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Abrir la puerta al comercio de servicios para impulsar la competitividad

Al tradicional peso del sector turístico se ha sumado en las últimas décadas el importante dinamismo de los servicios no turísticos, y el resultado ha sido un crecimiento de las exportaciones

Foto: Sector logístico, en una imagen de archivo (EFE)
Sector logístico, en una imagen de archivo (EFE)

Las exportaciones, en continuo crecimiento, se han convertido en una de las principales fortalezas de la economía española. Sin embargo, cuando hablamos de ventas al exterior no solo hay que centrarse en los bienes, sino también en la exportación de servicios, que según datos del Banco de España ya representan un 32% de las exportaciones totales de España en 2023. Al tradicional peso del sector turístico se ha sumado en las últimas décadas el importante dinamismo de los servicios no turísticos, y el resultado ha sido un crecimiento de las exportaciones de servicios entre 1995 y 2023, situado en un 570%, muy por encima del crecimiento de las exportaciones de bienes (455%).

Esta evolución se enmarca en una tendencia de carácter global por la que los servicios han ganado peso en el comercio internacional, impulsados por su rápido crecimiento y por el relativo estancamiento del comercio de manufacturas desde la Gran Recesión. Con todo, en 2023 las exportaciones de servicios representaban únicamente el 24,5 % de las exportaciones brutas totales a nivel mundial, notablemente por encima del peso que tenían en 1995 (20,7%), pero muy por debajo del peso que los servicios tienen en el PIB y el empleo de la mayoría de las economías, situado entre un 70% y un 80%. España supera en 7,4 puntos la media europea, con el 32% que suponen los servicios en las exportaciones, y la Comunidad Valenciana, con un peso de los servicios ligeramente inferior (31,3%), también mejora el dato de la Unión Europea.

Los datos anteriores se refieren a las exportaciones de servicios en términos brutos. Sin embargo, cuando se consideran las exportaciones en términos de valor añadido, es decir, cuando no solo se consideran los servicios que se exportan directamente, sino también aquellos que son empleados para producir los bienes exportados, su peso sobre el total de exportaciones aumenta considerablemente, hasta un 46,4% en 2019 (último año con datos disponibles de comercio en términos de valor añadido). Esta diferencia entre el peso de las exportaciones brutas de servicios y las exportaciones en términos de valor añadido indica un importante uso de servicios intermedios para la producción de bienes, también conocida como terciarización o servitización de la producción.

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El sector manufacturero puede optar por cubrir su demanda de servicios de manera interna o bien externalizando dichas actividades a empresas especializadas pertenecientes al sector servicios. Por cuestiones de eficiencia y seguridad una empresa manufacturera puede retener determinados servicios, haciendo que sean prestados internamente por empleados de la propia empresa (por ejemplo, las actividades de investigación y desarrollo en una empresa automovilística). En este caso el valor generado por estas actividades es contabilizado como valor añadido generado en el sector manufacturero.

En cambio, las empresas manufactureras tienden a externalizar la provisión de aquellos servicios en los que existen importantes economías de escala -por ejemplo, la logística- o en los que la especialización puede reducir notablemente los costes y aumentar la productividad -por ejemplo, los servicios de consultoría-. De este modo, los servicios intermedios externalizados por las empresas manufactureras se contabilizan como valor añadido del sector servicios incorporado en las exportaciones de manufacturas.

El sector servicios generaba un 32,1% del valor añadido incorporado en las exportaciones manufactureras mundiales en 2019, según los últimos datos disponibles en la OCDE. En España ese porcentaje se elevaba al 36,4%, claramente por encima del promedio mundial y de otras grandes economías de la eurozona como Alemania (34,6%), pero por debajo de otras como Francia (37,8%) e Italia (40,1%).

En la medida en que un mayor contenido en servicios suele ir asociado a manufacturas de mayor complejidad, más diferenciadas y menos expuesta a la competencia en precios por parte de economías emergentes, la servitización de las exportaciones manufactureras españolas resulta fundamental para mantener o incrementar su competitividad internacional. En este sentido el hecho de que las exportaciones manufactureras españolas sean más intensivas que el promedio mundial es claramente positivo.

Tradicionalmente, los servicios externalizados por las empresas manufactureras eran prestados por empresas de servicios locales, dada la dificultad para prestar servicios a distancia. Sin embargo, gracias a su naturaleza inmaterial y al abaratamiento y difusión del uso generalizado de las TIC, cada vez resulta más sencillo externalizar la prestación de servicios a proveedores radicados en el extranjero, esto es, deslocalizarlos. Así la contribución de los servicios extranjeros al valor añadido incorporado en las exportaciones manufactureras ha tendido a aumentar, pasando de un 9% en 1995 a un 12,6% en 2019 a nivel mundial.

Durante el mismo periodo la contribución de los servicios domésticos cayó de un 21% a un 19,5%, por lo que parece que la intensificación del uso de servicios por parte de las exportaciones manufactureras ha ido acompañada de la sustitución de proveedores domésticos por proveedores extranjeros de servicios. Sin embargo, España constituye una excepción a esta tendencia, ya que el aumento de la intensidad en el uso de servicios intermedios extranjeros, que se elevó en 3,6 puntos porcentuales (pp) entre 1995 y 2019 apenas ha conducido a un menor uso de servicios intermedios domésticos, que registran una caída de tan solo –0,2 pp.

La deslocalización de los servicios intermedios forma parte de la respuesta de las empresas manufactureras a un entorno más globalizado y abierto a la competencia extranjera. Diferentes trabajos empíricos señalan que el aumento en la intensidad del uso de servicios extranjeros permite a las empresas manufactureras abaratar costes y diferenciar sus productos, resultando en una mejora de su competitividad internacional y en un mayor crecimiento de su productividad, contribuyendo también a generar nuevos empleos en el sector manufacturero. De este modo la servitización de la industria podría contribuir a frenar la desindustrialización de las economías avanzadas-

Las enormes diferencias salariales existentes entre países, la elevada intensidad en factor trabajo de los servicios, el desarrollo de la economía digital y los avances en las tecnologías de la información y la comunicación apuntan a que todavía existe potencial para un mayor crecimiento del comercio de servicios intermedios en los próximos años, tal y como señala Richard Baldwin en The Globotics Upheaval: Globalization, Robotics, and the Future of Work. En la actualidad el principal obstáculo que se interpone son las elevadas barreras regulatorias al comercio de servicios.

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Pese a los avances realizados desde la formalización del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios en 1995 diferentes trabajos señalan que estas continúan siendo sustancialmente más elevadas que las barreras al comercio de bienes, incluso entre países miembros de la Unión Europea, a pesar de que formalmente existe un mercado único de servicios.

En este plano España destaca por ser uno de los países del mundo con menores barreras regulatorias a la importación de servicios de acuerdo con la OCDE. Este elevado grado de apertura puede ayudar a las empresas manufactureras españolas a mantener su competitividad y adaptarse así a la que apunta a ser la siguiente fase de la globalización económica, caracterizada por la intensificación del comercio de servicios.

*Ángel García es economista del Ivie

Las exportaciones, en continuo crecimiento, se han convertido en una de las principales fortalezas de la economía española. Sin embargo, cuando hablamos de ventas al exterior no solo hay que centrarse en los bienes, sino también en la exportación de servicios, que según datos del Banco de España ya representan un 32% de las exportaciones totales de España en 2023. Al tradicional peso del sector turístico se ha sumado en las últimas décadas el importante dinamismo de los servicios no turísticos, y el resultado ha sido un crecimiento de las exportaciones de servicios entre 1995 y 2023, situado en un 570%, muy por encima del crecimiento de las exportaciones de bienes (455%).

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