¿Pueden Casado y Arrimadas frenar a Vox?

La reconstrucción del centroderecha podría haber comenzado, casi sin avisarlo, un año después de la foto de Colón, donde aparecían Albert Rivera, Santiago Abascal y Pablo Casado

Foto: Inés Arrimadas, a la derecha, en un acto con Pablo Casado e Iván Espinosa de los Monteros. (EFE)
Inés Arrimadas, a la derecha, en un acto con Pablo Casado e Iván Espinosa de los Monteros. (EFE)
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La reconstrucción del centroderecha podría haber comenzado, casi sin avisarlo, un año después de la foto de Colón, donde aparecían Albert Rivera, Santiago Abascal y Pablo Casado. Y es que de prosperar la oferta de Ciudadanos al Partido Popular sobre concurrir juntos a los comicios de Cataluña, Euskadi y País Vasco, se podría entender casi como un ensayo general de aquella hipotética candidatura estatal, con que una vez el PP fantaseó bajo el lema de 'España Suma'. Esa, una unión que a largo plazo podría actuar de revulsivo en el centroderecha para intentar frenar a un Vox pujante.

Sucede que esta semana se evidenció que la formación de Abascal cabalga a lomos de un contexto socioeconómico latente que le es favorable. Los 'voxitas' trataron de capitalizar la revuelta del campo español, en ese viraje proteccionista que manifiestan desde la campaña del pasado 10-N. Su líder fue recibido entre abucheos y aplausos en la manifestación. Sin embargo, el mensaje era claro: Vox aspira a dirigirse a los sectores perjudicados por la crisis —clases medias precarizadas— y la globalización —como en el caso de la agricultura (aquí explicado)—.

A esa coyuntura se le suma la extrema dependencia de PP y Cs en los municipios y provincias donde gobiernan (Murcia, Madrid, Andalucía…), y la habilidad de Vox para introducir sus temas en la agenda mediática. El 'pin parental' aún colea en la Comunidad Madrid, ante la necesidad de Isabel Díaz Ayuso de aprobar las cuentas, con los 12 escaños liderados por Rocío Monasterio. Una polémica donde, de nuevo, PP y Cs exhiben serios apuros para no dejarse arrastrar, a diferencia de la experiencia 'merkeliana' en Turingia.

Pero si la reconstrucción del centroderecha ha comenzado, antes deberían prosperar los pactos regionales. Los populares son conscientes de la situación precongresual delicada de Inés Arrimadas, a quien no le beneficiaría presentarse a primarias con el rol de haber entregado el partido al PP. Por ello, la prudencia es extrema en las filas de Casado, tras la marcha de Rivera. De hecho, la ambición del líder saliente era el principal escollo para que la unión fructificase. Pero ahora, incluso se aprecian dinámicas de cooperación con Cs en el propio Congreso, lejos de las rivalidades de antaño.

La portavoz de Ciudadanos en el Congreso, Inés Arrimadas. (EFE)
La portavoz de Ciudadanos en el Congreso, Inés Arrimadas. (EFE)

Aunque el reto estará en las renuncias que suponga a Cs y PP conjugarse en territorios tan dispares. En Cataluña, se augura una caída fuerte de los naranjas, en paralelo a la casi desaparición de los populares. Para ello, el objetivo del tándem sería darle un aire transversal a la candidatura, que intentase llegar hasta los votantes desafectos con el PSC. En Galicia, por su parte, el discurso centralista de Cs no casa con la idea del 'galleguismo' de Alberto Núñez Feijóo. Finalmente, la formación naranja ha sido el principal ariete contra el cupo vasco en Euskadi, algo que el PP sí defiende.

La pregunta, por tanto, es la capacidad de Vox para penetrar en tres comunidades donde ya el centroderecha clásico tiene tintes regionalistas acusados —lo mismo ocurre en Navarra—. Es decir: sobre si un discurso patriótico español puro, que confronte el sentimiento regional y cuestione el Estado autonómico, puede tener éxito. El paradigma es Euskadi. La lucha soterrada en el PP es a cuenta de la voluntad de Alfonso Alonso de acercarse a un "foralismo" parecido al PNV, lo que hizo saltar a la línea más combativa de Cayetana Álvarez de Toledo.

Porque si la construcción del centroderecha ha comenzado, la suerte en el plano estatal del centroderecha dependerá de otro contexto, que será el éxito o fracaso del Gobierno de Sánchez e Iglesias. Pese a ello, una candidatura conjunta sí ayudaría a escenificar las líneas rojas frente a Vox. De un lado, porque la absorción paulatina de Cs renovaría el crédito de los populares en temas sociales como el feminismo. Segundo, los naranjas aspirarían al presunto votante socialista desafecto con Sánchez. Aunque el gran reto, a la luz del CIS, sería atraer voto joven, ese que anida en Vox con fuerza por debajo de 44 años.

Ahora bien: ese sendero de reconstrucción de PP-Cs quizás encuentre ahora más complicado diferenciarse y ser el dique de contención a ese discurso iliberal y populista que, de forma pasiva o activa, PP y Cs vienen legitimando hace meses. En la memoria, aquel Rivera que habló una vez de "ser presidente para detener a Torra" —en lenguaje similar al de Abascal—; o incluso, aquel Casado que listó hasta 21 insultos hacia el presidente del Gobierno y que participa junto a Vox de una oposición al Gobierno de PSOE y Podemos vía Congreso y vía tribunales.

Aunque el ensayo y error de populares y naranjas parece haber comenzado.

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