La burguesía catalana se estrella contra El Prat
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Nacho Cardero

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La burguesía catalana se estrella contra El Prat

Podría haber sido un punto de inflexión para la remontada, pero no. Se han quedado sin 1.700 millones de euros de inversión. No habrá ampliación de la tercera pista. Autodestrucción

placeholder Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

Autodestrucción. La burguesía catalana había depositado su confianza en la ampliación del aeropuerto de El Prat para sacudirse la caspa independentista y ahuyentar el provincianismo al que se abisma Barcelona tras la égida de Ada Colau, que ha perdido el ritmo económico frente a otras ciudades que empujan por detrás, como la Málaga de Francisco de la Torre. Podría haber sido un punto de inflexión para la remontada, pero no. Se han quedado sin 1.700 millones de euros de inversión. No habrá ampliación de la tercera pista. Autodestrucción.

El 'establishment' catalán —los mismos que cayeron en los cantos nacionalistas de Pujol y Mas, luego se llevaron los sedes a Valencia, Alicante y Madrid para evitar el desastre y, por último, asumieron el papel de claque para el presidente del Gobierno y sus indultos en el Cercle d’Economiasigue sin enterarse de la misa la media. Se han quedado anclados en el año 2000, lo cual resulta perceptible más allá de los atuendos carpetovetónicos de algunos de ellos.

Foto: Varios aviones de la compañía Vueling, en el aeropuerto de El Prat. (EFE)

La tercera pista de El Prat estaba llamada al fracaso desde el principio. Básicamente, por una cuestión medioambiental. En épocas no muy remotas, esto se solucionaba en los reservados de Via Veneto con un mercadeo de favores, pero estamos muy lejos de todo aquello. En el siglo de la pandemia, lo que toca es el capitalismo verde y los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), y si hay que salvar La Ricarda en detrimento del progreso, pues se salva y sanseacabó.

Uno de los análisis más sinceros sobre la cuestión lo realizó el que fuera 'conseller' de Territorio y Sostenibilidad Damià Calvet en un artículo en el 'ElNacional.cat' por el que le llovieron chuzos de punta. En el mismo, vaticinaba que el proyecto sería tumbado por una Europa que pone la preservación de los ecosistemas y los hábitats en lo alto del 'ranking' de importancia ambiental frente a otros intereses, al tiempo que acusaba de excesivamente reduccionistas los planes de “limitar el futuro de la conectividad aérea de Cataluña a la ampliación o no de la tercera pista”.

Su plan alternativo consistía, ‘grosso modo’, en la gestión integrada de un frente aeroportuario catalán compuesto por Barcelona, Girona y Reus, que estaría interconectado por tren. Calvet supo ver por dónde soplaba el viento, pero no le sirvió de nada. Mudó el amarillo del lazo por el verde de la sostenibilidad y se lo recompensaron mandándole a la jaula de oro del puerto de Barcelona.

A Calvet le sucedió Jordi Puigneró, de Junts, que tenía unas ideas muy distintas a las de su antecesor. No por una cuestión medioambiental, sino crematística. El PSOE le sacó el cepillo con dádivas milmillonarias y picó el anzuelo. Su mayor error fue apresurarse a hacerse la fotografía el 2 de agosto junto a la ministra de Transportes, Raquel Sánchez, para el desbloqueo de la ampliación de El Prat en un encuentro que estaba fuera de agenda. Todo por la pasta.

Foto: El 'president', Pere Aragonés. (EFE)

Hay consenso en que el plan de Aena era serio y tenía sentido desde el punto de vista empresarial y de infraestructuras con el objeto de crear un gran ‘hub’ internacional en Barcelona. Seguramente, incluso valía la pena acudir a Europa por si, ‘mutatis mutandi’, se conseguía la excepción. A la hora de la verdad, sin embargo, era un imposible y así lo entendieron muchos de los protagonistas que participaron en las negociaciones. ¿Alguien ha escuchado a la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, pronunciarse sobre el tema? Pues eso. El silencio ha resultado ensordecedor.

Como señalaba Marcos Lamelas, hay un expediente informativo de la Comisión Europea, abierto en 2013, sobre la degradación de los hábitats naturales a causa de la construcción de la tercera pista de El Prat. Aun así, Fomento se apuntó al plan de Aena y arrastró consigo a la Generalitat, quien también se subió al carro sin esperar a contrastar los informes.

Aragonès: "Estamos ante una maniobra de presión del Gobierno y Aena"

A Pere Aragonès, de ERC, el Ejecutivo central le ha marcado un gol por la escuadra. Le ha señalado como el responsable de que la ampliación de El Prat quede en agua de borrajas cuando dicho proyecto no tenía visos de recibir el ‘nihil obstat’ de Bruselas. El 'president' se lo puso en bandeja al Gobierno después de tuitear en contra del plan de Aena, el mismo que habían firmado unas semanas antes. A enemigo que huye, puente de plata, han debido de pensar en Moncloa.

O le han tomado el pelo o se lo ha dejado tomar. Sea como fuera, este jueves, el 'president' acusaba a Sánchez de hacer “chantaje” a Cataluña y eludir “el diálogo y el consenso”, denunciando “la complejidad” de una obra como la del aeropuerto, que no tiene en cuenta la afectación sobre un espacio natural. “No tenemos confianza en el Estado”, añadió.

Más allá de la pataleta, la imagen del 'president' ha quedado seriamente dañada. Primero, por firmar un acuerdo en el que no creía; segundo, por caer en la trampa que le han tendido desde Madrid, y tercero, por no haber planteado vías alternativas. La impresión final es que Aragonès se ha dejado seducir por la secta del ‘decrecimiento’, es decir, por los que apostatan del progreso, como si viviéramos en las cavernas. Con estos mimbres, es imposible que Barcelona levante cabeza.

Autodestrucción. La burguesía catalana había depositado su confianza en la ampliación del aeropuerto de El Prat para sacudirse la caspa independentista y ahuyentar el provincianismo al que se abisma Barcelona tras la égida de Ada Colau, que ha perdido el ritmo económico frente a otras ciudades que empujan por detrás, como la Málaga de Francisco de la Torre. Podría haber sido un punto de inflexión para la remontada, pero no. Se han quedado sin 1.700 millones de euros de inversión. No habrá ampliación de la tercera pista. Autodestrucción.

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