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Las sanciones de la vergüenza: ¿para cuándo la expulsión de los embajadores rusos?
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Nacho Cardero

Caza Mayor

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Las sanciones de la vergüenza: ¿para cuándo la expulsión de los embajadores rusos?

Si Rusia se puede permitir una ristra de muertos dentro de su Ejército por la invasión de Ucrania, qué menos que sacrificar una parte de nuestro estado de bienestar para defender la libertad

Foto: Un niño se columpia entre los escombros de Kiev. (Reuters/Umit Bektas)
Un niño se columpia entre los escombros de Kiev. (Reuters/Umit Bektas)
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El mundo nunca volverá a ser el mismo. "En más de cuatro décadas de reportajes, rara vez me he atrevido a usar esa frase. Lo hago ahora, con la invasión de Ucrania por Vladímir Putin. Nuestro mundo no volverá a ser el mismo porque esta guerra no tiene precedente histórico", escribía el columnista de ‘The New York Times’ y tres veces ganador del premio Pulitzer, Thomas Friedman. Este domingo, en una reunión televisada, Putin ordenaba que se pusieran en alerta las fuerzas de disuasión nuclear. El movimiento, más que una profecía apocalíptica, fue interpretado como una señal de debilidad del mandatario ruso. "El inicio de una guerra es como abrir la puerta de una habitación oscura. Uno nunca sabe lo que está escondido en la oscuridad". Esto otro lo dijo Adolf Hitler.

Hoy lunes, es posible que caigan las bolsas mundiales y está bien que así sea. La decisión de EEUU, la Unión Europea, Canadá y Reino Unido de paralizar los activos del Banco de Rusia, sumada a la desconexión de varios bancos rusos del Swift, más la amenaza nuclear y las represalias económicas con las que viene avisando Putin, con el suministro del gas como gran espada de Damocles, auguran una semana convulsa en los mercados financieros. Si Rusia se puede permitir una ristra de muertos dentro de su Ejército por la invasión de Ucrania, qué menos que sacrificar una parte de nuestro estado de bienestar económico para defender la libertad. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ya ha tenido que salir a la palestra y asegurar que está dispuesta a tomar las medidas que sean necesarias para garantizar la estabilidad de la eurozona. La inflación continuará disparada y volverán los problemas con los suministros. Tendrá que ser así.

Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, (EFE/J. Geron)

Porque de eso va esta guerra: de Europa y la libertad. Lo de estos días es como la caída del muro, pero al revés, esto es, regresar a las fronteras anteriores a 1989. Más allá del hecho de trascender en la historia, Putin pretende reescribir unilateralmente las reglas internacionales vigentes desde la Segunda Guerra Mundial y deshacer el equilibrio de poder establecido desde el final de la Guerra Fría, que nunca ha sido de su gusto. Todo ello dentro de un ambiente propicio, con el populismo campando a sus anchas, una Gran Crisis, la de 2008, de la que todavía no nos hemos recuperado y una pandemia que ha limitado nuestras libertades y golpeado con fuerza el Estado de derecho. Como advertía Ángel Villarino en el artículo "Todos los aliados de Putin", Rusia lleva años lanzando campañas de desinformación y engordando a los líderes ultra para debilitar el orden liberal y la Unión Europea, "igual que hizo en los días de furia con el secesionismo catalán", sin que Bruselas haya puesto mucho empeño en frenar la ofensiva.

"Lo único necesario para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada", dijo Edmund Burke, y en la guerra de Ucrania los líderes europeos no han hecho nada, ora por indolencia, ora por impotencia, hasta que han empezado a notar la presión social, el eco viral de las imágenes de la guerra y el aliento en la nuca de la prensa independiente. Porque con este conflicto, la UE ha vuelto a demostrar que es una Unión rota, con objetivos divergentes, donde cada nación defiende el interés particular más que el europeo y, por supuesto, mucho más que el ucraniano. Esto es visible en el caso de alemanes y franceses. Lo de España es aparte. No está en la partida. Con medio Gobierno en contra de la OTAN, no puede estarlo.

Cuando anunciaron la primera ronda de sanciones, más conocidas como las ‘sanciones de la vergüenza’ por blandas y dóciles, las bolsas subieron con fuerza hasta recuperar lo perdido los días previos. El movimiento vaticinaba que el conflicto armado se resolvería rápido y sin apenas repercusiones económicas, lo que permitiría regresar a la rutina diaria en un breve periodo de tiempo, sin una Ucrania libre, pero con los índices bursátiles en verde, es decir, lloviendo a gusto del 'establishment'. Finalmente, no parece que vaya a ser así. No lo va a ser a pesar de gente tan ilustre como Kissinger, en su día en exceso comprensivo con Putin y la anexión de Ucrania por razones históricas y religiosas, o como Pedro Baños aquí en España, coronel del que se llegó a hablar para el puesto de director de Seguridad Nacional y que en un reciente tuit comparaba los ataques de Rusia a Ucrania con los bombardeos sobre Siria y Yemen.

Ante la escalada verbal de Putin y las imágenes de los combates que llegan desde Ucrania en tiempo real, los países europeos se han visto obligados a endurecer el discurso, especialmente Alemania. Scholz ha anunciado inversiones multimillonarias en defensa y suministros de armas a Kiev, lo que ha sido calificado de histórico. Ahora bien, ¿a qué espera la UE para expulsar a los embajadores y diplomáticos rusos de sus territorios, tal y como propone el eurodiputado Esteban González Pons? La medida sería bastante más efectiva (y bastante menos hipócrita) que expulsarlos de la UEFA y Eurovisión.

Hasta el momento, la realidad nos ha mostrado a una Rusia que, pese a su clara superioridad armamentística, no termina de rematar la guerra militar, pues está "pagando un alto precio humano y estratégico por una planificación desordenada y arrogante", comenta Lawrence Freeman, profesor emérito de Estudios de Guerra en el King's College de Londres, quien vaticina una dura guerra convencional que marcará las siguientes etapas, la de la guerra urbana y la de la resistencia a una ocupación no deseada.

Si este frente es relevante, no lo es menos el de la información, inciden los analistas, donde Moscú se ha mostrado siempre como un hábil prestidigitador y donde Zelenski está ganando claramente la partida con el uso de las redes sociales. El mundo interconectado en el que vivimos, que nos permite ser testigos, en tiempo real, de cada una de las batallas y de cada una de las muertes, ha conseguido meter presión a unos gobiernos occidentales timoratos y reacios a responder en los inicios del conflicto, y ha servido, al mismo tiempo, para levantar un dique de contención frente a China, que podría haber mostrado un mayor apoyo a Rusia y no lo ha hecho. "Como esta contienda está teniendo lugar en TikTok, Facebook, YouTube y Twitter, Putin no puede aislar a su población rusa, y mucho menos al resto del mundo, de las horribles imágenes de esta guerra cuando entre en su fase urbana", escribe Friedman. Después de tanto trol y tanta desinformación, va a ser que las redes sociales bien podrían servir para apuntalar la libertad.

Parece que Estados Unidos y Europa, por fin, se han caído del caballo y se han dado cuenta de que, si dejan hacer a Putin lo que ya hizo en Georgia y Crimea, no habrá freno ni para este ni para otros líderes autoritarios. Es precisamente en el Museo Memorial del Holocausto de los Estados Unidos donde está grabado el famoso poema:

"Primero vinieron por los socialistas,

y yo no dije nada, porque yo no era socialista.

Luego vinieron por los sindicalistas,

y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos,

y yo no dije nada, porque yo no era judío.

Luego vinieron por mí,

y no quedó nadie para hablar por mí".

El mundo nunca volverá a ser el mismo. "En más de cuatro décadas de reportajes, rara vez me he atrevido a usar esa frase. Lo hago ahora, con la invasión de Ucrania por Vladímir Putin. Nuestro mundo no volverá a ser el mismo porque esta guerra no tiene precedente histórico", escribía el columnista de ‘The New York Times’ y tres veces ganador del premio Pulitzer, Thomas Friedman. Este domingo, en una reunión televisada, Putin ordenaba que se pusieran en alerta las fuerzas de disuasión nuclear. El movimiento, más que una profecía apocalíptica, fue interpretado como una señal de debilidad del mandatario ruso. "El inicio de una guerra es como abrir la puerta de una habitación oscura. Uno nunca sabe lo que está escondido en la oscuridad". Esto otro lo dijo Adolf Hitler.

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