Sánchez frente a Torra: la sentencia del 1-O abre la campaña electoral

La decisión judicial que tiene que tomar el Supremo amaga con resucitar la languideciente precampaña. Moncloa se prepara para "unos días de máxima atención ciudadana"

Foto: Pedro Sánchez y Quim Torra, durante su encuentro en Pedralbes. (Reuters)
Pedro Sánchez y Quim Torra, durante su encuentro en Pedralbes. (Reuters)

La sentencia por el 1 de octubre amaga con resucitar la languideciente precampaña electoral por el 10-N, cual revulsivo entre unas fuerzas políticas estatales, más preocupadas hasta ahora en echarse la culpa del bloqueo. En la sala de máquinas de Moncloa se preparan desde hace algún tiempo para "unos días de máxima atención ciudadana", fiando el despegue de un Pedro Sánchez -estancado en las encuestas- a los focos que tendrá puestos el Ejecutivo. Pero el 'procés' lleva meses atomizado y sin rumbo alguno, haciendo improbable que la Generalitat se arriesgue a participar de una escalada del conflicto.

La pantalla de 2017 es historia y el Govern no está dispuesto ahora a más causas penales, pese a haber alimentado durante meses las expectativas con sus cantos a la "autodeterminación". La Conselleria de Interior garantizó hace unos días la obediencia de los Mossos, mientras la portavoz, Meritxell Budó, rompió amarras con el tejido asociativo. Deslizaba Budó, lavándose las manos, que un gobierno no puede hacer "desobediencia civil" 'stricto sensu', pero "máximo respeto" a lo que decidiese la sociedad civil.

De hecho, este parece ser ya otro nuevo mantra del 'procés': eximir a sus líderes de toda acción 'procesista', dejando —con descaro— en manos de los ciudadanos toda protesta y sus consecuencias (económicas, legales…). Curiosamente, el mismo trasfondo que esbozó Toni Comín en su polémica entrevista en 'El Periódico' esta semana.

Y un fondo similar se visualizará tras la sentencia. Es decir, que la movilización quedará previsiblemente en manos de ANC, Òmnium y la sobrevenida plataforma llamada 'Tsunami democràtic'.

De hecho, pareciera esa la consecuencia del legado de Torra, especializado en la 'performance propagandística'; las subidas de tono; el simbolismo (rezos en Montserrat por la sentencia); plenos crispados para reprobar a las instituciones del Estado (Rey, Guardia Civil, tribunales, Fiscalía…); o teatrillos (como la pancarta de Palau por los presos) como única estrategia para seguir urdiendo relato 'procesista'. Todo ello, a la espera de una sentencia que devuelva la cohesión a los partidos independentistas y dar una nueva orientación a un 'procés' que fracasó hace dos años.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en el Parlament. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en el Parlament. (EFE)

Ahora bien, los últimos movimientos legales de Moncloa suben el coste para los políticos independentistas sobre prestarse a una nueva escenificación simbólica en el Parlament, como respuesta a la sentencia —a modo de pleno monográfico o declaración política . El Tribunal Constitucional apercibió el jueves al 'president' de la cámara, Roger Torrent, de las responsabilidades penales de permitir votaciones donde se apruebe nada relativo a la "autodeterminación".

El papel de ERC será también clave, dado que los días pares aplica estrategia pactista y los impares se suma a los shows de la cámara, poniendo cara de circunstancia en el caso del 'vicepresident' Pere Aragonès. En palabras de una personalidad de Esquerra. "A menudo nos debatimos entre destapar el unicornio, o no". Es decir, entre decir claro y en alto que el espíritu de la confrontación de inspiración 'puigdemontista' no ha lugar.

Así las cosas, la acción legal previa de Moncloa rebaja el escenario que encontrará Sánchez ante la sentencia. El Gobierno dice tener todos los escenarios previstos, pero su capacidad de exhibir aval de gestión podría ser determinante para que el PSOE remonte en las encuestas, en el marco de la estrategia patriótica de los últimos días.

Sin embargo, cualquier escenario de crispación en la calle, o desórdenes de los CDR —incluso, aunque esto no se produjese— será explotado como caldo de cultivo entre los partidos de la derecha. El conflicto soberanista ha sido la locomotora de crecimiento de Ciudadanos a lo largo de estos años, y recientemente de Vox. Y, precisamente, las encuestas auguran en este momento un desplome a la formación naranja, en medio del bandazo de última hora de Albert Rivera, mientras los voxitas luchan por mantenerse.

La duda es la posición que tomará el Partido Popular en relación con el PSOE, después de que Pablo Casado haya apostado fuerte por la estrategia de la moderación que refuerce su perfil presidencial. La reacción ante la sentencia por el 1-O pondrá así a prueba la contención de Casado frente a las formas de Cs y Vox. Es más: el actual presidente popular siempre criticó como causa de la debacle del PP la supuesta "moderación" de Mariano Rajoy frente al independentismo, pero la deslealtad con los socialistas tendría sus costes.

A la postre, la reacción de Podemos parece más esperada, en su defensa del soberanismo y los llamados "presos políticos" por parte de Pablo Iglesias. La posición de los morados reforzará la tesis de campaña de Sánchez, sobre por qué fracasó la coalición con Iglesias como vicepresidente, ante esa "deslealtad" a España. De eso iban también estas elecciones.

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