Una nueva desamortización

Cuentan los viejos del lugar que los pastores de La Vid, Burgos, ribera del Duero camino Soria, solían encender en pleno invierno sus fogatas sirviéndose de

Cuentan los viejos del lugar que los pastores de La Vid, Burgos, ribera del Duero camino Soria, solían encender en pleno invierno sus fogatas sirviéndose de las hojas que arrancaban de bellísimos manuscritos sustraídos de la biblioteca del monasterio de Santa María, donde los frailes premostratenses habían guardado durante siglos algunas de los mejores obras de copistas medievales existentes en el país. Del episodio da cuenta Pío Baroja en alguno de sus libros, testigo pasmado del espectáculo de aquellas hogueras cuyo humo enlutaba la bóveda estrellada del claustro, mientras las ovejas se abarloaban en la noche dentro del propio claustro y hasta en la misma Iglesia. Los restos de aquella gran biblioteca esquilmada por la desamortización de Mendizábal en 1835 fueron rescatados por los padres Agustinos que a partir de 1926 recuperaron el monasterio del abandono, y aún hoy muestran con orgullo al visitante algunos incunables de enorme valor –tal que un Corán manuscrito sobre pergamino en el año 528 de la Hégira- salvados de una tragedia, la de Mendizábal, primero, la de Madoz, después, que si no lograron el objetivo propuesto de rescatar de la miseria a la población campesina, sí consiguió en cambio hacer más ricos a quienes ya lo eran, a la incipiente burguesía industrial de la época aliada con la aristocracia terrateniente de siempre.

Ahora se prepara una nueva gran desamortización con cargo al sistema de Cajas de Ahorros que por bemoles se tienen que convertir en bancos, operación que promete hacer realidad una nueva camada de millonarios sobre la piel de toro, ricos a manos llenas en la España de los 5 millones de parados incapaz de pagar sus deudas. En esa España que amenaza pobreza para varias generaciones y obliga a emigrar a sus jóvenes mejor preparados, un ramillete de notables se dispone a forrarse, literalmente, en un par de operaciones a las que habrá que aludir en el futuro.

En esa España que amenaza pobreza para varias generaciones y obliga a emigrar a sus jóvenes mejor preparados, un ramillete de notables se dispone a forrarse

El tsunami de la gran crisis financiera surgida a finales de 2007 llevó a muchas de ellas a estrellarse contra los arrecifes. Con los restos del naufragio el Gobierno ordenó fusiones, facultó SIPs, creó FROBs y todo parecía encaminado a una problemática, por lenta, operación de sutura que, al menos sobre el papel, iba a culminar el 31 de diciembre pasado. Pero, oh sorpresa, apenas 20 días después, en pleno enero, el mismo Gobierno nos sorprende con un nuevo y revolucionario plan de choque destinado a hacer desaparecer las Cajas tal como las hemos conocido hasta ahora, para convertirlas en bancos. La labor de zapa de los grandes banqueros, en particular de Emilio Botín, sobre Rodríguez Zapatero ha rendido sus frutos. Al presidente le cuentan que, aunque está haciendo lo posible con reformas y reformitas para salvar a España de la quiebra y la consiguiente intervención, la tensión en los mercados no afloja por culpa de las Cajas y su negativa a asumir el deterioro de sus balances. Ningún inversor confía en ellas porque, “para empezar, José Luis, los mercados no entienden lo que son las Cajas”, de modo que no van a poder renovar o devolver la financiación mayorista que tienen contraída.

Hay, pues, que acabar con unas Cajas cuya naturaleza jurídica, por cierto, sí parecía ser perfectamente entendida hace apenas un par de años, cuando esos mismos mercados europeos de capital les permitieron endeudarse hasta las cejas para financiar la expansión del crédito hipotecario y las inversiones en suelo e inmuebles, loca estrategia a la que se entregaron sus gestores, con el visto bueno del Banco de España y el entusiasmo de unos  prebostes autonómicos –en la debacle de las Cajas hay muchos culpables- ansiosos por convertir las entidades en especie de bancos públicos de la Junta respectiva. Todo se agravó a principios de enero, con motivo de las colocaciones de deuda efectuadas por BBVA y Santander, que resultaron ser un fracaso tal que los bancos colocadores se vieron forzados a quedarse con parte importante de las mismas en las manos y si no perdieron la camisa fue gracias a las suculentas comisiones de aseguramiento que cobraron. Y entonces tanto Francisco González (BBVA) como Botín tocan a rebato y materialmente se echan encima de Zapatero para hacerle ver que los culpables de lo ocurrido son las Cajas, cuya delicada situación está contaminando a los bancos hasta el punto de hacerles muy difícil la salida a los mercados de deuda. “No queremos el negocio de las Cajas, queremos que las Cajas dejen de dañar la línea de flotación de nuestro negocio”.

Los grandes bancos presionan a Zapatero

Hay una reunión secreta entre los banqueros y el presidente que este diario documentó el pasado jueves. Y dicho y hecho: con el flotador de la gran banca anudado al cuello, Zapatero se tira al río y obliga a aparecer en escena a la frágil Elena Salgado y a su segundo, Campa, para que juntos entonen la palinodia mal  ensayada que para ellos ha compuesto el FROB y el Banco de España (BdE), dos personas distintas y un solo responsable verdadero: el gobernador Miguel Angel Fernandez Ordóñez, el gran culpable de la situación a que han llegado las Cajas y de su desaparición como modelo, un hombre que no ha cumplido con su deber como regulador y debería responder por ello ante los tribunales si este país fuera algo más que el espejismo en que se ha convertido, y a quien de repente le han entrado todas las prisas del mundo por acabar con las Cajas. Las supuestas discrepancias al respecto entre Fernández Ordóñez y Salgado no han existido nunca, entre otras cosas porque la señora ministra ni está ni se la espera a la hora de discrepar.

El genocidio de las Cajas se completará en Septiembre, momento en el cual todas las entidades que necesiten ayuda del FROB tendrán que haberse convertido en bancos. Y para convencer a los renuentes y animarles a caminar por el “pasillo de la muerte”, el regulador ha dispuesto elevar el capital básico (Core Capital) de las Cajas al 9,5% sobre activos ponderados (“entre un 9% y un 10%” ha dicho la Salgado con la precisión que le caracteriza), un guarismo que apenas un ramillete de entidades podrá alcanzar sin ayudas exógenas. “No salgo de mi asombro; no lo entiendo”, asegura el responsable de un SIP. “Estábamos haciendo el trabajo de reestructuración y saneamiento al que nos habíamos comprometido. El sector había quedado reducido de 45 a 15 entidades; han llegado gestores nuevos, se han cerrado oficinas, estamos saneando los Balances; le he enviado mi plan de negocio y Vd, Banco de España, me ha dado su visto bueno y, de repente, este palo. ¿Adónde quieren ir a parar con un core capital del 10%? ¿Cómo podremos competir así? ¿Es que no vale la eficiencia o la capacidad de generación de recursos? ¿Sólo el core capital? ¿Entonces, qué tendrán que hacer quienes tengan participaciones industriales…?".

Lo que ha hecho La Caixa. Que el regulador se ha puesto por fin serio, a buenas horas mangas verdes, lo están experimentando los cajeros en carne propia. “Los ajustes que está obligando a meter la Inspección al cierre del ejercicio 2010 están siendo terroríficos. Toda la reestructuración hipotecaria que el BdE se zampó estos años sin pestañear, ahora nos obliga a levantarla y ponerla en mora. Un ajuste de caballo de la cartera hipotecaria de esta magnitud se traducirá en que quien tenga un 8% de core capital se va a quedar en el 7%, porque esas dotaciones hay que llevarlas contra capital. En fin, que no hay escapatoria”, afirma el director general de una importante entidad. ¿Cómo conseguir capital? Buscando inversores privados, misión   imposible (incluso tratándose de “fondos buitres”) en unas circunstancias en que ni siquiera los bancos cotizados lo consiguen, o haciendo plusvalías, mal momento también para vender, porque “de poco te sirve hacer 50 millones de plusvalías cuando lo que necesitas son mil…”

La delicada situación de Caja Madrid-Bancaja

Sin inversión privada que ayude a alcanzar ese coeficiente del 9,5% y en la obligación de salir a unos mercados mayoristas cerrados a cal y canto para financiarse, la mayor parte de las entidades se verán forzadas de aquí a septiembre a aceptar la  inyección de fondos del FROB. El sector público entrará en el capital y con sus inspectores sentados en los Consejos controlará la gestión. Al cabo de cinco años las sacará a subasta. Será llegado el momento de los cazadores de gangas, los cuatro millonarios de rigor dispuestos a pescar en río revuelto. La nueva desamortización. Todo podía haberse abordado de manera más racional, incluso más democrática, utilizando un FROB que, con su capacidad de endeudamiento de hasta 90.000 millones, se creó para eso: para haber acometido el salvamento de casos extremos como los de CajaMadrid –¡en la villa y corte se corta el silencio, expectación, en espera del genio de Don Rodrigo saliendo del socavón!-, CatalunyaCaixa, NovaCaicaGalicia y Unnim (antiguas Terrassa, Sabadell y Manlleu), por este orden. Saneadas de verdad las dos vascas (BBK y Kutxa), la andaluza Unicaja y la aragonesa Ibercaja. ¿Cuál es el premio de haber gestionado bien y no haber hecho locuras?, se pregunta el responsable de una de ellas. “Pues ser arrastrado por la ola e ir a parar al sumidero colectivo al que nos conduce este Gobierno”.

Para huir del dogal del 9,5% La Caixa, con su proverbial habilidad para la puesta en escena, ha lanzado esta semana su CaixaBank. Simplemente la entidad que preside Isidro Fainé no podía aspirar, ni con desinversiones, a llegar a ese guarismo. ¿Qué hacer entonces? Traspasar el negocio financiero a Criteria, que ya está en Bolsa y que no tiene necesidad de alcanzar ese core capital, porque con el 8% que exigirá el Gobierno (que no Basilea III) a los bancos cotizados ya le vale. Así de simple. De paso, me sacudo de forma definitiva la sombra de la Generalitat. Perfecto Gatopardo. Y por el camino verde que va a la ermita va a desfilar la mayor parte del sector. Es el exterminio total del 51% del sector financiero español, error descomunal que lamentarán futuras generaciones. “El mayor desmán financiero de nuestra historia”, en palabras del catedrático Antón Costas Comesaña en El País, y ello con el beneplácito del 98% de los medios de comunicación, que consideran la desaparición del modelo de Cajas algo muy “moderno”. Dice la Historia que las desamortizaciones del XIX propiciaron un nuevo impulso a la deforestación de grandes zonas de España. El español, acérrimo enemigo del árbol, también lo es de la competencia y, en último extremo, de la libertad. ¿Será cuestión de genes?

Con Lupa
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