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Todo se va a pudrir (más) en Valencia
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Víctor Romero

Nadie es perfecto

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Todo se va a pudrir (más) en Valencia

Los valencianos están pagando una doble, injusta e inmerecida factura adicional a la tragedia de la dana, sin que aparezca por ahora la versión mazonista de las cremas de Cifuentes

Foto: Carlos Mazón aplaude en el Saló de Corts del Palau de la Generalitat. (EFE/Biel Aliño)
Carlos Mazón aplaude en el Saló de Corts del Palau de la Generalitat. (EFE/Biel Aliño)
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Tengo el pálpito casi desde que comenzaron a aflorar las costuras de la negligente gestión de la Generalitat el 29 de octubre de la dana de que Carlos Mazón ni va a dimitir de su cargo de president ni su jefe Alberto Núñez Feijóo le va a forzar a hacerlo. Asumiendo el riesgo del error de salirme del carril, lo he discutido con compañeros y compañeras de profesión que dieron por liquidado al barón popular desde los primeros días. No veo nada claro ese vaticinio inevitable en el corto plazo de un guillotinazo político en plaza pública para saciar con su testa presidencial la necesidad de señalar y encontrar culpables que ansía una parte muy importante de la sociedad valenciana, todavía indignada y consumida por la rabia de la tragedia.

No se dice aquí que no sea lo que merecería el barón alicantino a la vista de su imperdonable inconsciencia (RAE: estado o situación de la persona que ha perdido la facultad de reconocer la realidad) el día de autos y la vergonzante huida hacia adelante de las jornadas posteriores, con la trola y la bomba tóxica de humo como santo y seña del argumentario.

Pero también es cierto que no termina de identificarse la espoleta que fulmine la salida. Guste o no, Mazón tiene todavía el respaldo de la cámara parlamentaria que le designó, reforzado ahora tras el gesto de genuflexión y pleitesía en favor de un señor llamado Santiago Abascal, al que los casi 600 años de historia de una institución como la Generalitat valenciana le importan una higa, siempre que se hable de menas, pacto verde europeo y los males del globalismo, una palabra que usan mucho en Vox y nadie sabe muy bien lo que significa.

Foto: feijoo-mazon-sobrevivir-vox-sanchez Opinión

La versión mazonista de las cremas de Cifuentes no aparece, pese a que hay quien asegura que haberlas haylas, sea en traicioneros audios o en confesiones de terceros.

A estas alturas, como bien dejó entrever el propio Feijóo, ya solo una posible imputación tumbaría a esa suerte de boxeador correoso y magullado que no para de encajar golpes sin caer a la lona para desesperación de rivales y tertulianos televisivos de todos los colores.

Ando igualmente en el lado de los escépticos sobre la posible aparición de indicios suficientes para que la jueza de Catarroja arme la exposición razonada para elevarla al TSJ valenciano, la verdadera Place de Grève que ni en sueños quiere visitar el dirigente conservador y levantino.

La Comunidad Valenciana se adentra en la nueva normalidad del siglo XXI en la que nadie dimite

Resulta paradójico que la mejor coartada para quitarse de en medio de la instrucción sean precisamente la desconexión a cuatro manos bajo el techo del Ventorro y las más de dos horas ciegas y misteriosas antes de saludar a las 20:28 horas a los recepcionistas del Centro de Emergencias de L'Eliana como si entrase de afterhours en el cuartelillo de los moros y cristianos de Alcoi, mientras el personal saturaba el teléfono del 112 asfixiado por el agua y lodo.

Los movimientos de Mazón van todos encaminados a atornillarse en la silla afelpada en verde del despacho forrado de maderas nobles del Palau de la Plaza de Manises. Ha hecho de la confrontación con el Gobierno de Pedro Sánchez su única razón de ser política, convencido de que no hay mayor defensa que un ataque. La primera lección del manual del superviviente es tratar de convencer a los tuyos de que no te abandonen bajo el razonamiento de no dar la satisfacción al enemigo compartido, aunque ello suponga arrastrarlos a todos al fondo del pozo.

Que ello haya llevado a una importante degradación de la vida institucional y a un desgaste reputacional de las élites de la Comunidad Valenciana que recuerda tanto a los años negros de la Gürtel es la injusta e inmerecida factura adicional que ya están pagando los valencianos.

Foto: jueza-dana-cita-investigados-salome-pradas-y-argueso

Y, sin embargo, como también ocurría en aquellos tiempos pretéritos, digan lo que digan algunos cronistas de la época, no está claro que esa paella se cocine como en Valencia en ningún sitio.

¿Acaso no sigue en el cargo todo un fiscal general del Estado investigado por los tribunales por un presunto delito de revelación de secretos?

¿No vive la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, sin que ello conlleve censura alguna de sus fans, en un pisazo cuya pareja, investigada por fraude fiscal y corrupción, nadie sabe si ha financiado en A o en C (no escribir B para evitar querellas)?

¿Hay alguien que todavía se escandalice por el hecho de que Sánchez mantenga al frente del CIS a un señor de apellido Tezanos que nos obsequia todos los meses con una encuesta manipulada cuyo trabajo de campo vale decenas de miles de euros?

Los valencianos están pagando una doble, injusta e inmerecida factura adicional a la tragedia de la dana

En un doble castigo tras la catástrofe de octubre, y con el factor agravante de las 227 víctimas humanas de cuerpo presente, la Comunidad Valenciana va poco a poco adentrándose en esa nueva normalidad del siglo XXI en la que nadie dimite ni asume responsabilidades por sus errores. Una nueva normalidad en la que la ética y la sinceridad discursiva han dejado de cotizar como valor político y la degradación moral campa a sus anchas en no pocas instituciones y en las cuentas de X, la red social propiedad de un alucinado que nos trolea pidiendo taxis a la romana mientras convierte al presidente de esa democracia imperfecta y a la vez apasionante que retrataba Gore Vidal en un hombre anuncio para sus Teslas.

A este paso se viene con resignación una larga temporada de minutos de la basura que irán agotando el reloj de la legislatura, hasta que Génova deshoje el último pétalo de la margarita de la candidatura de las autonómicas de 2027. De momento, ya ha pegado una patada hacia adelante al congreso regional del PPCV, porque los calendarios estatutarios están para pasárselos por el forro. Si no entra en escena algún nuevo elemento, todo se va a pudrir en el affaire del Turia.

Lo triste es que el nombre de ese cartel no dependerá del análisis del mejor futuro para los valencianos, sino del menos malo para Feijóo.

Y puede que para entonces el boxeador sonado, el pato cojo, incluso haya ganado el combate a los puntos. No descarten ninguna opción. Nadie es perfecto.

Tengo el pálpito casi desde que comenzaron a aflorar las costuras de la negligente gestión de la Generalitat el 29 de octubre de la dana de que Carlos Mazón ni va a dimitir de su cargo de president ni su jefe Alberto Núñez Feijóo le va a forzar a hacerlo. Asumiendo el riesgo del error de salirme del carril, lo he discutido con compañeros y compañeras de profesión que dieron por liquidado al barón popular desde los primeros días. No veo nada claro ese vaticinio inevitable en el corto plazo de un guillotinazo político en plaza pública para saciar con su testa presidencial la necesidad de señalar y encontrar culpables que ansía una parte muy importante de la sociedad valenciana, todavía indignada y consumida por la rabia de la tragedia.

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