Arrimadas & Casado: el 'bloody Valentine' de la derecha en Cataluña
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Nacho Cardero

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Arrimadas & Casado: el 'bloody Valentine' de la derecha en Cataluña

Con Cs y PP hincando la rodilla, la batalla por el espacio de la derecha el 14-F solo tiene un ganador: Vox, que ha aglutinado las papeletas de los cabreados con el independentismo

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Imagen: Learte

Habían desaparecido hacía tiempo del mapa catalán y las elecciones de este domingo han terminado por darle la puntilla. “Para el PP son muy malos, pero es que para nosotros suponen una herida mortal. Por si fuera poco, los independentistas tienen ahora pista para despegar”, resumía un antiguo gurú de Cs. Este 14 de febrero será recordado como el ‘bloody Valentine’ de la derecha española en Cataluña. Una capitulación sin paliativos.

Como era de prever en esta sociedad de pluma rápida y mente a 140 caracteres, los analistas políticos dirigen sus miradas hacia Inés Arrimadas. Lo hicieron nada más conocerse los datos de las primeras encuestas.

Lo mismo que la corriente crítica, que en puridad nadie sabe si existe o quién la compone, pero a la que no le ha fallado el resuello para poner como chupa de dómine a la líder de la formación naranja. Los puñales fueron a más con el recuento final, con un escenario todavía peor del que señalaban los sondeos.

Foto: El candidato de ERC, Pere Aragonès, en un reciente acto electoral

Ciudadanos pierde 30 escaños: de 36 a solo seis. Se equivocaron con la candidatura de Carrizosa para un quilombo como el catalán, pero tampoco había mucho donde elegir. ‘Piano piano’, el banquillo ha ido menguando hasta caer en la irrelevancia.

El hundimiento de Ciudadanos en su feudo más potente, donde nació y maduró como formación política, vaticina un incierto futuro para el partido y para su líder, Inés Arrimadas, que ya empieza a escuchar ruidos de sable.

Arrimadas ha convocado una reunión urgente del comité ejecutivo este lunes ante el descalabro electoral. La extrapolación de los resultados catalanes a otros territorios y la nostalgia por Rivera obligan a una catarsis urgente. No hay más salida. Se especula con la recurrente fusión amistosa con el PP de Pablo Casado. Veremos.

La debacle de Ciudadanos, sin embargo, no sirve para opacar otra de las derrotas del día: los pésimos resultados del PP. Se queda como la octava formación en el Parlament, con solo tres escaños y arrasado por el huracán de la ultraderecha de Vox.

Como en el caso de Cs, los críticos han comenzado a tomar asiento confiados en contemplar cómo el tríptico que cuelga sobre la cabeza del presidente del PP, el conformado por las figuras de Isabel Díaz Ayuso, Alberto Núñez Feijóo y Juanma Moreno Bonilla, se le cae en la cabeza y acaba con su efímero liderazgo.

Los tres presidentes autonómicos, tocados por el dedo todopoderoso del poder territorial, cuentan con el apoyo popular y resultados de gestión nada desdeñables en comunidades críticas, en momentos difíciles y con gobiernos de coalición en el alambre.

Díaz Ayuso fue recibida en la Rambla como si fuera una ‘popstar’, por eso de que la presidenta madrileña se ha convertido en la patrona oficiosa de la hostelería, no solo de la Comunidad de Madrid, sino de todo el país, incluida Cataluña; Núñez Feijóo —érase un hombre a una región pegado— no deja de cultivar su proyección nacional con guiños constantes en las redes sociales, mientras Moreno Bonilla ha visto reforzado su liderazgo con una buena gestión económica y su estrategia de hacer una política centrada, que no de centro.

Si a los resultados de las catalanas le sumamos el auge de estos tres nombres, más las causas judiciales que entintan a diario los periódicos y el aliento en la nunca de Vox, se podría colegir que el futuro de Casado se presenta tan oscuro como el de Arrimadas. Pero no es así.

Casado, que en ocasiones luce trazas de Marco Aurelio, cree que lo de Cataluña tenía que pasar y que los resultados no son extrapolables a ningún otro territorio. Si bien lo de Cs es un drama, pues sus cimientos se encuentran en aquella comunidad, el Partido Popular nunca ha sido competitivo allí. Ni en Cataluña, ni en el País Vasco.

“¿Puede un partido nacional y ambicioso gobernar España con semejantes números y descrédito en Cataluña... y en Euskadi?”, se preguntaba ayer Rubén Amón. Dependerá de los comicios y la polarización del momento. No hay que olvidar que, bajo su liderazgo, Casado ha conquistado CCAA y alcaldías de más fuste que las que tiene el PSOE.

Casado, dicen los suyos, quiere centrarse en su estrategia de romper con el pasado para alejarse de los casos de corrupción y de romper también con Vox, en la línea de su discurso de la moción de censura (“no somos como usted porque no queremos serlo”).

Las encuestas para las generales no le dan mal, ya que se muestra como la única candidatura con posibilidades de sacar a Pedro Sánchez de la Moncloa, aunque todavía queda mucho carrete para esos comicios.

Con Cs y PP hincando la rodilla, la batalla por el espacio de la derecha en Cataluña este 14-F solo tiene un ganador: Vox. Les ha pasado como un rodillo. Con 11 escaños, se sitúa como el cuarto partido más votado, procediendo como procede de una posición extraparlamentaria. Ha aglutinado todas las papeletas de los catalanes cabreados con el independentismo. Se estima que el 30% de los votos de Cs ha ido a parar a esta formación.

Es probable que, como piensa Pablo Casado, la chispa que el partido de Abascal ha prendido en Cataluña se deba a un ‘momentum’ muy concreto y no tenga proyección en otros territorios. Pero si yo fuera él, no me fiaría demasiado.

Habían desaparecido hacía tiempo del mapa catalán y las elecciones de este domingo han terminado por darle la puntilla. “Para el PP son muy malos, pero es que para nosotros suponen una herida mortal. Por si fuera poco, los independentistas tienen ahora pista para despegar”, resumía un antiguo gurú de Cs. Este 14 de febrero será recordado como el ‘bloody Valentine’ de la derecha española en Cataluña. Una capitulación sin paliativos.

Pablo Casado Inés Arrimadas Partido Popular (PP)