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Bolaños cae en la 'trampa Pegasus': palo al CNI y cesión a los indepes
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Nacho Cardero

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Bolaños cae en la 'trampa Pegasus': palo al CNI y cesión a los indepes

El Ejecutivo ha caído en la celada que le han tendido los independentistas. En un momento en que les conviene volver a internacionalizar el 'procés' y desviar la atención de los contactos del Govern con la Rusia de Putin

Foto: El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños. (EFE/Toni Albir)
El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños. (EFE/Toni Albir)
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Nervios, muchos, en Moncloa por el 'espionaje Pegasus' a los líderes independentistas. El más preocupado es el propio Pedro Sánchez, por la inestabilidad que le genera el asunto. Hay riesgo de que queden en el aire varios proyectos clave para esta segunda parte de legislatura. Entre ellos, la convalidación del decreto-ley de medidas urgentes de respuesta a la crisis. Los nervios de Sánchez alcanzan a su jefe de gabinete, Óscar López, y al ministro de Presidencia, Félix Bolaños, que este domingo se reunía con su homóloga catalana, Laura Vilagrà, para abordar la crisis institucional entre el Gobierno central y el catalán.

Al final de dicho encuentro, Bolaños se postró de hinojos ante las pretensiones del Govern y cedió a sus exigencias. Entre ellas, una investigación interna en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) para esclarecer el caso. A la hora de elegir entre Aragonès y el servicio de Inteligencia español, el Ejecutivo ha optado por lo que más le convenía.

Tratar de sacudirse el escándalo, señalando al CNI y a su directora, Paz Esteban, como responsables del espionaje, y dar a entender que el Ejecutivo desconocía el mismo, como ha pretendido Moncloa desde el primer momento, resulta tan burdo como desleal. Es a todas luces imposible que no hubiera sido informado de caso tan sensible.

Foto: El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, y su homóloga catalana, Laura Vilagrà, en la reunión de hoy. (EFE/Toni Albir)

Lo mismo ocurre con aquellos que ponen pie en pared por que las actuaciones del CNI sean secretas o haya pinchazos de comunicaciones. Rezongar con esos argumentos es como quejarse del mal de altura en la cima del Everest. ¿A qué diablos creen que se dedican los servicios de Inteligencia?

La respuesta a esta polémica es mucho más simple y tiene que ver con que Sánchez llegó al poder gracias a socios poco fiables como ERC y Bildu, que más que ayudar a la gobernabilidad de España, pretenden destruirla. Si estas formaciones eran una amenaza para la seguridad nacional, no se podía pactar con ellas; si eran fuerzas políticas legítimas —como se podría colegir del hecho de que vayan de la mano en el Congreso, los hayan indultado y se haya conformado una mesa de diálogo bilateral—, no se las podía espiar.

Ocurre lo mismo con la comisión del Congreso llamada de secretos oficiales. Resultaba incomprensible que el Gobierno se amparase en la poca fiabilidad de determinados grupos para no convocar la comisión, cuando, en puridad, estaban pactando con ellos presupuestos y leyes. Esta es la contradicción que acarrea Sánchez a sus espaldas y le pasa factura. De aquellos polvos, vienen luego los viajes exprés a Barcelona para calmar a los independentistas.

El 'president' de la Generalitat, como la mayoría de los implicados, sabía del espionaje Pegasus desde mucho tiempo atrás

Bolaños ha dicho ahora que reactivará lo antes posible la comisión de secretos oficiales y ha mostrado su predisposición a desclasificar información secreta para que la Justicia pueda aclarar los hechos. Todo ello pone negro sobre blanco tres consideraciones obvias. A saber: que el Gobierno tiene la última (y única) palabra, que es el máximo responsable (no el CNI) de lo ocurrido y que solo el Consejo de Ministros puede desclasificar información secreta.

Para que los socialistas puedan salir de la encrucijada, el defensor del pueblo, Ángel Gabilondo, ha anunciado que abrirá una investigación sobre el caso de presunto espionaje. El Ministerio de Defensa ha mostrado su total satisfacción por la decisión, ya que, de esta forma, asegura, se salvan los obstáculos de secreto, transparencia y reserva de las actuaciones del CNI que establece la Ley Reguladora 11/2002.

El Ejecutivo ha caído en la celada que le han tendido los independentistas. Las declaraciones de Pere Aragonès haciéndose el sorprendido por los pinchazos no pasarían el 'casting' de una telenovela. El 'president' de la Generalitat, como la mayoría de los implicados, sabía del espionaje Pegasus desde mucho tiempo atrás.

Ha sido justo ahora, en un momento en que les conviene volver a internacionalizar el 'procés' y desviar la atención de los contactos del Govern con la Rusia de Putin, amén de hacerlo coincidir con la apertura en la Eurocámara de las comisiones de investigación por Pegasus, cuando han decidido darle aire.

Foto: El presidente de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragonès. (EFE / J.J. Guillén)

Resulta curiosa la importancia que se está otorgando al informe de CitizenLab que ha destapado las escuchas, sobre todo teniendo en cuenta que uno de los firmantes del documento es también una de las víctimas. Elías Campo trabaja para CitizenLab y fue quien promovió la investigación exclusivamente sobre activistas catalanes.

Tampoco parece verosímil que hayan sido más de 60 los dirigentes independentistas espiados, como asegura el informe. Porque las autorizaciones del juez no son genéricas sino individualizadas y porque el CNI no dispone de recursos, ni materiales ni humanos, para hacer un seguimiento intensivo a tantas personas en tan corto periodo de tiempo.

La legislación del CNI aprobada en 2002, que pretendía controlar los excesos de la época Cesid, dista de ser perfecta. Si bien hay que agradecer su espíritu garantista, en el sentido de que las actuaciones más delicadas deben ser autorizadas judicialmente por un magistrado del Supremo, también es cierto que ha servido para levantar una fortaleza inexpugnable sin parangón en otros Estados democráticos.

Lo relevante del caso, sin embargo, no es Pegasus, ni el CNI ni el espionaje. Lo relevante es comprobar cómo los independentistas tienen secuestrado un Gobierno, el de España, que lo va a tener muy difícil para escapar de la telaraña.

Nervios, muchos, en Moncloa por el 'espionaje Pegasus' a los líderes independentistas. El más preocupado es el propio Pedro Sánchez, por la inestabilidad que le genera el asunto. Hay riesgo de que queden en el aire varios proyectos clave para esta segunda parte de legislatura. Entre ellos, la convalidación del decreto-ley de medidas urgentes de respuesta a la crisis. Los nervios de Sánchez alcanzan a su jefe de gabinete, Óscar López, y al ministro de Presidencia, Félix Bolaños, que este domingo se reunía con su homóloga catalana, Laura Vilagrà, para abordar la crisis institucional entre el Gobierno central y el catalán.

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