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Feijóo dobla su apuesta por González Pons: lo fija en Madrid pero le responsabiliza de Valencia
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Feijóo dobla su apuesta por González Pons: lo fija en Madrid pero le responsabiliza de Valencia

“Nos preocupamos tanto por la mística que nos olvidamos de la ética”. Con esta sugerente sentencia, el eurodiputado Esteban González Pons ventilaba de un plumazo su

Foto: Feijóo, Mazón y Catalá el pasado jueves en Valencia. (EFE/Ana Escobar)
Feijóo, Mazón y Catalá el pasado jueves en Valencia. (EFE/Ana Escobar)
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“Nos preocupamos tanto por la mística que nos olvidamos de la ética”. Con esta sugerente sentencia, el eurodiputado Esteban González Pons ventilaba de un plumazo su balance de la etapa de gobierno autonómico de su partido, el PPCV, en el que ha ocupado diversos puestos de alto rango. Lo hizo en una sabrosa entrevista concedida junto a su mujer, Piluca Bertolín, la primera que ambos ofrecían simultáneamente a una publicación, la revista 'Vanity Fair', en el mes de abril de aquel lejano y profundo 2020, con posado incluido en el elitista hotel Santo Mauro de la capital de España. En la entrevista, el político admitía honrosamente la comisión de errores durante la gestión del Gobierno en el que participó.

Derrotado el Partido Popular valenciano en 2015 y expulsado de la Generalitat y de la mayoría de los ayuntamientos de la comunidad por algo más que por un exceso de “mística”, Esteban González aspiraba legítimamente a ser recompensado en Madrid por los servicios prestados con un puesto a la vera, o a la siniestra aunque fuera, de Mariano Rajoy, nombramiento prácticamente cantado y bendecido en los medios capitalinos. No pudo ser. Un malhadado giro de última hora acabó con la seductora sonrisa del valenciano representando al partido en la aburrida (o no tanto) Bruselas, en donde se acomodaría esperando su oportunidad.

placeholder González Pons, en una sesión del Parlamento Europeo. (EFE)
González Pons, en una sesión del Parlamento Europeo. (EFE)

Ahora el destino se la ha ofrecido, no se sabe si mística o ética, para alcanzar el objetivo explícito de su carrera política: formar parte del Consejo de Ministros (el objetivo íntimo sólo lo conocen él y sus circunstancias). Feijóo nunca olvidó la buena impresión que le causó aquel inteligente, gran estratega y excelente relator valenciano durante las reuniones de 'maitines' en Génova durante la edad de oro de su paisano Rajoy. Transfigurado en líder del partido tras los sucesos que acabaron con Pablo Casado, el gallego precisa de todos los apoyos posibles para desenvolverse por esa corte de los milagros y la picaresca que es Madrid y ganar posiciones para el asalto a La Moncloa.

González Pons es un excelente cicerone en ese ámbito y mucho más en el de las insidiosas instituciones comunitarias, en las que se desenvuelve como un auténtico maestro. Un activo fundamental para cualquier mandatario europeo con expectativas. “Esteban, se te ha acabado la fiesta en Bruselas. Cógete un piso en Madrid, te lo paga el partido, y 'vente pa España', que tenemos unas elecciones que ganar, ¡rapidiño!”.

Acento Publics Affairs, SL

Dicho y hecho, el eurodiputado ya pasa buena parte de su tiempo colaborando con el lider del partido y perseguir el sueño de ambos desde la sede de Génova. En sus pasillos podría además coincidir con su hijo mayor, uno de los fundadores de la consultora Acento Public Affairs SL, ese grupo de interés ideado por el exministro socialista José Blanco, presidido por el expopular Alfonso Alonso e integrado por otros ex de variado pelaje, que según afirman fuentes de la casa, estaría realizando trabajos para el partido. “A ver si un día vamos a tener un disgusto con ese tema”, señalan no sin recelo esas mismas fuentes.

Foto: El exministro de Fomento José Blanco. (EFE)

La otra misión encomendada a González Pons es garantizar que todo vaya bien y por su sitio en Valencia de cara a las elecciones autonómicas y municipales del próximo año. No es cuestión de desaprovechar la actual situación de debilidad del tripartito que gobierna la Generalitat (crisis económica, crisis reputacional...) con ruidos y conflictos internos. Por primera vez en muchos años, el Partido Popular valenciano percibe en el ambiente cierto olor a victoria electoral. “Lo de Moreno” en Andalucía les ha dado confianza, la caída de Mónica Oltra la ha potenciado y la que entienden como desastrosa gestión de la crisis económica por el presidente Pedro Sánchez se la está consolidando. Nada podrán hacer para invertir esa tendencia, argumentan en Embajador Vich, 3 (sede del PP en Valencia), ni los casos de corrupción de épocas anteriores de los populares que aun colean en juzgados y titulares, ni la prudente y medida gestión del 'president', Ximo Puig.

Así que mientras los portavoces del partido y sus altavoces mediáticos desgranan una y otra vez los argumentos que deberían respaldar un cambio en la política autonómica, los dos líderes del PPCV, su presidente, el alicantino Carlos Mazón, y la secretaria de Organización, la valenciana María José Catalá, trabajan intensamente y tiran de los limitados recursos humanos disponibles para ganarse un hueco en la posteridad.

Foto: Carlos Mazón y María José Catalá. (EFE/Manuel Bruque)

Ambos conocen cuál es su respectiva responsabilidad: el primero, ganar la presidencia de Generalitat en las autonómicas del próximo año. Y la segunda, hacerse con la alcaldía del Ayuntamiento de Valencia en las municipales, que se presumen simultáneas a las autonómicas.

Primero, ganar la batalla de Valencia

González Pons ya se lo dejó bien claro a ambos hace unos días en una reunión interna ante militantes y cual es su destino si no lo consiguen. Catalá, además, que no ha borrado aun de su memoria aquellos momentos en los que pudo alzarse con la candidatura a la presidencia de la Generalitat, asume que un primer paso para conseguirlo a medio plazo es ganar antes la batalla de Valencia recogiendo la bandera de Rita Barberá tras la etapa municipal de gobierno de izquierdas. Y a ella está entregada, compaginando su campaña personal con la de Mazón desde la Secretaría de Organización.

placeholder Toni Pérez, María José Catalá, Carlos Mazón y Esteban González Pons.
Toni Pérez, María José Catalá, Carlos Mazón y Esteban González Pons.

En la consecución de ese objetivo, no se permite el PPCV prescindir de ninguno de los muchos activos personales de la historia reciente del partido que puedan reforzar el proyecto Mazón-Catalá. Además de contar con un pobladísimo comité ejecutivo autonómico, el Partido Popular valenciano, como el resto de los partidos, se apoya sobre una tupida red de familias (políticas y de sangre) así como en todas sus extensiones sociales, económicas y empresariales. Y ahora es el mejor momento de tirar de todos ellos, especialmente de la estructura de dirigentes que ya gobernaron la Comunidad Valenciana durante dos décadas a finales de los noventa y principios de los dos mil con los presidentes Eduardo Zaplana, José Luis Olivas, Francisco Camps y Alberto Fabra (que tres de estos cuatro estén o hayan estado imputados es un detalle que en estos tiempos apenas cuenta).

De momento, ya forman parte de los grupos de trabajo que elaboran para Mazón programas y proyectos sectoriales personajes con demostrados conocimientos en las tramas económicas y financieras de la Administración autonómica, como Gerardo Camps, quien fuera 'conseller' de Economía y Hacienda durante dos legislaturas y luego vicepresidente. Mucho antes formó parte del trío de amigos de juventud y pachangas que integraban él mismo, González Pons y Francisco Camps. Tres amigos con vocación de poder: Francisco Camps, dimisionario de la presidencia de la Generalitat por un quítame allá esos trajes, ha debido ser 'convencido' ahora de que su autoproclamación como candidato a la alcaldía de Valencia en sustitución de Catalá no contaba con el respaldo del partido. El 'expresident' parece haber entendido el mensaje y entrado por la senda del 'colaboracionismo' arrimando el hombro para la victoria de su partido.

Foto: El expresidente de la Generalitat valenciana Francisco Camps. (EFE)

Socios, 'cotinadas' y líneas rojas

Otra aportación importante de experiencia procede de la figura y entorno de Carlos González Cepeda, quien fuera diputado en las Cortes Valencianas, presidente de Canal Nou, 'conseller' de Justicia y delegado del Gobierno en la comunidad durante la era Zaplana, luego consejero de Aumar y de otras empresas y concesiones. Cepeda mantiene excelentes relaciones de amistad con Catalá y ésta no ha dudado en sumarlo al proyecto Mazón, atrayendo a su vez a otra red familiar vinculada, en este caso alicantina: la de Diego Such.

Quién fuera 'conseller' de Industria con el PP en tiempos de Zaplana (ay, aquellos viajes a China con Julio Iglesias y las dulces noches de Shanghái), también ha salido parcialmente de su retiro para sumar experiencia y contenidos. En este caso, además, su hijo y el de González Cepeda también son socios propietarios de una consultora que realiza diversos trabajos para el sistema. Todo queda en casa (qué fijación tienen muchos de enchufar a los hijos en los negocios de papá, esa costumbre tan carpetovetónica, en lugar de lanzarlos al mundo y dotarlos de armas propias).

placeholder Alberto Fabra y Joan Lerma asisten a la investidura de Ximo Puig en 2019. (EFE)
Alberto Fabra y Joan Lerma asisten a la investidura de Ximo Puig en 2019. (EFE)

La lista es interminable. Un nuevo añadido, al parecer sugerido desde Madrid, ha sido el de otro 'expresident' de la Generalitat, el último antes del cambio de gobierno, Alberto Fabra. Su nombre, barajado en algunos sectores como posible número 1 de la lista de Castellón, ha sido sin embargo descabalgado de inmediato. Aun no le perdonan los guardianes de las esencias del partido el proceso de limpieza interior llevado a cabo durante su mandato en la última etapa del PP. Las famosas 'líneas rojas' marcadas para frenar la corrupción, e incluso el cierre de Canal Nou, siguen escociendo demasiado en la fina piel de los veteranos. Y de nada parece que vaya a servirle a Fabra la estrecha amistad de su mujer, Silvia Jato, con su paisano Alberto Feijóo. Fabra prestará su institucionalidad, pero a cambio de nada material... al menos de momento.

En los oídos de muchos en Valencia aun resuena el término 'cotinada' escuchado hace unos días en una de las morbosas grabaciones del excomisario Villarejo con el (anti)periodista Ferreras y el empresario mediático Mauricio Casal. Se refería éste a otro 'exconseller' y personaje muy influyente del PP en Valencia, Juan Cotino, ya fallecido, quien fuera director general de la Policía y quien bajo su mandato, se asegura en Valencia, se habría promovido la aparición el fenómeno Villarejo, usado posteriormente como 'herramienta de trabajo' en diversos asuntos, uno de ellos por el abogado de Zaplana en defensa del exministro (de esto ya se hablará en otra ocasión).

Foto: José Manuel Villarejo.

Afortunadamente y ni siquiera teniendo en cuenta los 'mimbres' del pasado ya citados, nada parece indicar que el nuevo PP que se está fraguando en estos momentos como alternativa al tripartito gobernante de la Generalitat contenga de salida elementos distorsionadores como aquellos que predominaron en su turbia vida anterior. Aunque tal como la historia y la literatura nos han mostrado en tantas ocasiones, “cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras”.

“Nos preocupamos tanto por la mística que nos olvidamos de la ética”. Con esta sugerente sentencia, el eurodiputado Esteban González Pons ventilaba de un plumazo su balance de la etapa de gobierno autonómico de su partido, el PPCV, en el que ha ocupado diversos puestos de alto rango. Lo hizo en una sabrosa entrevista concedida junto a su mujer, Piluca Bertolín, la primera que ambos ofrecían simultáneamente a una publicación, la revista 'Vanity Fair', en el mes de abril de aquel lejano y profundo 2020, con posado incluido en el elitista hotel Santo Mauro de la capital de España. En la entrevista, el político admitía honrosamente la comisión de errores durante la gestión del Gobierno en el que participó.

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