Iglesias, alerta 'antipopulista' en Moncloa

En la Moncloa socialista celebraban la disciplina del ala podemista, ante esa mezcla entre jerarquía y amor por el Estado que demuestra la formación del vicepresidente del Gobierno

Foto: El vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, en el Congreso. (Reuters)
El vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, en el Congreso. (Reuters)
Adelantado en

En la Moncloa socialista celebraban la disciplina del ala podemita, ante esa mezcla entre jerarquía y amor por el Estado que demuestra la formación de Pablo Iglesias. Aplaudir al Rey cuando procede; transigir con la exministra Dolores Delgado como Fiscal General; e incluso, cerrar filas con Pedro Sánchez. Podemos parecía así atado en corto, gestionando carteras de poco peso económico en los presupuestos generales. Pero un mes después de la investidura, se empieza a notar cierta presencia del germen populista en el Consejo de Ministros.

Sucede que levantó ciertas suspicacias que el vicepresidente Iglesias y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, plantaran este viernes a las asociaciones Asaja, COAG y UPA, patronales agrarias, que estaban citadas a una reunión junto con los sindicatos de jornaleros para abordar el conflicto agrícola. –Un Pablo Iglesias que, de hecho, no tiene competencias sobre el campo, pero que con su presencia habría obtenido la foto–. Un plante que, además, desencadenó que la patronal CEOE abandonara otro encuentro sobre la reforma laboral entre el ministerio de Trabajo, UGT y CCOO.

Pero más allá de si la anécdota fue culposa, o fruto del malentendido, lo que debería llamar la atención de Moncloa es el mensaje que se lanza. Lo que se pudo leer, tan sutil e imperceptible, se resumiría así: el Gobierno (Podemos), que está por la ‘clase trabajadora’, desaira a los terratenientes/propietarios agrícolas, molestando al empresariado –que en España es básicamente PYMES–. Es decir, un maniqueísmo simplista que recuerda a aquella consigna de la formación morada sobre “los de arriba y los de abajo”, en una dialéctica frentista e injusta.

Porque esa lectura no cae en el vacío. De fondo están las polémicas declaraciones del líder de la UGT, Pepe Álvarez, sobre la “derecha terrateniente y carca”, que el propio Álvarez corrió a matizar luego –asegurando que no se refería a los agricultores. Segundo, el estallido del campo vino en paralelo a la subida del Salario Mínimo. Es decir: un caldo de cultivo abonado a cierto resentimiento con las patronales, donde Podemos, por acción u omisión, parece estar capitalizando mediante sus gestos recientes.

Protestas de los agricultores este viernes en Córdoba. (EFE)
Protestas de los agricultores este viernes en Córdoba. (EFE)

Pasa que un Gobierno se caracteriza por no ser de parte, sino de todos. Eso no quiere decir que un Ejecutivo de izquierdas priorice las medidas sociales, de forma legítima y avalada en las urnas. Lo que no sería de recibo es caer en la tentación de avivar una especie de resentimiento entre las partes del diálogo social, trabajadores y empresarios. Menos todavía, con las leyes de tanto calado que están por venir –como la reforma laboral–. Menos aún, después de que Díaz e Iglesias hubiesen exhibido un talante cordial con la patronal para la subida del SMI.

Podemos empieza a cabalgar las contradicciones de formar parte del Consejo de Ministros. La formación morada se había hecho a eso de ser socio del PSOE sin soltar la pancarta callejera. Se plasmó también ante el encontronazo de Iglesias con el Poder Judicial, hace unas semanas. Pero ahora que su partido es gobierno, es sistema, irremediablemente habrá otras fuerzas que luchen por capitalizar la pulsión del malestar ciudadano. Ahí brujulea Vox, que intentó ponerse al frente del descontento del campo, a lomos de una pulsión pro-proteccionista (y anti-globalización), que encaja con sus intereses electorales.

De hecho, resalta que tras la entrada de Podemos en el Gobierno, si se sigue su cuenta de Twitter, a veces hasta daría la impresión que hacen el discurso de un partido de oposición. –Nada obliga a que los socios de coalición no puedan discrepar cuando convenga–. Pero roza el populismo que Iglesias y sus ministros apoyen sin fisuras a Sánchez, mientras la formación morada sigue a menudo anclado en la queja. Un hecho que poco tiene que ver con su privilegiada posición para poder decidir sobre la vida de los ciudadanos.

Es más, esa inquietud en Podemos por no perder la pancarta de protesta explicaría que Iglesias apele a menudo a que los movimientos sociales presionen como forma de control gubernamental. Porque de otro modo, si ellos son la ‘gente’, y la ‘gente’ sigue protestando en la calle, será que no cumplen su labor de representación. Por otra parte, esa táctica es de doble filo para la oposición. Si el control es de la calle, y además se deslegitima a PP y Ciudadanos, metiéndolos en el saco de Vox, la oposición pierde su principal –casi única– función.

Sin embargo, es indudable que Podemos le da lustre al PSOE en todas aquellas cuestiones en que el centroizquierda vio sus banderas desvanecerse antes de 2015 –para ese reclamo nació la formación morada–. Pero existe una línea muy fina para el PSOE, si no quiere perder su vocación de partido transversal. Es decir, que una cosa es defender la justicia social –ante contexto de precariedad social avalado, entre otros organismos, por la OCDE– y otra, quedar atrapado en la repartición de carnets maniqueos, del lado de la formación morada.

Iglesias, alerta ‘anti-populista’ en Moncloa

Con V de voto
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
25 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios