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De El Assir a Garamendi: los (pocos) amigos que le quedan a don Juan Carlos
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Nacho Cardero

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De El Assir a Garamendi: los (pocos) amigos que le quedan a don Juan Carlos

La mayoría le ha dado la espalda, no solo porque desconociera la turbia trazabilidad de su patrimonio o cuestionase su conducta moral, sino porque ya no era útil para el 'business'

Foto: El rey Juan Carlos, en su última aparición en un partido de Nadal. (Reuters)
El rey Juan Carlos, en su última aparición en un partido de Nadal. (Reuters)
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Un viejo conocido de la beautiful patria, Abdul Rahman El Assir, ha sido visto en Abu Dabi acompañando a Juan Carlos I. No se trata de un amigo inocente. El Assir es un caballero de fortuna hispano-libanés que se ha hecho de oro gracias al comercio de armas y que formaba parte de esa claque real, hoy en vías de extinción, que organizaba fiestas a todo trapo en su honor y se apostaba en las monterías junto al Rey para ganar en estatus, en influencia o por lo que pudiera caer. Sobre el polémico personaje pesa una orden de busca y captura internacional por defraudar 14,7 millones de Hacienda.

Los empresarios que todavía se postran de hinojos ante don Juan Carlos pueden contarse con los dedos de la mano. La mayoría le ha dado la espalda no solo porque desconociera la turbia trazabilidad de su patrimonio o cuestionase su conducta moral sino porque, básicamente, ya no le era útil para el ‘business’. La mejor muestra de ello es la negativa de nombres tales como los Albertos, Juan Abelló, Borja Prado, Rafael del Pino o José Manuel Entrecanales, entre otros, a participar en la colecta para pagar los 4,4 millones de su regularización fiscal.

Los empresarios que todavía se postran de hinojos ante don Juan Carlos pueden contarse con los dedos de la mano

No todos apostatan de la amistad de don Juan Carlos ahora que vienen mal dadas. Representantes no menores del mundo empresarial, como es el caso del patrón de patrones, Antonio Garamendi, de actualidad por su exitosa negociación con los sindicatos, mantienen intacta su relación con el Monarca. En todos los momentos, incluso en los más difíciles, Garamendi ha defendido su amistad con el Rey y su papel en la Transición, al igual que las infantas, un puñado de periodistas de renombre y algún que otro referente del mundo económico que han viajado recientemente a Abu Dabi.

Quienes han procesionado en estas fechas navideñas hasta Abu Dabi, igual que otros hacen al portal de Belén, confiesan que “físicamente se encuentra bien, aunque de ánimo está regular. Se siente más solo que nunca”, apenas acompañado por un entorno reducido y sus escoltas y “se lamenta de que no haya cola para visitarlo después de todo lo que ha hecho por España”.

El que no ha dudado en ir a verle es El Assir, celebérrimo comerciante de armas, tal y como ha desvelado ‘El País’. Al margen de lo cuestionable de rodearse de personajes de este perfil en un momento tan sensible como el actual, su mera presencia bien merece dos preguntas: ¿Cómo es posible que un señor para el que la Fiscalía española solicita ocho años de prisión, reclamado por la Justicia francesa por participar en un escándalo de venta de armas en Pakistán y con orden de busca y captura internacional pueda entrar tan campante en Emiratos Árabes, burlando las medidas de seguridad (si es que las ha burlado)? Y dos, ¿por qué esta noticia surge justo ahora?

Foto: Fotografía de archivo de Juan Carlos I. (Reuters/Mariana Bazo)

A la segunda de las preguntas venía a responder María Eugenia Yagüe en LOC este domingo cuando dejaba caer que hay una mano negra que trata de evitar el regreso del Rey a España y que, cada vez que se especula con su vuelta, “surge una noticia judicial, económica o personal”, como es la de El Assir, que la enturbia.

“Don Juan Carlos está deseando volver, pero le están frenando”, dicen quienes le han tratado en los últimos días. “Al hijo es al que menos le conviene su regreso. Tampoco Pedro Sánchez es ajeno a lo que le está ocurriendo”, en el sentido de que, mientras se hable de la Monarquía y sus vicisitudes, no se habla de otras cosas que afectan al Gobierno. Tal y como escribió José Antonio Zarzalejos, al padre del Rey le molestó que el presidente del Ejecutivo le exigiera “explicaciones” sin haber esperado al decreto de archivo, así como también censura el papel de la fiscal general del estado, Dolores Delgado, procrastinando una decisión, la del archivo, prevista para noviembre.

Después de una infinidad de mensajes contradictorios, en los que daba igual arre que so, parece ser que, este mes de enero (nadie se atreve a poner la mano en el fuego por la fecha a estas alturas), la Fiscalía procederá a finiquitar las tres investigaciones que se siguen contra don Juan Carlos en el Supremo.

Habría que propiciar su exilio porque eso sería lo mejor para Felipe VI… Y lo mejor para Felipe VI es lo mejor para España. ¿O no?

El pasado 16 de diciembre, llegaba la última de las comisiones rogatorias pendientes, la que se centraba en los años 2015 y 2016. El informe fue remitido veinticuatro horas después a la AEAT para que pudiera cotejarlo con los datos de las regularizaciones. Todo ello debería servir de excusa para, amparado por la inviolabilidad, la prescripción, las regularizaciones fiscales voluntarias y la falta de pruebas, cerrar, al menos temporalmente, el vodevil del patrimonio real y facilitar su regreso. Noticias como la de El Assir, sin embargo, complican estéticamente los planes de Juan Carlos I.

En la mágnifica novela gráfica ‘Primavera para Madrid’ de Magius (Diego Corbalán), Premio Nacional del Cómic (que dicha obra haya merecido semejante galardón debería hacer reflexionar a más de uno, empezando por los inquilinos de la Zarzuela), se dibujaba a una Monarquía que forma parte de un plan salido del magín del empresariado de este país para afianzar el establishment y sus privilegios, un plan que constaría de dos partes: primero, lanzar a un rey carismático que se gane el favor de la opinión pública, y luego, con la institución afianzada, relevarlo por su hijo de perfil más técnico.

Una vez ejecutada la sucesión con éxito, habría que propiciar el exilio del Rey padre porque eso sería lo mejor para Felipe VI, en medio del sándwich que le hace el centro derecha vindicando la figura de Juan Carlos I y el centro izquierda, cuestionando su legado… y lo mejor para Felipe VI es lo mejor para España. ¿O no?

Un viejo conocido de la beautiful patria, Abdul Rahman El Assir, ha sido visto en Abu Dabi acompañando a Juan Carlos I. No se trata de un amigo inocente. El Assir es un caballero de fortuna hispano-libanés que se ha hecho de oro gracias al comercio de armas y que formaba parte de esa claque real, hoy en vías de extinción, que organizaba fiestas a todo trapo en su honor y se apostaba en las monterías junto al Rey para ganar en estatus, en influencia o por lo que pudiera caer. Sobre el polémico personaje pesa una orden de busca y captura internacional por defraudar 14,7 millones de Hacienda.

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