Victoria de María Guardiolayderrumbe histórico del PSOE en Extremadura, una región donde los socialistas gobernaron durante décadas sin que nadie les tosiera. Entonces portaban el cetro Rodríguez Ibarra y Fernández Vara, dos dirigentes con una idea bastante clara de lo que significaba mandar y rendir cuentas. No estaba Miguel Ángel Gallardo. Tampoco estaba Pedro Sánchez.
De las once elecciones autonómicas celebradas en Extremadura desde la Transición, el PSOE había ganado diez. Siete de ellas con mayoría absoluta. En cinco ocasiones superó el 50% de los votos. El peor resultado de su historia se produjo en 2023, cuando cayó al 40%.
Este domingo, el objetivo era mucho más modesto: mantenerse por encima del 30% como mal menor. Han terminado desplomándose hasta el 26%. Esperaban quedarse a diez puntos del PP. Se han ido a más de 15. El hundimiento es total. Es como si el PSOE sacara 15 puntos al PP en Galicia. Un vuelco histórico tanto por el vapuleo de los populares como por el cambio de eje derecha-izquierda en un feudo eminentemente socialista. A ello ha contribuido también un Vox disparado, incluso con un candidato prácticamente desconocido. Los de Abascal han vuelto a sorprender a las encuestas.
En Moncloa se lavan las manos como Pilatos. A Sánchez el PSOE le importa lo mismo que a Trump el Partido Republicano: nada. Que caen Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, pues que caigan. Que hay que inmolar a ministros y barones en la pira territorial, pues se abre el bidón de gasolina y se prende la cerilla sin pestañear. El sacrificio es asumible si sirve para un solo objetivo: resistir al frente del Ejecutivo.
Todo lo que no sea una mayoría absoluta del PP y todo lo que implique dependencia de Vox le sirve al presidente para movilizar a los suyos en unas generales y hacer imposible el día después si Feijóo consigue gobernar.
La candidata del PP ha cumplido con las expectativas. Ha ganado con amplia ventaja y suma más que toda la izquierda. Con estos mimbres, queda en una posición más sólida que antes de anunciarse el adelanto electoral.
Aunque habrá dependencia de Vox, le basta con la abstención de los de Abascal. No hay química entre ambos y la relación será tensa, pero el margen de maniobra de la extrema derecha es reducido. Difícilmente puede negar esa abstención y forzar una repetición electoral sin pegarse un tiro en el pie.
En el descalabro socialista hay, además, un factor específicamente extremeño: la elección del candidato. Resultaba difícil encontrar uno peor. No hay precedentes de que se pida a los ciudadanos que voten como presidente autonómico a un dirigente que, dos meses después de las elecciones, estará sentado en el banquillo procesado por corrupción.
La explicación oficial es que el adelanto pilló al PSOE con el pie cambiado y sin tiempo para improvisar otro candidato. Pero hay una explicación más plausible y bastante más inquietante: el problema del aforamiento, que arrastra e implica al hermano de Pedro Sánchez. Gallardo intentó hacerse con él torticeramente, pero los jueces se lo impidieron al considerar que era fraude de ley. Esta vez no lo impedirán: va de cabeza de lista, será diputado y quedará automáticamente aforado, lo que permitirá dilatar la causa judicial.
Lo último que querría Sánchez es afrontar unas elecciones generales con su hermano y su mujer condenados o a punto de estarlo. Todos los movimientos que está haciendo en esos dos procesos tienen un objetivo común: ganar tiempo. Eso sí, a costa del partido. La pregunta tras el escrutinio de este domingo resulta obvia: ¿dimitirá Gallardo tras protagonizar el peor resultado socialista en un feudo histórico? ¿Dejará su escaño? No lo parece. Básicamente, porque lo judicial va por delante de la higiene interna de los partidos y porque, en puridad, el verdadero candidato del PSOE en Extremadura no se llamaba Miguel Ángel Gallardo: se llamaba David Sánchez.
Más allá de todo ello, hay otros factores que explican la victoria de Guardiola y el hundimiento del PSOE.
1.- La abstención punitiva. La participación ha caído con fuerza respecto a 2023. Influyen el calendario invernal, el mal tiempo y la ausencia de elecciones municipales, que entonces tiraban del voto. Esta mayor abstención, lejos de ser transversal, se ha focalizado en el PSOE.
2.- Fuga de votos. El PSOE ha perdido votos en todas las direcciones: hacia la abstención, hacia la extrema izquierda, hacia la derecha y hacia la extrema derecha. Cuando se rompe un vaso —y Sánchez lo ha hecho añicos— el agua se derrama por todos los lados.
3.- Los escándalos nacionales. Dos secretarios de Organización en la cárcel, el expresidente de la SEPI, las cloacas, la mujer, el hermano, los acosos sexuales. El olor a podredumbre que se respira en Ferraz también ha llegado a Extremadura, que no compra el relato del complot de la fachosfera.
4.- Una campaña desastrosa. El diseño y la ejecución de la campaña han sido impropios de un partido que aspira a gobernar. Cada día fue peor que el anterior.
El fin del granero extremeño tendrá consecuencias graves para el PSOE y para el conjunto de la izquierda española en este nuevo ciclo electoral que acaba de arrancar.
Las fichas irán cayendo una tras otra del lado de la derecha. En febrero llegará Aragón, menos simbólica que Extremadura pero igualmente significativa. Caerá del lado del PP de Azcón, que confía en gobernar con el apoyo de Aragón Existe. Castilla y León seguirá siendo del PP, como lo ha sido durante 38 años consecutivos. Si vuelve a ganar, batirá todos los récords. Allí, eso sí, la cohabitación con Vox será más complicada. El mismo problema se repetirá en Andalucía. El último barómetro sitúa al PP en torno al 40%, ligeramente por debajo de la mayoría absoluta, mientras Vox sube con fuerza.
En los cuatro territorios que celebrarán elecciones de aquí a junio, el PP ganará y gobernará. Vox crecerá de forma notable. Y el PSOE seguirá desangrándose.
El Gobierno atraviesa simultáneamente una crisis judicial, una ola de corrupción y una debacle electoral. No hay un solo indicio de que ninguna de ellas vaya a mejorar. La sensación, dentro y fuera del partido, es que en algún momento de 2026 habrá elecciones generales y que Pedro Sánchez está quemando todas las naves para resistir un poco más en el poder y, mutatis mutandis, intentar sobrevivir después de perderlo.
No lo tendrá fácil pese a la protección de su servil guardia de corps. Lo que hoy son loas, mañana serán puñales. Ya saben: a moro muerto, gran lanzada.
Victoria de María Guardiolayderrumbe histórico del PSOE en Extremadura, una región donde los socialistas gobernaron durante décadas sin que nadie les tosiera. Entonces portaban el cetro Rodríguez Ibarra y Fernández Vara, dos dirigentes con una idea bastante clara de lo que significaba mandar y rendir cuentas. No estaba Miguel Ángel Gallardo. Tampoco estaba Pedro Sánchez.