¡Qué putada lo de Sáenz!

“Joder, qué putada”. La frase corrió como la pólvora por la Ciudad Financiera del Santander en Boadilla del Monte. Era lunes 17 de enero, y a

“Joder, qué putada”. La frase corrió como la pólvora por la Ciudad Financiera del Santander en Boadilla del Monte. Era lunes 17 de enero, y a la niebla que esa mañana oscurecía los perfiles metálicos de las modernas instalaciones del banco en el oeste madrileño, vino a sumarse la noticia de que el Tribunal Supremo (TS) había decidido condenar a Alfredo Sáenz Abad, 68, número dos y hombre de confianza del patrón, Emilio Botín-Sanz de Sautuola y García de los Ríos, marqués consorte de O'Shea, a ocho meses de cárcel, con inhabilitación para ejercer el oficio de banquero. El TS corregía y aumentaba una sentencia previa de la Audiencia de Barcelona que en diciembre de 2009 le había condenado ya por haber intentado cobrar a unos paisanos, por las bravas, un crédito de 640 millones de pesetas que a Banesto adeudaba una sociedad en suspensión de pagos de la que aquellos eran accionistas minoritarios. Sin que los aludidos hubieran firmado aval u otorgado garantía prendaria de ninguna clase, Sáenz pretendió afanar aquella pasta echándoles al cuello al famoso juez Estevill, experto en enviar gente a la cárcel a tanto la pieza. El fallo judicial dice que Sáenz quiso meter la mano en la cartera de unos honrados ciudadanos, y que además lo hizo inventándose una denuncia falsa, lo que en Derecho se llama estafa procesal. Demasiado para el banquero mejor pagado de España e islas adyacentes.   

A primera hora de ese lunes, la cúpula celebró en la Ciudad Financiera reunión de su Ejecutiva. Ante el gesto contrito del propio Sáenz, Botín tomó el mando: “Cómo no hay nada definitivo todavía, de aquí no sale una palabra sobre este asunto. Prohibido. Punto y final”. Y la consigna se siguió al pie de la letra de puertas afuera. Quienes, expectantes, sospechaban que el episodio podía suponer un varapalo para el banco en Bolsa, se llevaron ese día un buen chasco. La acción prácticamente no se movió, lo cual permite extraer algunas interesantes conclusiones al margen del escándalo que desde el punto de vista jurídico y moral atañe al caso. La más importante, para la marcha del negocio y la estabilidad del banco, es que el abandono del cargo por parte de Sáenz resultaría irrelevante. “La potencia del grupo es tan grande, su estructura tan fuerte, el portaaviones tan poderoso, que el negocio seguiría su rumbo sin inmutarse, sin desviarse un grado a babor o estribor”, asegura un gran conocedor de las tripas de la casa.

“Quien ha hecho grande al Santander ha sido Emilio Botín. Suyas han sido las dos o tres grandes decisiones estratégicas, caso de las compras en Reino Unido y Brasil a las que se opuso por igual un Sáenz que pensaba que eran dos operaciones tan costosas como arriesgadas”, cuentan en la Ciudad Financiara. La impronta del consejero delegado ha quedado en la capacidad para ganar dinero en el día a día a través de una maquinaria, una red, muy engrasada e igualmente exigida. “Eso sí es de Alfredo, un hombre que, a base de tecnología, ha mecanizado la gestión con un grado de eficiencia tan alto que su continuidad o no al frente de ese aparato es ya una anécdota, porque todo seguiría funcionando igual de bien con otro al frente, simplemente siguiendo las pautas ya establecidas”.

El episodio del TS ha venido a poner de manifiesto la estrechez de la cúpula del Santander, la cortedad de banquillo de un grupo extendido ya por los cinco continentes

¿Cuál es el problema, entonces? Para Emilio Botín esta sentencia llega en un mal momento, de ahí que necesite estirar los plazos, recurrir ante el Constitucional, mover Roma con Santiago y  ablandar voluntades para retrasar en lo que pueda la retirada de su segundo. A cuenta de las tensiones financieras que sacuden los mercados y que tienen a la deuda española en el punto de mira, el cántabro está viviendo los meses más tensos de su vida. “Mi hermano está que no vive”, aseguraba la pasada Navidad Jaime Botín, también llamado el navegante, de visita en Madrid. “La situación es tan delicada que España podría llevarse por delante un bancarrón como el de mi hermano”.

Ana Patricia dará directamente el salto a la presidencia

Las alternativas a Sáenz no son muchas. El episodio del TS ha venido a poner de manifiesto la estrechez de la cúpula del Santander, la cortedad de banquillo de un grupo extendido ya por los cinco continentes. También algunas lagunas en lo que a la “inteligencia corporativa” se refiere. O los servicios de información de la casa –eficaces en grado sumo, como ha quedado demostrado por el silencio de la mayoría de los medios de comunicación españoles- se han dormido en los laureles o confiaban demasiado en la pastueña Justicia española, porque de otra forma no se entiende la marcha de Ana Patricia Botín al Reino Unido para hacerse cargo del negocio británico, un movimiento que casi con seguridad “no se hubiera producido de haber existido el temor de que esto podía pasar”. El caso es que ahora se antoja complicado deshacer ese cambio y hacerle regresar a España, entre otras cosas porque ello vendría a ratificar la cortedad de ese banquillo, poniendo en evidencia que, tras la marcha del portugués Antonio Horta al Lloyds, el Santander no tiene más remedio que echar mano de la hija del dueño para sustituir al consejero delegado.

Lo ocurrido con Sáenz, en todo caso, acelerará el proceso de relevo en la cúpula que la propia edad de Don Emilio, camino ya de los 77 años, empieza a reclamar de forma natural. “Ocurre que Emilio tiene cada vez más difícil elegir sucesor, porque el paso del tiempo va restringiendo de forma paulatina su margen de maniobra. Él no sabe hacer otra cosa más que trabajar y, como todo tipo importante, de alguna forma se siente inmortal”. Botín es, en efecto, un tipo que vive por y para el banco, y reclama de sus subordinados a todos los niveles el mismo grado de entrega, de disponibilidad total, a cualquier hora del día, en cualquier día del año. “Emilio te roba tu vida, pero te paga su precio en oro, y además vives sentado en una poltrona de gastos, de parafernalia, de aviones privados, de hoteles de lujo… A partir de cierto nivel no hay vida privada, porque todo tu tiempo pertenece al jefe, y llega un momento en que ya no sabes salir de esa maraña. La reflexión, dolorosa, llega con la edad, cuando, con cincuenta y tantos tacos te das cuenta de que nunca cruzarás la meta en primer lugar, nunca llegarás a la cima porque el placer de contemplar el mundo desde cúspide está reservado para una sola persona, la hija del jefe”.   

Desde hace tiempo es moneda de curso legal en el BS que si algo le ocurriera al jefe de forma repentina, el sucesor sería Alfredo Sáenz. Sin dudarlo. Pero si el relevo se produce con Don Emilio en plenas facultades, la sucesora en la presidencia, la sangre manda, será Ana Patricia, quien, tras su estancia en Gran Bretaña, dará directamente el salto a la presidencia. “Emilio desconfía de un nombramiento de la hija como consejera delegada en plan rodaje. Difícil vender ante los mercados la posición de Ana Patricia, 51, como número dos, con su padre como número uno. Demasiado obvia la imagen de banca dinástica. Demasiado riesgo, además, porque si bajo su mando al banco le ocurriera algún percance importante, eso le inhabilitaría para la presidencia. Nadie puede impedir ese nombramiento. Ni mercados, ni Gobierno, ni Banco de España. “será una decisión del Consejo de Administración y punto”.  

Es la hora de Francisco Luzón

¿Vale para el cargo? “Para Botín, como para tantos padres, su hija es la mujer más inteligente del mundo. A lo largo de su vida, Emilio ha visto desfilar por el Santander a mucha gente importante, consejeros, ejecutivos y gente variopinta. Y piensa que todos han desaparecido, y que solo su fortuna sigue inalterable por encima de crisis y enganchones varios, de modo que esa misma estrella seguirá orientando la labor de su hija a la hora de proteger la fortuna familiar”. ¿Ha llegado la hora de Francisco Luzón? El ex de Argentaria, 63, en la actualidad responsable de América Latina, es un tipo muy bien considerado por Botín, y el segundo que más gana en el organigrama del banco, en cuyo contrato figura expresamente su derecho a despachar directamente con Don Emilio sin pasar por Sáenz. “Su verdadero valor ha consistido en estar en la reserva como potencial sustituto de Sáenz. Siempre se dijo que si a éste le pasaba algo o le daba la ventolera un día, el sucesor inmediato sería Paco Luzón que, como el propio Sáenz, es un gestor de primer nivel. Ese momento puede haber llegado”.

Lo ocurrido con Sáenz, en todo caso, acelerará el proceso de relevo en la cúpula que la propia edad de Don Emilio, camino ya de los 77 años, empieza a reclamar de forma natural

Una ventaja añadida como sucesor sería que, llegado el momento, Luzón abandonaría el banco al tiempo que el propio Botín, algo que el cántabro tenía pactado o casi con Sáenz: irse de la mano, para dejar el camino expedito a Ana Patricia. Una alternativa cómoda sería la de Matías Rodríguez Inciarte, estrecho colaborador que fue del ex presidente Leopoldo Calvo-Sotelo, y en la actualidad  vicepresidente y miembro de la comisión ejecutiva, un hombre muy “político”, especie de embajador-para-todo en aquellos compromisos que el jefe no quiere asumir porque le aburren.   

Llamadas de auxilio a Zapatero y Rajoy

Banquillo estrecho, pues, si bien el banco dispone de un segundo nivel de gente tan preparada como valiosa, “aunque jóvenes aún para asumir tan alta responsabilidad”, caso de Juan Guitart, descrito como “una mente prodigiosa, más en la órbita de Ana Patricia que en la de Sáenz, responsable de Auditoria, que es asunto muy importante en el Santander”, y caso también de José Antonio Álvarez, actual director financiero, “sin duda la mejor cabeza con que cuenta el banco, hasta el punto de que si Sáenz hubiera llegado a presidente él habría sido su consejero delegado”, y ello a pesar de no contar con perfil botiniano, “porque, conforme se va haciendo mayor, Emilio prefiere rodearse de quienes le han sido siempre fieles, gente como Tejón, Benjumea, los Inciarte, o Javier Marín, su niño mimado y ocasional compañero de golf, a pesar de todos sus desastres”.

Ahora el relevo generacional está cada vez más cerca. Con esa sensación de superioridad que produce el Poder con mayúscula, la maquinaria del banco ha empezado a trabajar a tope para torpedear la sentencia del Supremo, y ello a pesar de que la salida de Sáenz resultaría, como se ha dicho, irrelevante para la buena marcha del grupo. El intercambio de llamadas con el presidente Zapatero, del que Botín ha sido animador en la sombra e incansable asesor de reformas, ha sido una constante estos días. También se han cruzado mensajes con un Rajoy a quien el banquero invitó por primera vez a almorzar en el palacete familiar de Santander el martes 26 de octubre pasado (jornadas del Instituto de Empresa Familiar). Se trata de que el Constitucional que ahora preside el bizcochable Pascual Sala admita cuanto antes el amparo, paralizando la ejecución de la sentencia del TS, de modo que Sáenz –un hombre que en los USA estaría “a la sombra” haciendo compañía a Madoff, a cuenta de la tropelía cometida con Pedro Olabarría- y el propio Emilio puedan abandonar el Santander tranquilamente de la mano antes de que el alto tribunal, ad calendas greacas, alumbre una sentencia que, para entonces, poco o nada interesará a nadie. Cosas de la patria mía.    

Con Lupa
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