Sánchez, los 'millennials' y la cultura 'pop'

La socialdemocracia del siglo XXI ya no puede dirigirse solo a los obreros de las fábricas

Foto: El candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez (i), durante la primera jornada del debate de investidura. (EFE)
El candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez (i), durante la primera jornada del debate de investidura. (EFE)

Un observador externo al ámbito político me señalaba hace unos días la juventud de ciertos asesores del gabinete de Pedro Sánchez. Profesionales salidos de toda la geografía del territorio, seleccionados más por extensos méritos que por carné de partido, huyendo al esquema clásico de colocación. Y es que los júniores de hoy son los ciudadanos del mañana, como sabe el equipo electoral ‘monclovita’, que plagó el discurso del candidato a la investidura de elementos populares y crudas realidades sociales, a modo de guiño al segmento ‘millennial’.

Empezaba Sánchez mencionando varias veces a los ‘riders’, que son los conductores de bicicletas que reparten a domicilio. El último caso trágico fue la muerte en mayo de un trabajador de Glovo, atropellado por un camión. La precariedad laboral es una cuestión acuciante entre los jóvenes crecidos al albur de la crisis económica. Y la socialdemocracia del siglo XXI ya no puede dirigirse solo a los obreros de las fábricas, asumida la eclosión de nuevos oficios, que son además de consumo frecuente por sus iguales generacionales.

Pues tan importante es el 'target' juvenil para la batalla a la izquierda, que la eclosión de Podemos tuvo una causa en la brecha generacional, que hizo estallar el tablero político en 2015. Lo saben bien en el laboratorio de Moncloa. Los jóvenes socializados tras la Transición apostaron entre 2015 y 2016 por las dos formaciones de la “nueva política” (Podemos y Ciudadanos) por un amalgama de motivos que van desde el cambio cultural, económico y de cultura política –rechazando la endogamia del bipartidismo.

En ese sentido, otro de los guiños presidenciales fue en relación con las nuevas plataformas digitales que ofrecen series. Un ámbito de recreación frecuenta para el ‘millennial’ actual. “Hace pocas semanas supimos que una conocida plataforma digital audiovisual pagó en España, quédense con la cifra, 3.146 euros en concepto de impuesto de sociedades” dijo el presidente del Gobierno, sin nombrar a la archiconocida Netflix desde la tribuna.

Y es que a la formación morada ya le debería preocupar la ofensiva del PSOE, ya que, en palabras de un dirigente podemita, el pasado 28-A por primera vez hubo una masa de nuevos votantes que “no conoció el 15-M”. El PSOE recuperó entonces voto amplio en las capas juveniles, potenciando la comunicación con medidas como los “viernes sociales”. Aunque de jóvenes hay de todos los partidos, también a la derecha, y la precariedad es un denominador común.

Tanto así y metido ya en harina, el candidato a la investidura se colmó de gloria con uno de esos casos que, por entrañable, hacen las delicias de 'favs' y retuits. “Hace unos días me emocionó leer la historia de un hombre que empezó a trabajar con siete años en el campo y a pesar de ello caminaba 15 kilómetros diarios para ir a la escuela nocturna y obtener su graduado, que aprobó. Ese mismo hombre, ya jubilado y cuidando a su nieta, ha aprobado la Educación Secundaria Obligatoria. Esto es España”, afirmó sobre una historia que se parece a muchos hilos que circulan en Twitter a diario.

Precariedad laboral, cultura digital, redes sociales, banda ancha, economía colaborativa… El entorno compartido por una importante parte de la población. La ofensiva de Moncloa para socializar a una generación de votantes con el PSOE como partido referente social hace tiempo deja ver sus destellos en toda la acción ministerial.

Y atención, porque si la negociación con Podemos llegase a buen puerto, con la entrada al gabinete la diputada Irene Montero, el PSOE habrá completado el giro generacional. Tender la mano a esos jóvenes muy preparados que aborrecieron a sus mayores socialistas hace cuatro años por no ofrecer oportunidades como “izquierda real”.

Un abrazo del oso que la formación morada tendrá astutamente que contestar: la futura hipotética lideresa del partido llegó hasta la mismísima Moncloa, driblando la voluntad de Sánchez de gobernar en solitario, como referente destacado del primer gobierno de coalición.

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