De las muchas conclusiones que se pueden extraer del comité federal del PSOE hay dos que resultan indubitables: primera, Pedro Sánchez no tiene precio como headhunter; segunda, las tragaderas de los socialistas para deglutir las noticias sobre abusos y comportamientos machistas de la cúpula del partido son dignas del libro de los récords.
Pocas horas después de que Sánchez mandara a uno de sus súbditos más leales, Paco Salazar, a limpiar Ferraz de corrupción y misoginia, este se veía obligado a dejar sus cargos en el Ejecutivo y en el PSOE por culpa de una información sobre un posible caso de acoso sexual a una trabajadora de la Moncloa.
Cerdán duerme en el catre de Soto del Real, Salazar sale por la puerta de atrás, Ábalos se ofrece a cantar la Traviata para evitar la cárcel y Koldo baraja los pendrive con la misma soltura que Villarejo las agendas. La guardia de corps de Sánchez cae como fichas de dominó y los que no están imputados o a punto de serlo, ya fueron laminados por el propio presidente. Que pregunten a Carmen Calvo o Iván Redondo. De los protagonistas de Manual de resistencia ya no quedan ni las raspas.
Lo mollar, sin embargo, no son los personajes secundarios. Quien tiene todo el poder tiene también toda la responsabilidad. Y ese es el presidente del Gobierno. Porque si hablamos de todo el poder, pero de ninguna responsabilidad, entonces hablamos de otra cosa y tenemos que pasar del Manual de resistencia a otro manual, el del dictador, que no está escrito por Pedro Sánchez, sino por Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith, que concluye que los líderes priorizan su propio poder frente al interés general y que la línea que separa a los demócratas de los autócratas resulta más que difusa. Cruzas la calle casi sin darte cuenta y ya estás en el lado malo de la historia.
El comité federal no fue una buena idea. Y no solo por el caso Salazar, que lo dinamitó antes incluso de que abrieran las puertas de Ferraz, sino por la propia concepción del mismo. No puedes reducir a la nada este órgano durante 10 años y luego tratar de resucitarlo cuando ves que no te llega la camisa al cuello. Mutó de comité de dirección a otro de aclamación por imperativo sanchista y ya no vale ni para eso. Sólo sirve para agudizar la sensación de que Sánchez está condenando no sólo a su partido, sino a la izquierda en España, a una travesía en el desierto.
Se le acabaron las ideas. El discurso, pura planicie. Las medidas, igual. Concretamente, 13 medidas para "prevenir, combatir y castigar la corrupción que pudiese celebrarse o darse" en el partido. Promete crear un buzón anónimo —con suerte, sin lector de cookies—, revisar los protocolos internos, aplicar "tolerancia cero", abrir un observatorio y firmar un código ético que, por lo que parece, no debe ser el vigente.
Si quería levantar los ánimos de su tropa, consiguió lo contrario. Lo único meridianamente resaltable fue la recuperación, en pleno naufragio, de Antonio Hernando como vocal de la nueva Ejecutiva, personaje que, a mi entender, ejercerá de secretario de organización en la sombra. El más listo de la 'pandi' original. Los guapos: Pedro Sánchez, Óscar López y el citado Hernando. Los mecánicos del Peugeot.
Dicen que la estrella le ha abandonado al presidente, que solo hace falta contemplar su aspecto demacrado de este fin de semana y los titulares de los otrora medios amigos para darse cuenta. Hablan del karma, que regresa para tomarse venganza.
Los seres humanos tendemos a recurrir a fenómenos sobrenaturales como el karma o el castigo divino para entender cadenas de acontecimientos que pueden explicarse a partir del principio de causalidad. Es imposible que esta película alcance un final feliz cuando el protagonista comienza en un Peugeot acompañado de personas como Cerdán, Ábalos o Koldo. No es la mejor imagen para una comedia romántica.
Todo lo que está ocurriendo responde a una lógica ante la que no deberíamos asombrarnos. Las probabilidades de aparición de un presunto depredador sexual en el corazón del Gobierno son mucho mayores cuando en el corazón del partido estaban hombres que intercambiaban prostitutas y hablaban de las mujeres como ganado.
El escándalo Salazar puede sorprendernos porque ha saltado en el momento más dañino para el presidente y, además, es una señal de fuego amigo, pero encaja con el contexto de toxicidad que comenzó a instalarse hace ya más de una década. La imposibilidad de encapsular la crisis de corrupción masiva, como pretende Moncloa, está relacionada con esta casuística.
El aire de impunidad es generalizado. Cuando el jefe recurre al manual de resistencia para no asumir el principio de responsabilidad, quienes le rodean hacen lo propio. Si el líder le entrega a Puigdemont la ley de Amnistía, es comprensible que su número dos quiera alquilarles el abogado a los independentistas. Si Sánchez pone una urna de cartón en un Comité Federal como hizo en 2016, nadie les impide hacer lo mismo en las primarias andaluzas. Si se pueden montar unas cloacas en Ferraz, puede haber una Ley Bolaños y descabezar a la UCO. La cadena de consecuencias es la que es. Están emergiendo las primeras. Habrá más. Esto no es sino el principio de lo peor.
No, no es el karma y tampoco ningún dios del antiguo testamento. Lo que antes se hizo sin ética viene ahora descontrolado, como un tsunami de corrupción y malas formas. Los capítulos finales ya estaban escritos y debidamente encauzados por la lógica elemental de los comportamientos humanos. Solo era cuestión de tiempo.
Sánchez ha perdido la iniciativa porque es incapaz de anticipar cuándo y dónde puede emerger la toxicidad por culpa de su concepción del poder y el ejercicio de la política. Se cumple una vez más esa norma de que, cuando te falla lo principal, te falla también en cadena todo lo secundario. Las ucis tienen un olor especial, como a lejía y suero, que ayuda a ocultar la enfermedad. Este partido huele a UCI. Sánchez ya no tiene ninguna posibilidad de ayudar a su país. Pero, eso sí, aún puede hacerle mucho daño.
De las muchas conclusiones que se pueden extraer del comité federal del PSOE hay dos que resultan indubitables: primera, Pedro Sánchez no tiene precio como headhunter; segunda, las tragaderas de los socialistas para deglutir las noticias sobre abusos y comportamientos machistas de la cúpula del partido son dignas del libro de los récords.