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Ecosistema valenciano: más emprendedor que tecnológico
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Ecosistema valenciano: más emprendedor que tecnológico

El problema del ecosistema emprendedor valenciano y, en general, de los españoles, no radica tanto en una presencia limitada de fondos de capital riesgo, sino en una escasez de proyectos auténticamente innovadores

Foto: Trabajadores de la fábrica de Danone en Aldaia (Valencia) / (EFE)
Trabajadores de la fábrica de Danone en Aldaia (Valencia) / (EFE)

El macroevento Valencia Digital Summit reafirma año a año el dinamismo y el avance del ecosistema emprendedor valenciano, con cerca de 1.700 start-ups y una amplia red de agentes de apoyo. Destacan especialmente la tasa de creación de nuevas empresas y la generación de empleo neto. Como única debilidad señalan la escasez de inversión en start-ups en fases tempranas. Exculpan a los emprendedores y descargan la responsabilidad en los propios inversores lamentando que, inexplicablemente, no muestren un mayor interés por los proyectos emergentes que emanan del ecosistema valenciano.

Este diagnóstico es certero, aunque simplificador, porque deja fuera algunos factores que también pueden restar atractivo a los inversores. Ese es precisamente el punto de partida de los estudios que el grupo de investigación Bintell Lab de la Universidad de Valencia viene desarrollando sobre ecosistemas emprendedores.

Conviene empezar por una realidad que rara vez se reconoce: una start-up no es lo mismo que una empresa de base tecnológica (EBT). Por tanto, resulta erróneo dar por sentado que las start-ups son, por definición, tecnológicas. La mayoría son simples usuarias de tecnologías vinculadas con la digitalización, o a lo sumo, adaptan esas tecnologías a nuevos usos o aplicaciones. Las que logran desarrollar avances significativos en tecnologías punteras, las conocidas como deep tech, son muy pocas.

En los hubs emprendedores españoles, y el valenciano no es una excepción, la proporción de nuevas empresas deep tech es escasa, y casi nadie repara en ello. De hecho, prácticamente ningún observatorio sobre start-ups menciona la variable 'nivel tecnológico'. Nuestros estudios, pioneros en incorporar el factor tecnológico al centro del debate, han descubierto un hecho inédito y determinante: la dimensión tecnológica guía en gran medida las decisiones de inversión y se erige en el principal impulsor del crecimiento y consolidación de las empresas emergentes.

Un primer indicio que hace un par de años nos alertó sobre la escasez de proyectos de tecnología punta fue el cierre de la aceleradora Go Hub en Valencia, la única especializada en iniciativas con un perfil claramente deep tech. Primero tuvo que abrir sus convocatorias a nivel internacional porque no recibía suficientes propuestas con el nivel de disrupción tecnológica requerido y finalmente cerró su actividad como incubadora.

Esta constatación sugiere que el problema del ecosistema emprendedor valenciano y, en general, de los españoles, no radica tanto en una presencia limitada de fondos de capital riesgo, sino en una escasez de proyectos auténticamente innovadores, con una superioridad tecnológica incontestable. Los inversores más experimentados lo saben bien y, por eso, cuando surge un proyecto tecnológicamente disruptivo, acuden con rapidez y no dudan en invertir cantidades considerables. En Valencia tenemos ejemplos recientes como Matteco o Maisa AI, startups que han logrado levantar más de diez millones de euros con poco más de un año de vida. O Quibim, que ha cerrado una Serie A de más de cincuenta millones en tiempo récord.

Foto: abrir-la-puerta-al-comercio-de-servicios-para-impulsar-la-competitividad Opinión

Para evaluar la salud del ecosistema emprendedor valenciano nuestro equipo analizó a finales de 2020 una amplia base de datos con más de 700 start-ups, actualizada a mediados de 2025. El estudio, de carácter longitudinal, buscaba medir su evolución en ese periodo y comprobar cómo habían progresado las empresas con al menos cinco años de trayectoria, tiempo suficiente para superar la fase de despegue y alcanzar la categoría de scale-up. De las 735 empresas iniciales, se seleccionaron 219 tras aplicar dos filtros: fundación posterior a 2012 y haber recibido inversión registrada en bases de datos reconocidas. Todas ellas fueron clasificadas en tres niveles tecnológicos en orden creciente: usuaria, adaptadora, desarrolladora.

Los resultados muestran que, de las 219 que conformaban la base inicial en 2020, un 30 % había cerrado a mediados de 2025, una tasa de fracaso moderada. Un 26,5 % se mantiene con niveles similares de empleo e inversión, mientras que otro 30 % ha logrado crecer de forma significativa en alguno de esos dos indicadores. Por último, un minoritario 17,8 % ha conseguido mejorar simultáneamente empleo y capital, consolidándose como el grupo de mayor éxito del ecosistema.

Tecnología punta, el verdadero motor del éxito:

Las conclusiones del análisis destacan el estancamiento en la proporción de empresas de tecnología punta: apenas un 10 % del total cuenta con músculo suficiente en I+D para desarrollar prototipos y productos a la vanguardia de las tecnologías más avanzadas, porcentaje prácticamente invariable desde 2020. Este dato revela que, en el plano emprendedor, el hub valenciano ya es una realidad, pero aún queda camino por recorrer a nivel tecnológico.

Las empresas con alto nivel tecnológico muestran una clara tendencia a expandir su plantilla y atraer más capital. Por tanto, el liderazgo tecnológico se confirma como la clave del éxito de las start-ups a medio plazo. Cerca del 25 % de las empresas con éxito total pertenecen al nivel tecnológico más alto, el doble que en el conjunto de start-ups. El tamaño del empleo, no obstante, no depende directamente del nivel tecnológico, ya que encontramos compañías con plantillas superiores a diez empleados pese a ser catalogadas de nivel tecnológico medio o bajo.

En resumen, el nivel tecnológico se vislumbra como un factor decisivo para lograr mayor inversión, pero no imprescindible para alcanzar la fase de scale up en términos de empleo.

Los factores que impulsan la atracción de inversión

Un hecho contrastado en el ecosistema valenciano y en muchos otros, pero que se suele pasar por alto, es la clara preferencia de los inversores por las empresas del nivel tecnológico más elevado. El perfil con más opciones de cerrar rondas serie A (en las que se accede a inversión entre 1 y 5 millones de euros) corresponde a compañías con más de cinco empleados y un nivel tecnológico medio o alto.

Los inversores valoran la sofisticación tecnológica por encima del tamaño del equipo, priorizando equipos pequeños con tecnología punta frente a equipos grandes sin ventajas tecnológicas claras. Prefieren que sus recursos se dediquen a fortalecer la I+D más que a contratar personal comercial y de marketing. Además, reconocen las ventajas del modelo "lean": mantener un tamaño reducido mientras se construyen capacidades tecnológicas potentes se augura ventajoso para asegurar inversión suficiente.

La captación de capital sigue siendo una asignatura pendiente en el ecosistema valenciano. Entre las start-ups que simplemente se mantienen, casi el 70 % se sitúa en el tramo de inversión más bajo, mientras que el 74 % de las que crecen en empleo se instalan en niveles de inversión superiores a 250.000 euros. No obstante, el hándicap inversor en el hub valenciano radica no solo en fases tempranas sino en rondas más avanzadas. Conseguir inversiones superiores a 10 millones de euros sigue siendo un reto mayúsculo.Tan solo el 10 % de las start-ups catalogadas de éxito total lo había logrado en 2025.

Por otra parte, constatamos una correlación limitada entre el crecimiento del empleo y el éxito total. La práctica totalidad de las start-ups que han logrado un salto inversor significativo han incrementado también su plantilla, confirmando la creación de empleo como una consecuencia directa de la inversión. Sin embargo, la relación inversa no resulta tan evidente, ni necesariamente negativa: algunas empresas consiguen aumentar su plantilla sin recurrir a rondas de inversión elevadas. Los resultados del estudio certifican la relevancia del factor tecnológico como determinante de la atracción de capital y del éxito global de las start-ups.

La escasez de compañías de tecnología punta detectada se explica, en gran medida, por el limitado aprovechamiento del talento y del potencial investigador de las universidades y centros tecnológicos valencianos. Con una transferencia de conocimiento más efectiva, el entorno investigador podría convertirse en un verdadero vivero de proyectos y productos con alto contenido tecnológico, elevando así la presencia de start-ups del nivel tecnológico avanzado en el ecosistema emprendedor valenciano.

En definitiva, nuestro análisis del hub valenciano evoca un ecosistema dinámico, aunque limitado por el nivel tecnológico de sus empresas, inferior al esperado. ¿Sucede lo mismo en los hubs líderes de Madrid y Barcelona, o en otros de tamaño similar al valenciano, como los de Málaga o Bilbao? Esperamos averiguarlo en futuros diagnósticos, convencidos de que incorporar el factor tecnológico no es solo recomendable, sino imprescindible.

*Isidre March Chordà es catedrático de Organización de Empresas de la Universidad de Valencia

El macroevento Valencia Digital Summit reafirma año a año el dinamismo y el avance del ecosistema emprendedor valenciano, con cerca de 1.700 start-ups y una amplia red de agentes de apoyo. Destacan especialmente la tasa de creación de nuevas empresas y la generación de empleo neto. Como única debilidad señalan la escasez de inversión en start-ups en fases tempranas. Exculpan a los emprendedores y descargan la responsabilidad en los propios inversores lamentando que, inexplicablemente, no muestren un mayor interés por los proyectos emergentes que emanan del ecosistema valenciano.

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