Borges y la ignorancia
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Jesús Cacho

Con Lupa

Por

Borges y la ignorancia

“Es increíble que un solo hombre pueda ignorar tanto”. La frase pertenece al genio de Borges y su destinatario fue el general Videla, responsable de la

“Es increíble que un solo hombre pueda ignorar tanto”. La frase pertenece al genio de Borges y su destinatario fue el general Videla, responsable de la dictadura militar que tanto daño material y moral causó a la Argentina. Dedicada a Videla, sí, pero que podría aplicarse con propiedad al presidente del Gobierno español, Rodríguez Zapatero, y aun ampliarse sustituyendo el verbo ignorar, que también, por el de manipular, mentir, falsear, engañar, disfrazar, fingir y algunos otros que de forma igualmente ajustada podrían servir para definir la actitud y el comportamiento cívico y político de un hombre convertido en un corcho, trasmutado en una esponja. Corcho que flota por encima de todas las desgracias que asolan al país, con el paro a la cabeza de la cofradía. Esponja que absorbe sin pestañear cualquier clase de crítica, impasible el alemán, encantado de haberse conocido, convencido de que mañana será otro día y que no hay mal que cien años dure.

De manera que ayer volvimos a ver y oír al Zapatero tantas veces visto y oído. Mucho más envejecido, eso sí, porque ni el rostro más pétreo puede ocultar las heridas que el fracaso reiterado suele producir tras la más dura epidermis. El presidente volvió a enmascarar la profunda y peculiar crisis española en la situación internacional, la maldad de los especuladores, la perversidad de la oposición que se niega a colaborar, y el empecinamiento de un lucero del alba que sigue dispuesto a mostrarse por el Este todas las mañanas. Admirable: el presidente asume con ejemplar talante democrático sus responsabilidades, no sin antes hacernos saber que responsables somos todos. Y con un repertorio capaz de dejar chica a la Filarmónica de Viena, lo mismo reitera ante Rajoy su disposición a controlar el déficit que, a renglón seguido y con Llamazares en la tribuna, jura por sus muertos que mantendrá el gasto social contra viento y marea. Nuestro Zapatero no conoce barreras, si soporta trabas. Su desparpajo no tiene límites. Él se siente libre como el viento -“la respuesta está en el viento”- para mentir y manipular a placer.

Su capacidad, con todo, para bajar a la bodega y salir a la superficie con un nuevo bote de humo en la mano con el que distraer al personal es casi infinita, como ayer quedó de nuevo demostrado. Desacreditadas todas sus versiones, cortocircuitado su intento último de involucrar al Rey en la melee, el acróbata leonés nos sorprendió ayer con el anuncio de una comisión (Salgado, Blanco y Sebastián) encargada de negociar reformas con el resto de partidos en el plazo máximo de dos meses. Y de paso, y si todo transcurre según el guión, aislar de nuevo al PP o al menos intentarlo. Ya conocen el dicho inglés, que algunos atribuyen a Napoleón, según el cual “si quieres que un asunto se eternice hasta pudrirse, nombra una comisión”. La propuesta, más que estrafalaria, es casi una ofensa a una nación que atraviesa por uno de los momentos, económicos y políticos, más difíciles de su moderna Historia. Casi una broma macabra, tras una crisis que dura ya dos años. Tomadura de pelo que servirá al inquilino de Moncloa para ganar dos meses, tomar aire y seguir trampeando, que de eso se trata. Él se lo puede permitir; España, no.

Porque esa me parece la clave del arco de esta legislatura: lo que está en cuestión no es el crédito del Reino de España, sino el de Zapatero. Quien ha perdido prestigio no es España, sino Zapatero. Quien no es fiable es Zapatero, no España. Días atrás, un empresario norteamericano de visita en Madrid me manifestaba su perplejidad por lo que había observado durante su corta estancia entre nosotros: “Es verdad que nosotros sufrimos a un tipo como Jimmy Carter que fue un desastre, aunque ni de lejos comparable a lo suyo. Pero, dígame una cosa, ¿es que no tienen ustedes filtros políticos que impidan que un personaje como éste pueda llegar a la Presidencia del Gobierno…?” Pues no, y aquí está el resultado. Un resultado que parece importar poco a muchos. Porque el personaje sigue contando con una claque -en la que figuran algunos directores de periódico-  formidable, tan inasequible al desaliento que hoy saldrá diciendo que el tipo estuvo sublime, que ganó el debate de calle, y que la culpa del desastre que nos aflige es del empedrado, es decir, de la oposición. De todos, menos del Gobierno.

Descubiertas casi todas sus habilidades, ayer tocaba sesión de humildad y oferta de diálogo a diestra y siniestra. Pero como las cosas no están para líricas estériles, el sublime humilde recibió una buena mano de hostias de la práctica mayoría de los grupos políticos. Particularmente acertado estuvo ayer Mariano Rajoy, claro, conciso y rotundo en los mensajes. La suya era ayer una prueba más peligrosa que difícil, sobre todo después del episodio real de los últimos días. Una sola referencia a la memoria bastó para dejar en evidencia al personaje que nos gobierna. Cito casi textualmente: “nos propone ahora una comisión que parece va a resolver los problemas económicos de nuestro país. Pues miré, usted acordó conmigo el 14 de octubre de 2008, en una reunión en Moncloa, la creación de una mesa de reformas estructurales, asunto que luego se hizo público. Dijo usted que es útil y absolutamente posible el diálogo en temas mayores entre los dos grandes partidos y con el resto de fuerzas políticas, y como presidente del Gobierno me corresponde hacer un gran esfuerzo para llegar a acuerdos. De modo que esto que acaba de decir hoy aquí ya lo dijo hace año y medio y no ha hecho usted nada”.

Esa es la madre del cordero: la incapacidad para tomar decisiones ejecutivas de un personaje ampliamente rebasado por la importancia del reto. El problema es Zapatero. El primer responsable es Zapatero, y corresponsable es el partido que lo sostiene, con sus diputados la frente. Rajoy tuvo ayer el arrojo de colocar la pelota en el tejado socialista, atrevimiento que sin duda escocerá en las filas de un partido que en marzo de 2008, y en campaña electoral, prometía el pleno empleo en esta legislatura. El epílogo no puede ser sino de desesperanza. Tenemos por delante dos años de sufrimiento y deterioro -económico, político y social- creciente, uncidos todos al carro de un político desacreditado, incapaz de vender otra cosa que no sea humo. Por desgracia, serán seguramente los denostados mercados los que, dentro de unos meses, se encarguen de darnos la puntilla.