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España no tiene un problema con sus jóvenes. Más bien es al revés
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Nacho Cardero

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España no tiene un problema con sus jóvenes. Más bien es al revés

Una sociedad en la que los mayores son más felices que los jóvenes es básicamente disfuncional y, muy probablemente, se encuentre próxima a su decadencia

Foto: Un grupo de alumnos pega un último repaso antes de la EBAU. (EFE)
Un grupo de alumnos pega un último repaso antes de la EBAU. (EFE)
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El discurso público está cuajado de referencias a la juventud, acaso los cimientos sobre los que construiremos nuestro futuro. Es la etapa más creativa del ser humano, donde germinan las mayores innovaciones y las mejores obras artísticas.

La realidad, en cambio, está a años luz de estas palabras. Ora, porque no suponen suficientes votos en unas elecciones en comparación con otros segmentos de la población, ora, por haber apostatado de la cultura del mérito, las nuevas generaciones apenas reciben la atención de los gobernantes. Ni una mala palabra ni una buena acción.

Foto: Imagen: L. M.
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Un manto oscuro se cierne sobre un país donde la renta media de los jubilados crece más que la de sus jóvenes. Según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, los ingresos anuales de media de las personas de 65 o más años después de impuestos han crecido desde el año 2008 un 48,6%. La renta de los jóvenes de 16 a 29 años, sin embargo, solo se ha incrementado un 24,2%, es decir, justo la mitad.

Resulta manido decir que las nuevas generaciones vivirán peor que sus padres. No suele ser cierto. Pero la verdad es que, cada año que pasa, tenemos la sensación de estar más cerca de otra generación perdida. Cuando quien vive de las rentas (no solo públicas) sale mejor parado que quien hace posible con su trabajo la rentabilidad de los negocios y el pago de las pensiones, es que algo no carbura bien en nuestro país.

Foto: Foto: Europa Press/Gustavo Valiente.

Las pensiones en España son un esquema Ponzi tamaño XXL. Con los guarismos anteriores, pareciera que el titular de la Seguridad Social se llamara Bernie Madoff, el financiero que orquestó el mayor esquema piramidal de la historia.

Madoff tenía un fondo que usaba el dinero que recibía por nuevas inversiones para pagarles a sus clientes anteriores (nuestras pensiones). Garantizaba un 15% anual (revalorización conforme al IPC, sea cual fuere este). La estafa supuso unas pérdidas de capital de casi 65.000 millones de dólares (la Seguridad Social va camino de sufrir el primer aumento del déficit desde el año 2016). Lo condenaron a 150 años de prisión (aquí, contrariamente, el trampantojo se premia con votos y cargos en el poder).

Nos estamos comiendo nuestro futuro. Lo dice también el BdE. Hace 20 años, la riqueza de los mayores de 75 años era similar a la de los menores de 35 años. Se situaba entre los 100.000 y 150.000 euros. Ahora, la riqueza acumulada por los mayores de 75 multiplica por seis la de los menores de 35. Ha crecido un 145%; la de los jóvenes se ha desplomado un 37%. El gran agujero de la desigualdad generacional. Datos. Verdades como puños.

Foto: Una familia pasea por la Ciudadela de Pamplona. (EFE/Jesús Diges)

No sé si España es un país para viejos. De lo que estoy convencido es de que no lo es para los jóvenes. La ocurrencia del ministro Urtasun de lanzar la segunda edición del 'Programa Cine Senior', una medida que ha generado cierta polémica por dejar de lado a nuestros adolescentes y permitir que los mayores de 65 años puedan acudir al cine pagando una entrada genérica de dos euros, no deja de resultar anecdótica. Lo relevante es el trasfondo.

Nadie se ocupa ni preocupa de nuestra juventud. Ni este Ejecutivo, que presume de socialdemócrata y de capitalismo más humano, ni los anteriores. Cuando se trata de poner en el fiel de la balanza a mayores y jóvenes, los gobiernos se inclinan por los primeros. En esta disyuntiva todos los partidos, sin distinción, son igual de conservadores.

Solemos señalar con el índice a nuestros jóvenes, hacerles responsables de esta situación por su indolencia y pusilanimidad cuando, en puridad, somos nosotros los que deberíamos ponernos frente al espejo de Dorian Gray. El problema radica en que los analizamos a través de nuestras propias dinámicas, que son erróneas, pues han quedado obsoletas. Son las propias de una sociedad gerontocrática que se preocupa más del 'cine adulto' que de que nuestros hijos tengan educación, recursos y, sobre todo, la confianza que necesitan.

Foto: Jóvenes, en una terraza de Madrid. (EFE/Mariscal) Opinión
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Es una generación que está harta, que protesta hacia dentro, que está a punto de reventar. ¿Para qué estudiar tanto si después voy a tener un trabajo precario que no me va a permitir comprarme una vivienda o independizarme de mis padres? ¿Para qué trabajar cuarenta o cincuenta horas semanales si luego vienen elementos exógenos, como una pandemia, que lo ponen todo patas arriba, incluida nuestra salud mental?

En el ranking de la felicidad 2024, auspiciado por la ONU a través de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible, España se sitúa ya en el puesto 36, después de descender cuatro posiciones respecto a 2023. En los últimos años no ha parado de bajar.

El informe de la ONU hace hincapié en que la felicidad en el grupo de 15 a 24 años ha caído notablemente en América del Norte y en los países de Europa Occidental, hasta el punto de que los jóvenes son "menos felices que los viejos".

Foto: Foto: EFE/Rodrigo Jiménez.

"El transcurso del tiempo está muy ligado a ese declive de la creatividad que sufrimos los que hemos pasado la barrera de los 60", escribía Pedro García Cuartango en una de sus columnas en ABC. "Por muy bien que nos encontremos físicamente, hay una especie de incapacidad de ver con ojos nuevos una realidad siempre cambiante. Nos hemos quedado anclados en el pasado".

Por este mismo argumento, y también por pura lógica, una sociedad en la que los mayores son más felices que los jóvenes, como indica el ranking, es, básicamente, disfuncional y, muy probablemente, se encuentra próxima a su decadencia. No es que España tenga un problema con sus jóvenes. Más bien es al revés: los jóvenes lo tienen con España.

El discurso público está cuajado de referencias a la juventud, acaso los cimientos sobre los que construiremos nuestro futuro. Es la etapa más creativa del ser humano, donde germinan las mayores innovaciones y las mejores obras artísticas.

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