El 'antisistema' Rivera contra un PP en la UCI

Los próximos pasos de Ciudadanos darán pistas sobre la gravedad del estado en que se encuentran los populares

Foto: El líder de Ciudadanos. (EFE)
El líder de Ciudadanos. (EFE)

Un político de la Transición me recordaba esta semana que Pablo Casado es el único líder del PP salido de las vísceras del aparato madrileño. Ni Rajoy, ni Aznar, ni Fraga. Una metáfora de la hecatombe de los populares. Ya en el congreso de Valencia (2008) el registrador gallego acalló al PP aguirrista al grito de: "No se puede confundir a 25 personas de Madrid con España, porque España es mucho más grande". Y curiosamente, es Ciudadanos quien, tras haber irrumpido el 28-A en la España interior superando su antiguo arraigo urbano, puede usar la fórmula territorial para liderar el centro derecha.

Pues Albert Rivera ha asumido en estos años que la presencia mediática no es suficiente frente al poderío del tejido de un partido capilarizado. No hace tanto, en Génova se burlaban 'off the record' de que Cs recabase fichajes en sus filas para las autonómicas y municipales. Ya no les hace gracia. Rivera cava agujeros regionales con rebotados —Ángel Garrido, José R. Bauzà...— en un intento de evocar el deshecho en los bastiones del PP. A veces, sobreviene algún revés como el de Silvia Clemente. E, incluso, el riesgo de forjarse un perfil ambiguo. Pero Cs tiene afán de largo plazo: debilitar el todopoderoso aparato del PP, fortalecer su tejido orgánico.

Sucede que la derecha mayoritaria en España se construye desde el regionalismo. Era el espíritu de la CEDA y Gil Robles, como recuerda Carlos Sánchez. Lo estableció así el propio Fraga. Fueron las mayorías absolutas de Rajoy y Aznar, o la hegemonía de barones como Camps, Matas… Son Núñez Feijóo y Juanma Moreno, dos dirigentes cuya moderación era hasta anteayer obviada por Génova 13. El termómetro electoral de la derecha se ajusta en las periferias, lejos de la capital del Estado. Allí debió chirriar el giro del nuevo PP. No tras esos altavoces mediáticos que durante meses han acariciado el escoramiento de Casado.

Ello plantea un dilema para el partido naranja, enemigo de nacionalismos y distingos territoriales. Si Cs quiere de verdad anclar el sorpaso al PP, necesita baronías fuertes, presencia territorial no débil, que sea significativa. Su estrategia nacional llevó a retirar como baronesa en Cataluña a Inés Arrimadas. Pero que el espíritu de En Marche de la Francia jacobina no confunda la realidad de casa. España es una amalgama de guiños culturales, rurales, regionales… a los que el PP sabía adaptarse (PNV, País Vasco...). Y a los que el liberalismo no siempre se adapta (por eso es interesante el acuerdo de Cs con UPN en Navarra).

España es una amalgama de guiños culturales, rurales y regionales a los que el PP sabía adaptarse. Y a los que el liberalismo no siempre se adapta

De lo contrario, el auge de Cs puede quedar a expensas de una renovación drástica del PP y su líder. Su victoria no fue un mérito en solitario. "¡Los 'trackings' internos fallaron!", justifican fuentes populares sobre la fijación fracasada de Casado con Vox. El ruido mediático y el rechazo al marianismo forzó la obsesión con un partido que solo tiene 24 escaños. Hay ya en el PP quien se pregunta por un Arriola o Iván Redondo que arregle el desaguisado. Existe riesgo de que los populares acaben de hundirse en las municipales. Estos confían los muebles al aparato y unos pactos territoriales, donde, por ejemplo en Madrid, Cs aventaja a Isabel Díaz Ayuso.

La lucha con el PP, no obstante, se agravará desde una oposición autolegitimada. Con 57 escaños, Rivera cree conquistada la autonomía para plantar a Pedro Sánchez. Cs abandona ya la vocación de partido bisagra. Y, con ello, el motivo fundacional: ahorrar a PP o PSOE un pacto con los nacionalistas. Por eso, el político catalán desdeña que la patronal o los mercados vean mejor la entente con Sánchez. Rivera, que se abrió paso en la Cataluña pujolista, no quiere renunciar a superar, más joven y modernizado, a un PP envejecido y acosado por corrupción.

Cs, que se abrió paso en la Cataluña pujolista, no quiere renunciar a superar, más joven y modernizado, a un PP acosado por corrupción

Ahora bien. La vocación de partido mayoritario no solo vendrá del patriotismo o el discurso contra el independentismo. Tradicionalmente, ciertos nichos electorales han sido reticentes al liberalismo económico de Cs. Eso dio al PP en 2016 una capacidad mayor de resistir en la franja de mediana edad. Pero Juan Carlos Girauta parece haber encontrado solución. "El partido del Ibex era el PSOE. Algo por otra parte evidente. Cs es el partido de la clase media trabajadora, la gran perjudicada por el sanchismo, como constatan las últimas revelaciones fiscales", leo en su perfil de Twitter.

Algunos usuarios responden —con ironía— que Girauta es 'antisistema' por el comentario de lo que él luego llama 'establishment'. Los próximos pasos de Rivera darán pistas sobre la gravedad de la UCI en que se encuentran los populares. España no es sólo Madrid, "es mucho más grande". Rajoy dixit.

Con V de voto
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
21 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios