Caza Mayor
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Del sorpaso al sopapo: lo que esconde el triunfalismo económico del Gobierno
La realidad económica de España no se mide en titulares del CIS ni en titulares del BOE. Se mide en renta, productividad, competitividad y ahorro. Y ahí, no hay sorpaso que valga
El presidente del Gobierno, un experto en vender Rolex donde solo hay quincalla, se ufanó en el Congreso del sorpaso de España a Japón en lo que a PIB per cápita se refiere. A falta de hitos en cuanto a transparencia e higiene democrática, Sánchez sacó su Nintendo y se puso a disparar desde la economía, el único campo que, a día de hoy, parece acompañarle y le mantiene por encima de los 100 escaños en las encuestas.
"Dijimos que crearíamos empleo y hoy tenemos el mayor número de afiliados y afiliadas a la Seguridad Social de la historia. Dijimos que generaríamos riqueza y hoy somos una de las economías que más crece en Europa y acabamos de superar en PIB per cápita, nada más y nada menos que a una gran economía como la japonesa".
Nadie puede negar tal afirmación. España ha superado a Japón. Es cierto. También lo han hecho Eslovenia, Puerto Rico y Bahamas, tres grandes potencias mundiales, como bien es sabido. Y no porque seamos más listos e innovadores que el país del sol naciente, sino por factores externos tales como la depreciación del yen.
En puridad, en términos reales —que no nominales— y de poder adquisitivo, España ha retrocedido año a año. Entre 2018 y 2023, la renta per cápita relativa de España frente a la UE cayó del 92,5% al 89,2%. Si el Ejecutivo socialista puede sacar pecho de los datos del PIB, es porque nuestra economía está dopada. Lo está por el crecimiento demográfico, por la fortaleza del turismo y por los fondos europeos.
Esta circunstancia la obvia el presidente, al igual que su oráculo económico, Manuel de la Rocha, quien, además de alumno aventajado de Mariana Mazzucato, es el secretario General del Departamento de Asuntos Económicos y G20 en Gabinete de la Presidencia del Gobierno de España, es decir, una persona que manda mucho.
La verdadera cara de la economía española es otra y está muy alejada del Shangri-La que trata de vender De la Rocha. Pero ya saben: saquear las arcas del Estado y que el desaguisado se lo coma el próximo. Aquí algunos datos que nos muestran esa otra realidad de la que el Ejecutivo, ciego, mudo, sordo, no quiere saber nada.
Sangrar al empleador, deporte nacional
En una economía en la que la creación de empleo debería ser máxima preocupación, los costes laborales se han convertido en un castigo ejemplarizante. Hoy en día, contratar en España es casi un acto de militancia. Según Eurostat, los costes laborales totales —incluyendo sueldos, cotizaciones y cargas fiscales— son ya un 34% superiores a la media europea. Mientras tanto, la productividad sigue estancada. Con razón, cada vez más empresas optan por automatizar, externalizar o, directamente, cerrar.
Medio país en nómina del Estado
En la España de Sánchez y De la Rocha, el Estado ya no es árbitro, sino delantero centro. El gasto público equivale al 45% del PIB, una cifra que dice mucho de la filosofía económica actual. Somos el decimocuarto país más rico del mundo. En 2004, cuando éramos la octava potencia mundial, el peso del Estado era del 38%. Hoy, con menos industria, más subvención y una administración hipertrofiada, hemos cambiado la creación de riqueza por la redistribución del espejismo. Es una economía en manos del BOE, en la que la actividad privada solo avanza si el Gobierno la empuja o la autoriza.
El milagro fiscal progresista
La presión fiscal es un músculo que este Gobierno ha desarrollado con disciplina soviética. El tipo medio del IRPF ha subido un 15% desde 2009, mientras la renta disponible de las familias apenas se ha movido. Más impuestos, menos poder adquisitivo. Y todo ello en un contexto inflacionista en el que llenar el carro del súper cuesta un 20% más que hace dos años. La factura la paga el mismo de siempre: el contribuyente silencioso.
El timo del maná caído del cielo
De los 163.000 millones prometidos, España solo ha recibido 71.000 millones de fondos europeos. ¿Por qué? Porque no se han cumplido los objetivos. Porque no hay reformas estructurales. Porque la ejecución es un desastre. Porque los fondos se están diluyendo en campañas institucionales, propaganda y proyectos clientelares de escaso impacto. Bruselas ya lo dice sin rodeos: "España no ha alcanzado los objetivos esperados en términos de transformación estructural". Y lo que es peor: nos descuentan 1.100 millones. ¿Conclusión? Hasta los tecnócratas de Bruselas se están dando cuenta del trampantojo.
Gastar sin medida ni control
Desde que Sánchez es presidente, el déficit público acumulado de todas las administraciones públicas asciende a 400.000 millones de euros. El 94% de esa cifra, esto es, 373.000 millones, corresponde directamente a su gestión. El gasto público de la administración central se ha incrementado un 46% en este periodo. Ni siquiera el récord de recaudación (184.000 millones más al año respecto a 2019) ha servido para reducir el déficit, que sigue siendo 11.765 millones superior al que heredó. Es decir: se ingresa más que nunca, se gasta más que nunca, y se ahorra menos que nunca.
Menos empresas, menos futuro
Desde que comenzó la era Sánchez, hay 84.000 empresas menos. La mayoría, pymes, el verdadero tejido económico del país. El exceso regulatorio, el coste laboral y la incertidumbre política están expulsando a los emprendedores. El mensaje es claro: si quieres montar un negocio, que sea una asociación subvencionada o una consultora de resiliencia emocional. Montar una empresa se ha convertido en un deporte de riesgo.
Lo que se esconde tras el récord de afiliación
España sigue liderando el paro en Europa con casi un 11%, el doble de la media comunitaria. Aporta uno de cada cuatro desempleados de toda la UE. Mientras se presume de "récord de afiliación", se oculta que gran parte de ese empleo es precario, público o artificialmente troceado en contratos discontinuos. El paro juvenil sigue por encima del 27%.
El estrés de vivir en España
El absentismo laboral se ha disparado hasta niveles nunca vistos. Cada día, 1,5 millones de trabajadores no acuden a su puesto de trabajo. De ellos, más de 300.000 lo hacen sin baja médica. La cultura del esfuerzo se ha sustituido por la cultura del justificante. Especialmente entre los jóvenes, donde sorprende que dichas bajas laborales crezcan.
¿Y aún nos preguntamos por qué Sánchez se agarra al PIB nominal como un náufrago a una boya? Porque no le queda nada más. La realidad económica de España no se mide en titulares del CIS ni en titulares del BOE. Se mide en renta, productividad, competitividad y ahorro. Y ahí, no hay sorpaso que valga.
El presidente del Gobierno, un experto en vender Rolex donde solo hay quincalla, se ufanó en el Congreso del sorpaso de España a Japón en lo que a PIB per cápita se refiere. A falta de hitos en cuanto a transparencia e higiene democrática, Sánchez sacó su Nintendo y se puso a disparar desde la economía, el único campo que, a día de hoy, parece acompañarle y le mantiene por encima de los 100 escaños en las encuestas.