Pablo Iglesias y el 'agitprop' gubernamental

La resignación del presidente Sánchez daría la pista de hasta qué punto la performance de su vicepresidente no es del todo dañina para los intereses socialistas

Foto: El vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. (EFE)
El vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. (EFE)

Pablo Iglesias, que no hace mucho confesaba tener más querencia por la dirección de un telediario que de una consejería, abrazó esta semana la estrategia de 'agitprop' para recomponer los pedazos del bloque de investidura que ha dejado tras de sí la errática política de alianzas de Pedro Sánchez para el estado de alarma. El relato pasa por la evocación de una derecha “golpista”, guerracivilista, con pretensiones hasta sobre el Ejército, según Irene Montero. El objetivo es facilitar a Esquerra Republicana el regreso al redil monclovita, y alejar a Ciudadanos y al Partido Popular de cualquier acercamiento con el presidente.

Eso explicaría el choque de Iglesias con Iván Espinosa de los Monteros (Vox), nada menos que en la comisión de reconstrucción del Congreso. Iglesias blandió la carta del "golpe de Estado", siguiendo la escabrosa senda servida por la portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, con la grave acusación de "terrorismo" sobre su padre, cuando a este no se le conoce ningún delito de sangre por su antigua pertenencia al FRAP durante el franquismo. Una alusión que incluso sirvió para dejar una vez más eclipsado a un Pablo Casado que no acaba de asentar su autoridad sobre el tablero político.

Sin embargo, el guion del enfrentamiento parlamentario se escribía solo, tras el pacto del Gobierno con Bildu y después destitución del coronel Diego Pérez de los Cobos. ‘Terroristas’ contra ‘golpistas’ y la polarización estaba servida.

"Si el malestar se cruza con el enfrentamiento entre bloques izquierda-derecha, será más complicado que Abascal triunfe en ese objetivo"

Esa nebulosa polarizante es precisamente la que necesita Iglesias para que Vox no triunfe en su estrategia ‘populista’ de capitalizar el malestar social y económico que dejará tras de sí la pandemia. Es decir, que si la desafección hacia el sistema político se vuelve transversal en la sociedad, el partido de Santiago Abascal intentará abrirse paso entre los nuevos ‘indignados’ a los que solía dirigirse el partido morado. Si el malestar se cruza con el enfrentamiento entre bloques izquierda-derecha, será más complicado que Abascal triunfe en ese objetivo.

El vicepresidente segundo se cobra además tres piezas que amenazaban con disolver su capacidad de presión en el Gobierno. Primero, noquear a Inés Arrimadas, que amagaba con diluir a Podemos en unos presupuestos de reconstrucción. Segundo, subir el coste al PP de un acercamiento con el PSOE y obligar a Casado a posicionarse del lado de Vox, que ya ha dejado la comisión de reconstrucción por el pacto con Bildu. Tercero, amarrar corto a la díscola ERC al bloque de la investidura, para que siga siendo el socio preferente del Ejecutivo.

Para ello, las graves acusaciones de Vox sobre que este gobierno era "un fraude" e "ilegítimo", son cimentadas sobre el relato de una presunta administración reaccionaria, donde jueces y cuerpos de seguridad maniobran en la sombra contra un gobierno democrático y elegido en las urnas. Esa teoría se hace encajar con las filtraciones sobre el informe del 8-M y sus supuestas imprecisiones. Con esa desviación del foco, Iglesias lanza además un capote al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, por la polémica entorno a la remodelación de los mandos de la Guardia Civil.

En segundo lugar, Iglesias compra las tesis del independentismo sobre un Estado autoritario y recoge el guante que el molesto Gabriel Rufián lanzó la semana pasada: que la esencia del bloque de la investidura era hacer de "dique de contención para el fascismo". Los republicanos necesitan elecciones lo antes posible, antes de que JxCAT o la CUP rentabilicen un posible rebrote de protestas en Cataluña en otoño. Para ello, necesitan volver al redil Moncloa con la mesa de diálogo, que les permita sacar pecho frente a Carles Puigdemont en unas eventuales elecciones catalanas.

Asimismo, las maniobras de Iglesias allanan el camino a un Sánchez que amaga con buscar a ERC de nuevo, tras el enfado provocado por las geometrías variables. Cs no sienta bien a sus socios ‘plurinacionales’ (ERC, Compromís), y una parte de la izquierda sociológica no está preparada para asumir pactos con Bildu. Ahora bien, los republicanos ya festejan el cese de Pérez de los Cobos, como si de una cesión se tratara, mientras ponen la mirada en su parte del pastel sobre los millones de euros que la Unión Europea adjudicará a España para hacer frente a la crisis, y Podemos pide la excarcelación de los Jordis.

Así las cosas, la resignación del presidente Sánchez daría la pista de hasta qué punto la performance de su vicepresidente no es del todo dañina para los intereses socialistas. Cuentan los autores S. Levitsky y D. Ziblatt en su libro 'Cómo mueren las democracias': "Si aparece en escena un desconocido carismático y consigue popularidad desafiando al viejo orden establecido, los políticos del poder establecido tendrán tentaciones de incorporarlo a sus filas, si tienen la sensación de estar perdiendo el control". Pablo Iglesias, y su nueva función de 'agitprop' gubernamental y cierre de filas.

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