El eslabón perdido entre Albert Rivera, la "banda" y Vox

La no-investidura ha evitado la primera parte de lo previsto en Cs: arrojar al PSOE contra ERC antes de la sentencia del 1-O, y contra Podemos y las subidas de impuestos

Foto: El líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)

Algo desencajó la cara de Pablo Casado cuando Santiago Abascal subió a la tribuna y rugió "¡Capos del Frente Popular!", más cercano a la "banda" de Albert Rivera, que al piadoso "elefante morado con lazo amarillo" del líder de los populares. "A ver lo que dura…", pensé por dentro sobre la moderación de Casado durante la investidura. Pues debería preocupar en Génova que las 'performances' de Ciudadanos converjan más en lo que se esperaría del estilo de Vox, que con el recuperado aire estadista del Partido Popular. Formas y vocabulario. Ideología a parte.

Y por ahí parece estar el eslabón perdido que vertebra ya la batalla por el liderazgo de la derecha. ¿Qué expectativa tiene aún Albert Rivera que algún día pueda ser el primero del bloque? No va a lograrlo por X, Y, Z…, diría cualquier analista sobre el gráfico. Y bien podría ser 'marketing', exceso de confianza, que al político catalán, hombre hecho a sí mismo, no le falta. "Está irreconocible, yo a este Albert no le conozco…", me desliza alguien que durante años le asesoraba, sobre las formas que gasta en los últimos tiempos.

O bien podría ser, simplemente, que nos falten datos. Vayamos al relato.

El eslabón perdido entre Albert Rivera, la "banda" y Vox

Rivera brujulea desde hace meses, en búsqueda de un nuevo fuelle con que remontar a su formación. Su vector de crecimiento saltó por los aires con la marcha de Rajoy. Primero, porque Sánchez encarnó la regeneración con la moción de censura. Segundo, porque Vox absorbió todo el flanco de la crisis territorial, reventando las expectativas electorales de Cs el 28-A. Este pudo 'sorpasar' al PP y si no lo hizo, fue en parte debido al hermano descarriado de los populares, Santiago Abascal

Tiempo pasado, toca reubicación, frente a un partido iliberal, ultraconservador (Vox), y un PP de Estado, moderación y gestión.

De hecho, los populares tratan ahora de huir a la retórica 'voxita', visto el mejor resultado del 26-M en sus feudos territoriales. Pero Ciudadanos no, sino que se amplía por ese flanco, con ademán histriónico, plagado de coletillas pegadizas, que banalizan el relato político y se nutre de acciones vistosas. Francisco de la Torre lo llamó "populismo infantil" este sábado en El Confidencial.

Todo comenzó con el término "sanchismo" y acabó con la "banda" y "plan Sánchez". Ni que decir que la "banda" es, electoralmente, la mitad de su país. Nacionalismo español, lo llamó Francesc de Carreras. Y frentismo, también. La cuestión es que la formación naranja gana a populares y 'voxitas' la batalla del relato: las palabras moldean mentes y votos.

Entre medias están las formas, como el plantón al presidente del Gobierno, que Rivera no se reunió con él. Una metáfora sobre el repudio institucional, que no sabemos si también aplicaría Abascal porque Sánchez no le invitó a Moncloa.

Después fue el condenable incidente en el Orgullo LGTBI a Ciudadanos (y antes, en el 8-M). La comitiva no quería a la formación naranja porque el manifiesto pedía rechazar "pactos" con la extrema derecha. Como no estaban allí ni PP, ni Vox —igual se dieron por aludidos— la formación naranja pudo capitalizar el rechazo de una parte de la derecha a la situación, a modo de "batalla cultural" -término usado por Vox- contra la izquierda. No contra los LGTBI, porque Rivera homófobo no es.

Desconcierta el discurso económico de Cs entre voces del tejido empresarial. "Ahora su programa es populismo fiscal"

A la postre, desconcierta el discurso económico de Cs entre voces del tejido empresarial. "Antes su programa era muy completo, ingresos y gastos cuadraban, siempre desde una perspectiva liberal, claro. Pero se notaba un reformismo con la mano de Roldán y Garicano, que son académicos de primer nivel. Pero ahora… es populismo fiscal. Bajar los impuestos. Vale. Pero ¿dónde, cómo, cuánto…?", me comenta un profesional del sector, en medio de la estampida de los cuadros económicos.

La pregunta es qué hipótesis baraja Ciudadanos y si triunfará con esta estrategia. Quizás esté abonando el terreno antes de una nueva crisis económica, quizás territorial, quizás de desafección política, lo que hizo estallar el sistema de partidos en 2015. Al PP le sigue faltando capacidad para seducir al votante joven, aun habiendo recuperado el de Vox.

Pero, de momento, la no-investidura ha evitado la primera parte de lo previsto en Cs: arrojar al PSOE contra ERC antes de la sentencia del 1-O, y contra Podemos y las subidas de impuestos. Curioso que las maniobras socialistas sean, a la postre, lo que mejor le viene al PP frente a Rivera.

Y de pronto, Feijóo emplaza a su partido a escuchar una oferta del PSOE para la investidura. ¿Una gran coalición? ¿Un pacto de puntos concretos? Huele ya a elecciones. Y Rivera, se sabe, siempre encuentra en el caos político una vía para crecer. Atento el PP.

Con V de voto
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