La venganza de Torra contra el tándem Sánchez-ERC

Qué es la política hoy sino leer el contexto y aplicar la estrategia certera en el momento preciso. Poco de justicia, menos de meritocracia

Foto: El líder del Gobierno de Cataluña, Quim Torra. (Reuters)
El líder del Gobierno de Cataluña, Quim Torra. (Reuters)

Me escribió una fuente del espectro soberanista este martes, suspicaz ante el clima que se palpaba a las puertas del Parlament tras quedar Quim Torra suspendido de su acta de diputado. "Ya no es por Torra, ahora vamos contra todo", fue la consigna que llamó la atención de mi confidente. Y precisamente en ese caldo de cultivo antipolítico transcurrirán las elecciones catalanas. Un ambiente que amenaza las pretensiones de ERC de vencer a Junts per Catalunya y con ello, aparcar la estrategia 'saltimbanqui' de Torra al frente de la Generalitat (aquí explicado).

De resultar así, no sería la primera vez que JxCAT quebrase —contra todo pronóstico— los anhelos victoriosos de Esquerra a las puertas de unos comicios. La última vez ocurrió en 2017, cuando Carles Puigdemont enarboló el frame del "legitimismo" del Govern suspendido con la aplicación del 155. Ya entonces Oriol Junqueras se creyó capaz de barrer a Puigdemont blandiendo la dicotomía "O Ciutadans o ERC". Aunque los votantes premiaron a la postre el relato unitario que vendía, paradójicamente, el huido de Waterloo.

Pero qué es la política hoy, sino leer el contexto y aplicar la estrategia certera en el momento preciso. Poco de justicia, menos de meritocracia. Al contrario: la política exalta el oportunismo, aun más, desde que el relato se instaló como uno de sus pilares fundamentales. Y a eso se dedicó Torra esta semana: a reventar el escenario que desde hace meses venía pergeñando ERC. Es decir, a inmolar la idea de la 'distensión' con Moncloa y la 'desjudicialización' del Estado que Oriol Junqueras prometió a las bases, a cambio de su abstención en la investidura de Pedro Sánchez.

Pasa, que mientras el proyecto de los republicanos consiste ahora en el autonomismo —para obtener alguna concesión que exhibir ante sus bases, a lo antigua CiU— la estrategia Torra-Puigdemont solo se basa en hacer el saltimbanqui por Europa o el balcón de Palau, conformándose con más batallas estéticas que políticas.

Tanto así, que JxCAT acudirá a estas elecciones sin candidato, sin partido, sin programa. Solo a lomos de una consigna fortuita: la 'traición' de Junqueras —que pregonarán de forma encubierta los neoconvergentes— por la inhabilitación y cese del 'president'. Los republicanos, dirán sus rivales, se plegaron ante el aparato judicial del Estado. Por eso, JxCAT buscó dominar la estética en la sesión parlamentaria de esta semana: exhibiendo la ruptura del Govern y señalando al culpable de cumplir la ley. Como si Roger Torrent (ERC) tuviera otra salida legal.

El líder del gobierno de Cataluña, Quim Torra. (Reuters)
El líder del gobierno de Cataluña, Quim Torra. (Reuters)

Y a la caza de ese sentimiento antipolítico podría brujulear el amalgama JxCAT. De hecho, la esencia del llamado 'Tsunami democrátic' se basaba en la deconstrucción del concepto de 'partido político'. El objetivo era fundirse entre la movilización ciudadana —casi un ritual independentista tras el 1-O—. Esa idea, de hecho, beneficia más al espectro CiU porque no existe ya como partido. Al contario: ha sobrevivido este tiempo, primero, debido al empuje del 'procés', y segundo, a través de la lista disforme de Puigdemont en 2017.

Sin embargo, reflexionaba también mi fuente sobre cuál será el hilo que decantará la batalla entre ERC y JxCAT en los comicios —que podrían ser hacia el verano u otoño—. "No vencerá quien lo haga mejor, sino quien lo haga menos mal", de entre los partidos independentistas, me comentaba. Y eso explicaría dos cuestiones. La primera, por qué Torra espera a la aprobación de los presupuestos para que haya elecciones. La segunda, por qué Moncloa ha rectificado su criterio de abandonar la mesa de diálogo con los republicanos.

En el primero de los casos, el 'president' podría no tener como objetivo simplemente ganar a ERC. La desorientación del espacio CiU es tan acusada, que los republicanos podrían hacerse con la primera plaza. Así pues, quizás JxCAT vea más incentivos en limitar las posibilidades de que el Tripartit 2.0 fructifique. Es decir: que Junqueras vuelva a depender mucho de Puigdemont y que la tan aclamada vía de la distensión —Tripartit— pinche. Para ello, el 'president' necesita primero cubrir las necesidades de los estómagos que penden de su administración.

En el segundo de los casos, la mesa de diálogo es vital tanto para ERC como para Sánchez. Una no puede aparecer perjudicada ante la opinión pública independentista. El otro, sabe que de Junqueras depende la legislatura en España. Y, quizás por eso, Sánchez ha convertido la gestión del 'procés' en un spot electoral para que una Esquerra fuerte gane las elecciones. Esperando quizás que un Tripartir 2.0 rompa el frentismo del Govern, devolviendo a Cataluña al marco plenamente autonomista de antes de 2012. Torra, en venganza contra el tándem Sánchez-ERC.

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