Sánchez, incapaz de ver el suelo que pisa, sigue pedaleando lejos del ruido, convencido de que la realidad es solo ese camino rural por el que circula escoltado. La caída ya no depende de la oposición. Depende de los suyos
Pedro Sánchez, en bicicleta en un acto en Valladolid en 2023. (EFE)
El mismo día en que el Gobierno era asaeteado por una nueva andanada de corrupción —la detención de Leire Díez, del expresidente de la SEPI Vicente Fernández y de los gerifaltes de Plus Ultra— y en que el detritus de la trama salpicaba a la vicepresidenta María Jesús Montero y al expresidente Zapatero, mientras en Moncloa faltaban manos para taponar los agujeros de un barco que hace aguas por todas partes, ese mismo día, jueves 12 de diciembre, Pedro Sánchez decidió tomarse la mañana libre. Cogió la bicicleta, al equipo de seguridad y se fue a pedalear al campo.
Pedro Sánchez y el mundo. Se puso a dar pedales como quien se coloca unos tapones en los oídos para no escuchar ni a los guardias civilesinsumisos, ni a los jueces politizados, ni a la prensa derechizada. Se ausentó del último pleno del año, un pleno en el que, por segunda vez, el Congreso rechazó los objetivos de estabilidad y deuda del Gobierno.
Mientras el Ejecutivo volvía a caer derrotado y la sensación de fin de ciclo se extendíaincluso por la bancada socialista, el presidente solo tenía oídos para los trinos que acompañaban su pedaleo. El personaje se comió a la persona hace ya tiempo.
José Luis Rodríguez Zapatero —“rescatado por Sánchez y formó con él una sociedad de recíprocas prestaciones, convirtiéndose en una referencia, turbia, eso sí, en las relaciones de España con Marruecos, Venezuela y China” (José Antonio Zarzalejos, La huella de Sánchez)— dice del presidente que su principal virtud es también su mayor defecto: la falta de empatía. Este atributo ora le permite laminar a sus hombres más fieles sin que le tiemblen las canillas, ora le incapacita para percibir lo que se está moviendo bajo sus pies.
La paz en Ucrania requiere firmeza y una acción conjunta.
Proteger a Ucrania es proteger a Europa.
Desde la Coalición de Voluntarios trabajamos unidos para reforzar las garantías de seguridad y apoyar al pueblo ucraniano. pic.twitter.com/1pjC0Ixo4r
Ese jueves regresó a Moncloa para conectarse por videoconferencia a la reunión de la Coalición de Voluntarios por Ucrania. “La paz en Ucrania requiere firmeza y acción conjunta. Proteger a Ucrania es proteger a Europa”, escribió en X. Al día siguiente, la revista italiana L’Espresso le hacía un branded content. Lo proclamaba “persona del año”. El coro de ministros predicó la buena nueva como si la atmósfera de putrefacción no fuera con ellos.
El domingo, en un mitin en Cáceres para apoyar a Miguel Ángel Gallardo, corpore insepulto, Sánchez hizo la peineta a cualquier posibilidad de adelanto electoral. “Merece la pena gobernar”, dijo. Gobernar, según él, es afrontar los problemas y dar soluciones. Lo que evitó explicar es por qué su Ejecutivo se ha convertido en el principal problema de este país.
Sánchez no es el único superviviente de la pandilla tras la caída de Cerdán, Ábalos, Koldo o Salazar. Todavía quedan fichas en pie. María Jesús Montero muestra quemaduras de cuarto grado de tanto poner las manos en el fuego por sus colaboradores, como Vicente Fernández, otro garbanzo negro que pasaba por allí.
Luego, para más inri, están los escándalos de acoso, que parecen vayan a terminar de rematar al Gobierno y al PSOE, tanto monta, monta tanto. Habrá más damnificados por el Me too socialista. Y cada vez más próximos al núcleo duro.
No es solo Ábalos y su grotesco "somos feministas y somos socialistas". No se puede ser feminista y apoyar a este PSOE que usó dinero sucio para pagar pisos y satisfacer los instintos más primarios de sus responsables. No es solo Paco Salazar, otro hombre del presidente. Son los comentarios, el ambiente, la bragueta y, sobre todo, es el encubrimiento.
Algunas denuncias se presentaron en el canal interno de Moncloa. Nadie hizo nada. Más aún: estuvieron a punto de ascenderlo como adjunto a la secretaría de organización del PSOE. Ahora se explica la laminación de Carmen Calvo. Y también la de Adriana Lastra. ¿De verdad es creíble que el presidente del Gobierno, secretario general del PSOE y residente en Moncloa no se enterara de nada de lo que allí sucedía?
No estamos ante un Gobierno que se corrompió por el camino. Estamos ante un Gobierno que venía defectuoso de fábrica y alcanzó el poder para escalar el negocio.
Santos Cerdán entró como accionista de Servinabar en 2016, epicentro empresarial de la trama. Esto es, dos años antes de la moción de censura. Vicente Fernández fue nombrado en 2018 presidente de la SEPI por el primer Gobierno de Sánchez. Dimitió en 2019 tras ser imputado por el caso Aznalcóllar y acabó fichando por Servinabar. Posteriormente, montó la triada de apaños para amiguetes con Leire Díez y Antxón Alonso.
Este PSOE, me refiero al de Sánchez, inició un proceso destituyente, letal para España, consistente en hacer de la necesidad virtud y vender el país en pedazos para mantener el chiringuito.
Cuando los jueces empezaron a instruir y aparecieron las primeras informaciones al respecto, entonces se activó la maquinaria: una fábrica de realidades paralelasdiseñada para atacar a jueces, desacreditar a los medios y ocultar la verdad, con la complicidad de una parte de la sociedad civil que compró el relato. Para ello colonizaron instituciones que deberían ser independientes. Entre otras, RTVE, el Tribunal Constitucional y la Fiscalía General del Estado, cuyo máximo responsable acaba de ser condenado.
Dos secretarios de Organización del PSOE que han pasado por la cárcel. Koldo, el amigo de Peugeot, también. Contratos públicos amañados. El presidente de la SEPI detenido. Las cloacas desmontadas. Begoña Gómez y el hermano del presidente, imputados. Las denuncias contra Salazar, ocultadas porque era uno de los suyos. Y, de postre, Zapatero, el perejil de todas las salsas. Otra de las fichas del dominó. Con él comenzó todo.
La UDEF ha señalado a un empresario español, Julio Martínez Martínez, como pieza clave en la trama de Plus Ultra, vinculado a la agencia Whathefav SL, propiedad de las hijas de Zapatero. Para los investigadores, es la clave de bóveda que conecta los intereses políticos y económicos de este Gobierno con Venezuela.
Por fin, empezamos a tener el bolígrafo que une los puntos. Por fin, entendemos el descrédito absoluto de la política exterior de Pedro Sánchez y su monje negro José Luis Rodríguez Zapatero. Los sanchistas se quedan sin argumentos.
Els que abusen i es corrompen no poden regenerar la democràcia. I, a l’estat espanyol, la corrupció és sistèmica i estructural, com tantes vegades s’ha demostrat en el PP i el PSOE (i, també, en altres àmbits).
Calen fets i compromisos ferms per democratitzar estaments, on la…
No se equivoquen. No será Yolanda Díaz quien acabe con Sánchez. Su exigencia de una “remodelación profunda” del Gobierno es una farsa. Sumar está muerto y quizá ni conserve grupo propio. ERC tampoco moverá ficha pese a las declaraciones de Junqueras: no volverán a encontrar un presidente tan rentable como el actual. Junts le tiene tirria, pero prefiere inmolarse en el altar de Aliança Catalana antes que mirar al PP. Bildu sigue subiendo y el PNV pagará caro su liaison inmutable con los socialistas.
No se equivoquen. Con Sánchez acabarán los suyos y acabará el propio Sánchez, incapaz de ver el suelo que pisa. Los próximos resultados están grabados en piedra. Gallardo, kaput. Alegría, kaput. Montero, kaput. Abrasados por la corrupción, por el machismo y por Sánchez. El gallinero interno se alborotará ante la perspectiva de un paro masivo entre los funcionarios del puño y la rosa y alguien, quizá demasiado tarde, tirará del freno de emergencia. Será eso o la desaparición del PSOE. Sánchez, está claro, prefiere lo segundo.
La legislatura no se está agotando: se está pudriendo. Y Pedro Sánchez, incapaz de ver el suelo que pisa, sigue pedaleando lejos del ruido, convencido de que la realidad es solo ese camino rural por el que circula escoltado. La cuestión es que la caída ya no depende de la oposición. Depende de los suyos.
El mismo día en que el Gobierno era asaeteado por una nueva andanada de corrupción —la detención de Leire Díez, del expresidente de la SEPI Vicente Fernández y de los gerifaltes de Plus Ultra— y en que el detritus de la trama salpicaba a la vicepresidenta María Jesús Montero y al expresidente Zapatero, mientras en Moncloa faltaban manos para taponar los agujeros de un barco que hace aguas por todas partes, ese mismo día, jueves 12 de diciembre, Pedro Sánchez decidió tomarse la mañana libre. Cogió la bicicleta, al equipo de seguridad y se fue a pedalear al campo.