Franco resucita la campaña de Sánchez y sepulta el relato del 'procés'

La exhumación del dictador del Valle de los Caídos enterró durante unos instantes el efecto de las algaradas independentistas en Cataluña. Son tiempos de atropello informativo

Foto: El líder del PSOE, Pedro Sánchez, en un acto del partido en Guadalajara. (EFE)
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, en un acto del partido en Guadalajara. (EFE)
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La campaña de Pedro Sánchez sufría hace unos días bajo las barricadas de fuego en Cataluña, pero la exhumación de Franco del Valle de los Caídos sepultó esta semana durante unos instantes el efecto de las algaradas independentistas. Son tiempos de atropello informativo. Tanto así, que la salida del féretro del dictador sirvió un doble efecto al tablero político: reanimar al PSOE de un frenazo en los sondeos a las puertas del 10-N, y noquear el relato del 'procés' sobre que España es un "estado fascista", ante las manifestaciones este sábado contra la sentencia del Tribunal Supremo.

En primer lugar, la escena a las puertas de Cuelgamuros devolvió a Sánchez de forma efímera a aquel fructífero escenario del 28 de abril para los socialistas, que pivotó sobre la polarización con Vox. Tejero al fondo de la escena, los 'vivas' frente a la Basílica, y Santiago Abascal hablando de "profanación" de la tumba, bastaron para que Sánchez capitalizara desde el atril institucional de Moncloa, máxima visibilidad, una antítesis histórica: entre el presidente que llevaba flores a las 13 Rosas, y Ortega Smith, que las acusó de "violar, torturar y asesinar".

Pero si el PSOE apareció como el principal estandarte de la exhumación también fue por la lógica electoralista del resto de partidos, en un país donde el tratamiento sobre el pasado no goza de consensos mínimos y sigue siendo aún un elemento de disputa —más, a las puertas del 10-N—. Empezando por los más afines, Pablo Iglesias, con Podemos renqueante en los sondeos, calificando de "funeral de Estado de Franco" la jornada, una queja compartida por un sector del independentismo, y la denuncia del PNV de una "fiesta de exaltación".

El centroderecha, en cambio, no arremetió contra la exhumación como Vox, sino que se refugió bajo la acusación de "electoralismo". Entre pasar de puntillas o el silencio, el Partido Popular pareció no querer molestar a la sociología de algún votante envejecido. Eso dio el protagonismo a Abascal. Y, precisamente, la pujanza de la formación ultra —copando el espacio de ese rechazo— amenazó con recortar los 100 escaños en los que ya se veía Pablo Casado, a lomos de la exacerbación de la crisis catalana la semana anterior.

La familia Franco entra al Valle de los Caídos para la exhumación. (EFE)
La familia Franco entra al Valle de los Caídos para la exhumación. (EFE)

Ciudadanos también mantuvo perfil bajo, sumergido ya en tierra de nadie sobre cuál será su estrategia en adelante, ante el desplome que le vaticinan los sondeos. Es decir, si optar por la voxización de Albert Rivera hace unos días —afirmando que quería ser presidente "para meter en la cárcel" al golpismo—; o volver al Rivera que apoyó la exhumación en 2017 —gesto que le acercaría al votante del PSOE—, o el Rivera en línea ambigua con la abstención ante el decreto-ley de Sánchez en 2018 —cuando ya ansiaba sobrepasar al PP y liderar la derecha—.

El resultado de todo ello fue que Sánchez aplacó por momentos a un PP y Cs que la semana anterior se deshacían en críticas de más contundencia en Cataluña.

De hecho, la exhumación sirvió también para asestar un golpe al relato independentista sobre que España no es un Estado de pleno derecho. Más allá del PSOE, los tres poderes de la democracia española avalaron sacar al dictador de la fosa, doblegando asimismo la voluntad de la familia Franco, por amparo directo del Tribunal Supremo. Es decir, la misma institución que condenó a los líderes del 'procés'. Y es el mismo tribunal contra el que se manifestará este fin de semana el independentismo.

Sin embargo, el 'procés' sigue siendo de efectos imprevisibles, si algunos participantes en las movilizaciones de este sábado amagan con "cronificar el conflicto" hasta el 10-N —como aseguró Sánchez en la entrevista este viernes en Al Rojo Vivo con Antonio García Ferreras—. Ese sería, nuevamente, el peor escenario para Moncloa. Es decir, si la estrategia de la "templanza" por la que aboga el presidente sigue haciendo girar España hacia la derecha, ante las imágenes de los adoquines volando y Cuerpos de Seguridad heridos.

Ahora bien: quizás haya en la manifestación constitucionalista del domingo un mensaje encubierto con la participación del PSC, junto a PP y Cs. Es decir, los tres unidos sepultando el relato del 'procés', como ocurriera el 8 de octubre de 2017. Ese escenario sería el mejor ante un Sánchez estancado electoralmente, a las puertas del 10-N: que la ciudadanía vea en su "moderación" la única forma de procurar la convivencia en Cataluña. Pues "el independentismo prefiere que gobierne la derecha" fue el mensaje sutil del presidente, en la entrevista de este viernes.

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