Casado y Rivera se enredan en el 'patriotismo' de Sánchez

A la derecha no le ha sentado nada bien que el candidato socialista se pusiera patriótico esta semana, enarbolando como el que más la idea de 'España'. Tensión en Génova y Alcalá

Foto: Pablo Casado y Albert Rivera, en un acto en el Congreso. (EFE)
Pablo Casado y Albert Rivera, en un acto en el Congreso. (EFE)

A la derecha no le ha sentado bien que Pedro Sánchez se pusiera patriótico esta semana, enarbolando como el que más la idea de 'España'. Suspense en Génova y Alcalá, que el presidente del 'relator' está dispuesto a rentabilizar el lío por la sentencia del 1-O. "¿Es que alguien cree que no íbamos a tomar medidas si se incumple la ley?", se sonrojan en Moncloa. Pero Sánchez podría allanar así el camino a Partido Popular y Ciudadanos, pues la ingobernabilidad post 10-N se prevé complicada y no puede haber terceras elecciones en España.

Y es que los populares se quedaron visiblemente fuera de juego el lunes, ante la opa socialista al que creían su dominio electoral: el defender la unidad de España. Tanto es así, que el PP más purista, el ideológico y de las esencias aznaristas —ahora de barba y moderadodesplegaba una lona ambigua y descafeinada en Génova: "¿Izquierda o derecha? España". De pronto, Sánchez subía los decibelios territoriales, dejando al PP contrarrestado, tras días moderándose Pablo Casado.

Pero precisamente, si se creen su propia pancarta, en Génova será absurdo en adelante pasarse la campaña desacreditando la exaltación patriótica de Sánchez. Ese mismo Sánchez que el viernes desplegaba una batería jurídica contra Parlament y Govern que puede derivar en responsabilidades penales. "Hay que primar la proporcionalidad. Hay muchos estadios antes de las medidas extremas", explicaban desde el entorno presidencial.

En primer lugar, porque por mucho que el PSC mantenga pactos con independentistas a nivel local, por mucho que Sánchez defendiese una vez la plurinacionalidad, no hay duda de que el PP apoyará al PSOE si hubiese que aplicar la Seguridad Nacional y un 155 en Cataluña. Por eso, al electorado no le resultarán creíbles los giros argumentales rebuscados. Cuando, además, hubo en el PP algunas voces dispares favorables a dejar pasar al PSOE en la investidura para dar estabilidad a España.

Eso lleva a una segunda evidencia: que el PP podría verse beneficiado del eje de 'partidos de Estado', si hay lío en Cataluña, porque la lucha principal de PP y PSOE es intra bloques.

Pedro Sánchez, en un acto del PSOE en Cáceres. (EFE)
Pedro Sánchez, en un acto del PSOE en Cáceres. (EFE)

De un lado, en Moncloa piensan que el eje patriótico en contexto de emergencia nacional puede ser una mole para Más País y Podemos, izquierdas plurinacionales. Así lo constató el entorno del presidente ya en 2017, con la aplicación del 155, cuando la formación morada le dio la espalda llevándolo al Tribunal Constitucional. Por su parte, el PP debe haber intuido ya que blandir dicho artículo a todas horas le acerca a Vox y Cs, expulsándole de la responsabilidad y la moderación.

Sin embargo, tal vacío le ha dejado al PP la 'apropiación' socialista, que el mayor choque de la semana fue por la 'batalla cultural' contra la izquierdacatedrales y memoria histórica— de los pata negra Ayuso y Almeida. Pareciera ese el único tema al que recurrir ante el boquete territorial que les deja un PSOE que se mueve por el eje nacional como pez en el agua. Pero si el PP quiere mantenerse 'moderado' este 10-N necesita otro eje de campaña. Y por eso Casado se agarrará a la Economía, como buque insignia de la gestión popular.

Pero no solo le costó al PP recomponerse. El partido de Rivera quedaba en 'shock' con la exaltación de Sánchez, tan acostumbrado a ser Ciudadanos quien cabalga a lomos del recrudecimiento del 'procés' catalán. Y ahora moción de censura a Torra —políticamente justificada— aun cuando ni la propia Inés Arrimadas se atrevió a la investidura —con los mismos números— tras ganar las elecciones en 2017 y lo pedía el PP.

Sin embargo, la estrategia de Cs por desgastar al PSC, por desgastar al PSOE y dar a conocer a una candidata ignota —Lorena Roldán—, quedará ya como mera maniobra electoral, una vez Moncloa ha obrado por la vía de los hechos ordenado al Tribunal Constitucional advertir a Roger Torrent, presidente del Parlament, de acatar las sentencias del TC.

Y todo ello no hace más que conducir al escenario post 10-N. El PSOE allana ya —con su marchamo patriótico— el camino a las derechas para facilitar su investidura. Llamativo es ya que Cs no ha votado otra vez en su Ejecutiva el "no es no" a Sánchez, a diferencia del 28-A y mantenga la mano tendida; quizás, por si el desplome les empujase a buscar de urgencia protagonismo en el PSOE.

Pues la investidura de un gobierno en solitario sigue siendo, en realidad, el sueño de Pedro Sánchez, que con el giro patriótico parece tener más cerca: romper en las urnas a la izquierda morada —"infiel" al Estado— para que le apoyen, y ganarse a las derechas —con su fidelidad al Estado— por si hiciera falta.

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