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Tras Andalucía, Feijóo va ahora a por el Botànic de Ximo Puig por la autopista de Oltra
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Víctor Romero

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Tras Andalucía, Feijóo va ahora a por el Botànic de Ximo Puig por la autopista de Oltra

El cierre de Compromís con su vicepresidenta, que no prevé dimitir ni aunque la procesen, augura un año agónico para el Consell de izquierdas y aboca al barón socialista a dar un golpe de mano

Foto: Alberto Núñez Feijóo y Ximo Puig. (EFE)
Alberto Núñez Feijóo y Ximo Puig. (EFE)
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'Bad news' para el Botànic. La contundente victoria del Partido Popular de Juan Manuel Moreno en Andalucía llega en el peor momento para el Consell valenciano de izquierdas que preside el socialista Ximo Puig. La percepción de cambio de ciclo, la debilidad manifiesta del PSOE en el conjunto de España y el engullimiento de Ciudadanos por los conservadores sitúan las autonómicas y municipales previstas para dentro de once meses en la diana de Alberto Núñez Feijóo, la próxima estación antes de intentar el asalto final a la Moncloa. Y la Generalitat valenciana o la ciudad de Valencia son plazas demasiado golosas como para que los populares no vayan a echar el resto para tratar de reconquistarlas.

Es cierto que el 'efecto Andalucía', como antes el 'efecto Ayuso', irá diluyéndose con los meses, descanso veraniego mediante. También que Juanma Moreno ha sabido fabricar un personaje propio para la realidad andaluza, moderado, capaz de atrapar antiguos votantes socialistas que antes hicieron escala en Ciudadanos, y para nada seguidista del discurso polarizador de Vox. Ese perfil es justo el que pretende representar Feijóo para el conjunto de España. Es un espejo en el que podría reflejarse a su vez Ximo Puig. En determinadas formas de entender la política, no hay realmente tanta diferencia entre los tres.

Puig puede verse forzado a la destitución y ruptura para gobernar en minoría, quizás con Podemos

Habrá que ver si el líder de los populares en la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón, logra recoger el testigo. Por ahora, transmite señales de vacuidad en su proyecto y debilidad como alternativa. Todos los huevos del PP valenciano están puestos en la agenda judicial y el desgaste de la coalición de izquierdas. Las elecciones no se ganan, se pierden. Y el Botànic ha entrado en un bucle muy peligroso para sus propios intereses que puede abocar a Puig a tener que dar un golpe encima de la mesa, no en forma de adelanto electoral, puro aventurerismo extraño a su carácter, pero sí de ruptura con la destitución de su vicepresidenta para encarar en minoría, quizás con la versión de Unidas Podemos de Héctor Illueca como único aliado. Sería un año largo, con prórroga de presupuestos incluida.

Foto: Ximo Puig, a la entrada del Palau de la Generalitat. (EFE) Opinión

Mónica Oltra, investigada por el Tribunal Superior de Justicia autonómico por la gestión administrativa del caso de abusos a una menor por el que fue condenado su exmarido, ha decidido fundir su problema judicial y personal con su rol institucional, caiga quien caiga y arrastrando con ella a sus socios de Gobierno. El conjunto de Compromís, en una sorprendente reacción de inmadurez, ha optado por inmolarse con su lideresa. El grueso de la coalición, desde Iniciativa, el partido de Oltra, hasta el nacionalista Més, de Joan Baldoví y Àgueda Micó, ha entrado en una suerte de embriaguez conspirativa que le puede pasar una importante factura.

Nadie cuestiona que el origen del procedimiento judicial está en el más que presumible interés espurio del abogado y autorreconocido fascista de España 2000, José Luis Roberto, y de alguien que ha hecho de la manipulación informativa una profesión, como la fundadora de Vox Cristina Seguí. Pero una vez echado a rodar el balón, tanto la fiscal Teresa Gisbert, experta en menores de trayectoria progresista, el juez de primera instancia, Vicente Ríos, antaño azote en casos del PP, y los tres magistrados del TSJ han visto indicios suficientes para investigar la labor de la Conselleria de Igualdad, con su titular al frente. Huele mucho a procesamiento. Con ese cuadro, cuesta mucho comprar la tesis del 'lawfare' con el que Oltra, que ni siquiera ha renunciado al cargo de portavoz e imagen de todo el Consell, justifica su enroque político.

Todos los huevos del PPCV están puestos en la agenda judicial y el desgaste del Consell botánico

La espiral en la que han entrado Oltra y Compromís, igual que le ocurrió a Francisco Camps cuando fue señalado por sus vínculos con la Gürtel, va camino de colapsar el debate político e institucional de la Comunidad Valenciana. Las hemerotecas están ahí para consultarlas. Más de dos años pasaron desde que el TSJ imputó a Camps (mayo de 2009) por la causa de los trajes hasta que fue procesado (diciembre de 2011) y dimitió por orden de Mariano Rajoy. Oltra se propone atarse al mástil institucional aunque la sienten en el banquillo. Ni gigafactoría de Volkswagen, ni fondos europeos, ni datos de empleo esperanzadores, ni nuevos concursos de vivienda social… Todo va a girar en torno a ella.

Foto: Juanma Moreno y Ximo Puig. (EFE/Raúl Caro) Opinión

No es porque no existan alternativas. La lideresa de Compromís todavía puede dar un paso atrás refugiándose en su escaño en el Parlamento autonómico para bajar el suflé y resolver sus problemas, dar el relevo a caras nuevas y prometedoras de su partido, como Aitana Mas, y ceder la cabeza de lista a la Generalitat en 2023 a alguien con alto nivel de conocimiento y valoración entre sus votantes, como Joan Baldoví. La salida de la veterana política, si resulta exonerada de la celada del TSJ, es regresar cual mártir rehabilitada flanqueando a Yolanda Díaz en las generales de noviembre del año que viene. Ese sería el enfoque profesional frente al actual amateurismo que transmite Compromís.

Porque toda la frescura que la marca 'taronja' aportó a la política valenciana amenaza con irse al traste. Es verdad que la 'consellera' de Igualdad no ha tenido todavía la posibilidad de explicarse en sede judicial. Y que el propio auto de admisión de la causa admite la inexistencia de pruebas directas contra ella. Quizás es precipitado exigir ya la renuncia. Es verdad. Es más prudente esperar a un posible procesamiento. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es que los valencianistas venían a la política autonómica a hacer las cosas de otra manera, a no hacer partícipes a los ciudadanos y a sus votantes de los problemas de sus dirigentes cuando venían mal dadas o aparecía la sombra de la sospecha. Oltra contribuyó a construir ese cambio, a abrir las ventanas tras un cuarto de siglo de hegemonía de un Partido Popular agotado y salpicado de corrupción. Sería paradójico que los conservadores regresasen al poder porque la que fue su martillo cayese en los mismos errores que sus predecesores.

'Bad news' para el Botànic. La contundente victoria del Partido Popular de Juan Manuel Moreno en Andalucía llega en el peor momento para el Consell valenciano de izquierdas que preside el socialista Ximo Puig. La percepción de cambio de ciclo, la debilidad manifiesta del PSOE en el conjunto de España y el engullimiento de Ciudadanos por los conservadores sitúan las autonómicas y municipales previstas para dentro de once meses en la diana de Alberto Núñez Feijóo, la próxima estación antes de intentar el asalto final a la Moncloa. Y la Generalitat valenciana o la ciudad de Valencia son plazas demasiado golosas como para que los populares no vayan a echar el resto para tratar de reconquistarlas.

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