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El BCE entra en modo pánico y choca con Sánchez por las pensiones
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Nacho Cardero

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El BCE entra en modo pánico y choca con Sánchez por las pensiones

Cuando los tipos suben y la prima de riesgo empieza a escalar posiciones, como ocurre en la actualidad, resulta bastante socorrido retrotraerse a 2010

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Reuters/Yves Herman)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Reuters/Yves Herman)
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Lo recordaba el pasado viernes Luis Garicano en 'Espejo Público', en una especie de 'flashback' que todavía hoy, a pesar de haber pasado más de una década, provoca escalofríos: "Espero que el presidente del Gobierno y la ministra de Economía se acuerden bien de 2010. Ignorar la realidad nos acerca mucho a ese año y a Zapatero, cuando dijo en el Congreso de los Diputados, blanco porque no había dormido, que no nos podíamos permitir nuestro modo de vida, que estábamos obligados a acometer medidas duras, a bajarlo prácticamente todo".

Cuando los tipos suben y la prima de riesgo empieza a escalar posiciones, como ocurre en la actualidad, resulta bastante socorrido retrotraerse a 2010. Aquel año, el Gobierno se vio obligado a acometer los recortes más duros de la democracia reciente y adelantar elecciones.

Foto: La sede del BCE en Frankfurt, Alemania. (Getty/Thomas Lohnes)

La situación, sin embargo, dista de parecerse a la de entonces. Básicamente, porque llegamos mejor preparados, especialmente en lo que al sistema financiero se refiere, y porque Zapatero no es Sánchez. Quienes conocen bien a este último saben que no va a salir de Moncloa ni con agua hirviendo, por mucho que traten de colocarlo prematuramente en Bruselas o Nueva York.

Tras los comicios del 19-J, la pregunta recurrente que se hace el 'tout' Madrid es si los resultados andaluces son coyunturales, producto de un caso concreto o si obedecen a un vuelco electoral estructural, más permanente, que tendrá su reflejo en las elecciones municipales y autonómicas de 2023 y en las generales.

Los últimos sondeos parecen alimentar esta hipótesis, ya que el PP de Feijóo saca al PSOE casi 40 diputados de diferencia, una tendencia que, a ojos de buen cubero, resulta difícil de revertir. Pero un año y medio en política dan para 10 sagas de 'Harry Potter', y Sánchez es Sánchez y hasta el rabo todo es toro. Por mucha ventaja que le vayan sacando los populares, el actual inquilino de la Moncloa se ha mostrado como un consumado prestidigitador capaz de doblar la cerviz a la más complicada de las adversidades, remontar el peor de los sondeos y hacer tragar las palabras a su cada vez más numeroso clan de agoreros. El presidente tiene más vidas que un gato persa.

Foto: La vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz. (EFE/Rafa Alcaide)

Lo que sí es verdad es que, en esta ocasión, el panorama económico, al que había fiado buena parte de su estrategia para mantenerse en el poder, no acompaña. Ni siquiera con la aprobación del paquete de medidas anunciado este sábado, orientado a "proteger a las familias más vulnerables y la clase media y trabajadora", parece que vaya a amainar el temporal. El destino económico de Europa y, por ende, de España está grabado en piedra. 'Winter is coming'. La inflación no va a aflojar por mucho parche que se apruebe.

La prueba del nueve de la supervivencia del Ejecutivo la tendremos, por un lado, en la negociación de unos presupuestos, los de 2023, cuya aprobación se muestra indispensable en la presente coyuntura, y por otro, en la segunda parte de la reforma de pensiones, que hemos prometido a la UE que tendremos para finales de año y que a día de hoy resulta un arcano. El futuro de Sánchez dependerá en buena medida de estos dos hitos económicos.

La primera parte de la reforma de las pensiones era la sencilla, la que se centraba en recuperar la indexación al IPC, que hizo que todos se rompieran las manos al aplaudir de entusiasmo y que ahora, en este escenario de subida de precios, va a provocar un agujero de inimaginables dimensiones. La segunda, en cambio, es la que interesa a Bruselas, la que busca la sostenibilidad del sistema, y nadie sabe a ciencia cierta cómo se va a articular. El típico truco socialista: primero se indexa al IPC y luego vemos de dónde sacamos el dinero.

Foto: Rueda de prensa de Pedro Sánchez tras el Consejo de Ministros. (EFE/ Kiko Huesca)

Sánchez, Calviño 'et alii' confiaban en la flexibilidad de Bruselas, en su sentimiento de culpa tras la Gran Recesión de 2008 y en la excusa de dos acontecimientos extraordinarios, como han sido la pandemia y la invasión de Ucrania, para arramplar con los fondos Next Generation y colarle una reforma de las pensiones que lejos de solventar el problema no suponía sino una patada hacia delante. Finalmente, no parece que vaya a ser así.

El panorama ha cambiado en apenas dos semanas. La Comisión ha entrado en modo pánico. La crisis energética está lejos de amainar, la inflación se dispara, los analistas escuchan ecos de recesión, el Banco Central Europeo deja de hacer compras netas de deuda, comienza un ciclo de subida de tipos de interés y los fondos especulativos asoman en lontananza.

Hay tales nubarrones que algunos quieren ver una nueva crisis del euro derivada de la fragmentación del mercado. De repente, se escrutan los distintos países miembros y caen en la cuenta de que las pensiones españolas tienen más agujeros que un queso gruyer.

Foto: Nadia Calviño, ministra de asuntos económicos.

El asunto se ha puesto tan feo que Christine Lagarde se ha visto obligada a anunciar un plan antifragmentación para evitar que las primas se desboquen. Lo tendrá listo para el próximo mes. El anterior plan del BCE, el de Draghi, 'whatever it takes', requirió de un rescate y vino acompañado de contrapartidas. Por muy laxa que quiera ser, Lagarde también impondrá algún tipo de condicionalidad. La primera serán las pensiones, que nadie lo dude.

En el Gobierno le están viendo las orejas al lobo. El ministro Escrivá está cada vez más nervioso y menos contenido en sus declaraciones. La semana pasada, acusó duramente a Aznar cuando este último dijo, con razón, que ve imposible e inviable ligar las subidas del IPC a salarios y pensiones, y que España se encamina a un escenario económico catastrófico.

¿Continuará el Ejecutivo de Sánchez con su plan inicial o se plegará a las exigencias del BCE cuando le pida contrapartidas a cambio de frenar la prima de riesgo? Mi apuesta es que habrá patada a seguir. Entre que si son galgos o podencos, llegaremos a la campaña de las generales sin una solución. La decisión final, como es habitual, que la tome otro.

Lo recordaba el pasado viernes Luis Garicano en 'Espejo Público', en una especie de 'flashback' que todavía hoy, a pesar de haber pasado más de una década, provoca escalofríos: "Espero que el presidente del Gobierno y la ministra de Economía se acuerden bien de 2010. Ignorar la realidad nos acerca mucho a ese año y a Zapatero, cuando dijo en el Congreso de los Diputados, blanco porque no había dormido, que no nos podíamos permitir nuestro modo de vida, que estábamos obligados a acometer medidas duras, a bajarlo prácticamente todo".

Banco Central Europeo (BCE) Prima de riesgo Pedro Sánchez