es así que algunos dirigentes populares, entre ellos alguno próximo a la presidenta, han comprado la mercancía y sugieren convocar elecciones en cuanto sea posible para librarse de Ciudadanos. La cuestión no es baladí.

Cuidado con los juegos florentinos: si cae Madrid, cae Casado

Adelantar comicios no le interesa a Díaz Ayuso, que ya ha negado que vaya a hacerlo, pero menos aún le interesa al líder nacional de su partido. ¿Qué sería del proyecto político de Casado si cayera la Comunidad de Madrid? Nada. ¿Qué posibilidad hay de que el PP gobierne en Madrid con mayoría absoluta? Ninguna. Pues eso, señoría, no hay más preguntas.

Casado está obligado a convivir pacíficamente con todos sus demonios. Con Ciudadanos —que un día le apoya para ganar poder territorial y gobernar en algunas de las plazas con más fuste del país, y otro se va con Pedro Sánchez y facilita el estado de alarma y el decreto de nueva normalidad— y también con Vox —refugio del votante más conservador y desafecto con el PP—. En la encuesta de 'ABC', el empujón electoral que recibe el Partido Popular (+22 diputados) se produce, básicamente, a costa de los de Abascal (-19). Tanto monta, monta tanto.

El problema no es que haya duros y moderados dentro de un mismo partido, el problema aparece cuando el líder no puede controlarlos

Además de tan alambicado ‘ménage à trois’, Casado luego tiene que enfrentarse a sus demonios internos, que los tiene, y van desde moderados como Moreno Bonilla o Núñez Feijóo, pasando por el alcalde Martínez-Almeida, a las controvertidas Díaz Ayuso y Álvarez de Toledo. Figuras de lo más eclécticas que, triple salto mortal mediante, tratan de abarcar en su complejidad todo el espectro del centro derecha y tender puentes hacia Cs y, al mismo tiempo, hacia Vox, lo que se conoce popularmente como jugar a ‘poli bueno, poli malo’.

“Yo no voy a liderar un PP bronco y desestabilizador, que pierde de vista sus obligaciones institucionales y de Estado. Pero tampoco voy a liderar un PP ingenuo e incauto, porque eso lo pagarían los españoles”, dijo como declaración de intenciones en la Junta Directiva Nacional.

La portavoz del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo. (EFE)
La portavoz del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo. (EFE)

Puede que Casado acierte en la estrategia, pero en lo que falla seguro es en la ejecución. El problema no surge por el hecho de que haya duros y moderados dentro de un mismo partido, como simplifican muchos, el problema aparece cuando el líder no puede controlarlos, cuando no hay un plan previo en el reparto de papeles entre buenos y malos.

No son tanto las salidas de tono de Álvarez de Toledo para competir por el electorado de Abascal como que, por culpa de las mismas, se tapan el cese de Pérez de los Cobos, el nepotismo de Marlaska o las maniobras de Dolores Delgado.

Según Metroscopia, los españoles no reparten por igual las culpas por la crispación que se respira en el Parlamento: el 82% se la atribuye a Vox y un 75%, al PP, ambos por delante de Unidas Podemos, que es señalado por el 69% de los españoles. El tono crispado de la derecha es el único pegamento que mantiene unido al bloque que llevó a Sánchez al poder.

Díaz Ayuso aguantará hasta el final. Lo hará pese a los choques con Cs, el lío de las residencias de mayores y las invectivas de Iglesias

Pedro Sánchez aguantará hasta 2023. Lo hará a pesar del descontrol en el número de fallecidos, Marlaska y los pactos con Bildu y ERC. Continuará en la Moncloa gracias al fondo de reconstrucción europeo, que le ha dado un balón de oxígeno económico que ni en sus mejores sueños, y por falta de alternativas que puedan sumar para descabalgarle.

Isabel Díaz Ayuso también aguantará hasta final de legislatura. Lo hará a pesar de los choques con Cs, el lío en el que se ha metido con las residencias de mayores y las invectivas que le lanza Pablo Iglesias. A Díaz Ayuso ni quieren ni pueden echarla.

Casado necesita el fortín de Madrid para sus aspiraciones nacionales, pero ha de cuidarse de los juegos florentinos de la comunidad. Hay guerras que llegan de improviso, casi sin querer. Hay deslices, errores de cálculo, que por un quítame allá esas pajas provocan conflictos que derivan, sin que uno se dé cuenta, en guerras políticas imprevisibles.

Cuando uno escucha las declaraciones radiofónicas de Alberto Reyero, consejero de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid, sacudiéndose de las hombreras posibles responsabilidades penales y señalando a Díaz Ayuso y al consejero de Sanidad del PP, Enrique Ruiz Escudero, como autores del ‘protocolo’ que instaba a no trasladar a hospitales a los mayores de residencias con síntomas de coronavirus, tiene esa sensación.

No habrá ruptura de PP y Ciudadanos en la CAM, pero eso no es óbice para que destacados cargos de ambos partidos jueguen a la contra, esto es, busquen el choque en pos del interés personal, sin ser conscientes de que, de tanto tensar la cuerda, puede romperse. Esos son los vientos de los que deben cuidarse Casado y Arrimadas, esa es la celada que les ha tendido Pablo Iglesias. Si cae Madrid, adiós a Casado.

Caza Mayor
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