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No pienses en una causa judicial en el Vietnam político valenciano
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Víctor Romero

Nadie es perfecto

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No pienses en una causa judicial en el Vietnam político valenciano

Ximo Puig ha logrado marcar la agenda política autonómica con su crisis de Gobierno. Pero el Botànic afronta la gestión de una probable imputación de Oltra. También al PP le vienen curvas

Foto: Ximo Puig, a la entrada del Palau de la Generalitat. (EFE)
Ximo Puig, a la entrada del Palau de la Generalitat. (EFE)
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Desde antes de Navidad llevaba el presidente de la Generalitat valenciana, Ximo Puig, dándole vueltas a la necesidad de dar un empujón al Consell del Botànic para sacarlo del letargo y la sensación de bloqueo que parece atenazarlo desde hace meses. La renuncia de Manuel Mata como portavoz socialista en el Parlamento autonómico le ha regalado el argumento perfecto para hacer un movimiento en cascada, sacando a Ana Barceló de Sanidad para llevara a la Cámara, y propiciar una serie de cambios que han tenido como objetivo dar un golpe interno en la mesa y desperezarse de una agenda marcada por los últimos y mediáticos líos judiciales que copaban las portadas de la prensa regional.

La sacudida en el gabinete ejecutada este fin de semana es un caso de libro de cómo convertir una crisis en oportunidad. La salida de Mata era obligada por la evidente incompatibilidad de su puesto con la defensa de un investigado en Azud, el constructor Jaime Febrer. Pero lo que algunos veían solamente como una causa judicial que salpicaba a populares y socialistas, ha terminado por convertirse en el detonante de diez días de especulaciones, filtraciones y noticias sobre una remodelación que ha marcado la agenda política autonómica de toda la semana.

El resultado ha sido un castillo de fuegos artificiales del que apenas ha salido más cara nueva que la del nuevo titular de Sanidad, el doctor Miguel Mínguez; que ha servido para mover de cartera a Arcadi España [el Félix Bolaños de Ximo Puig], de Política Territorial a Hacienda; ensayar un cambio en la Conselleria de Innovación con la vista puesta en disputar la hegemonía al PP en Alicante o visibilizar el éxito de la planta de baterías de Volkswagen en Sagunto elevando a rango de 'consellera' a una de sus negociadoras, Rebeca Torró.

Foto: Rebeca Torró, hasta ahora secretaria autonómica de Economía.

Cual discípulo aventajado de George Lakoff, Puig está empeñado en poner encima de la mesa otros asuntos; gigafactoría, proyectos con fondos europeos, superación de la pandemia… El 'president' es consciente de que esa es su baza para optar a un tercer mandato, salirse de la inercia de desgaste del Gobierno de Pedro Sánchez, evitar la guerra de guerrillas del todos contra todos en el Vietnam político valenciano y construir un relato propio para llegar en condiciones a las autonómicas que planea hacer coincidir con las municipales del año que viene.

placeholder La vicepresidenta valenciana, Mónica Oltra. (EFE)
La vicepresidenta valenciana, Mónica Oltra. (EFE)

El problema es que el elefante de Lakoff sigue sentado en la habitación y a la vista de todos. La más que probable imputación de Mónica Oltra amenaza con diluir como un azucarillo el 'efecto remodelación' si se produce en las próximas semanas. Oltra tiene intención de encadenarse al mástil de mesana del Palau del Valeriola, sede de su Conselleria, para aguantar el fuerte temporal. Defiende su inocencia y la de los funcionarios de Igualdad en la gestión del caso de abusos a una menor por el que fue condenado su exmarido.

Pero los populares de Carlos Mazón afilan los cuchillos para elevar, y mucho, la presión sobre la vicepresidenta valenciana y hacer responsable a Puig de su continuidad. Si cae Oltra, cae Puig, es la lógica con la trabajan los conservadores. Tienen razón. El principal riesgo para el Botànic que refleja la demoscopia que manejan populares y socialistas es la desmovilización a la izquierda del PSPV-PSOE, que el barón socialista intenta compensar pescando en la descomposición de Ciudadanos. En Compromís ya han encargado su propia encuesta para verificar la tendencia.

Así que mientras unos huyen del marco de lo judicial, otros se preparan para sacarle el máximo rendimiento. Y tampoco es que el PP vaya a salir indemne. Al ejercicio de memoria que puede suponer Azud, un caso que golpea de lleno los intentos de los populares de reivindicar la figura de la fallecida exalcaldesa Rita Barberá, y el juicio a Francisco Camps en la Audiencia Nacional en mayo de 2023, se va a sumar el inminente auto de procesamiento del exministro Eduardo Zaplana que la jueza María Isabel Rodríguez ya está redactando. Fango para todos.

Mazón sigue ocupando espacios

El líder de los populares valencianos ha dado un paso más en el control político-institucional de su provincia con la elección como presidente de la Cámara de Comercio de Alicante de su amigo Carlos Baño (Tescoma). Casado con la que fue 'consellera' de Eduardo Zaplana, Gema Amor, Baño ha cosechado una aplastante victoria en el complejo sistema de votaciones de la entidad sobre Juan Riera, como detallaba Ana Jover. Ni la resistencia de un poder fáctico provincial como Antonio Arias (Vectalia), miembro de la Junta Directiva de la Asociación Valenciana de Empresarios, ni las dudas sobre su independencia por su cercanía a Mazón, han hecho mella en los apoyos empresariales en la cámara alicantina. Baño, que lleva en su equipo a un consultor de comunicación que ha amasado buenos negocios con la Diputación de Alicante, Miguel Quintanilla (Grupoidex), no va a tardar en hacer de la institución un altavoz crítico con el Consell del Botànic. La presión crece para José Vicente Morata (Cámara de Valencia y Consejo de Cámaras), que lleva más de un ejercicio presumiendo de cuentas saneadas a base de tocar puertas 'conselleria' por 'conselleria'.

La ruta de la seda de Junqueras

El líder de Esquerra Republicana de Catalunya estuvo de ruta la pasada semana por distintos lugares de la Comunidad Valenciana para, entre otras cosas, dar aliento a los integrantes de su franquicia Esquerra Republicana del País Valencià, un partido que no ha superado nunca el 1% en la historia democrática valenciana. Oriol Junqueras, como Pere Aragonès y otros dirigentes 'indepes', hace tiempo que renunció a destinar recursos y hacer proselitismo de verdad para sumar al vecino del sur al proyecto de Països Catalans, consciente del escaso tirón de un concepto al que incluso ha renunciado estatutariamente Més, el viejo Bloc, la pata nacionalista de Compromís. El jefe de ERC se dejó entrevistar por los medios y ensayó un discurso moderado de objetivos compartidos en lo económico y en lo social, evitando pisar ningún charco. Tan de guante de seda fue su 'tour' valenciano que hasta le costó una reprimenda de un grupo de periodistas locales a los que citó para desayunar y que le reprochó que para no decir nada noticiable mejor se hubieran quedado en la cama. Tampoco le dejaron entrar en la casa-museo de Joan Fuster en Sueca, por llegar fuera del horario de visitas.

Desde antes de Navidad llevaba el presidente de la Generalitat valenciana, Ximo Puig, dándole vueltas a la necesidad de dar un empujón al Consell del Botànic para sacarlo del letargo y la sensación de bloqueo que parece atenazarlo desde hace meses. La renuncia de Manuel Mata como portavoz socialista en el Parlamento autonómico le ha regalado el argumento perfecto para hacer un movimiento en cascada, sacando a Ana Barceló de Sanidad para llevara a la Cámara, y propiciar una serie de cambios que han tenido como objetivo dar un golpe interno en la mesa y desperezarse de una agenda marcada por los últimos y mediáticos líos judiciales que copaban las portadas de la prensa regional.

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