Pablo Iglesias, Irene Montero y la generación perdida
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Estefania Molina

Con V de voto

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Pablo Iglesias, Irene Montero y la generación perdida

El paradigma del contrato social intergeneracional, que seguía vigente en nuestro país cuando nació el partido morado en 2014, ha saltado por los aires

Foto: Pablo Iglesias e Irene Montero. (Reuters)
Pablo Iglesias e Irene Montero. (Reuters)

Podemos ha pasado de abanderar aquella máxima sobre que "lo personal es político", cuando Pablo Iglesias e Irene Montero sometieron a las bases la compra de su chalé, a pedirle al juez de Neurona que rechace investigar el presunto 'caso niñera', sobre si una asesora del Ministerio de Igualdad habría estado al cuidado puntual de la hija de ambos. Y es que quizás el descrédito progresivo del partido morado explique ya por qué existe en España una nueva generación de jóvenes que se identifica mucho más con los youtubers que huyen a Andorra para ahorrarse impuestos que con Podemos o la corriente política que se alzó en las plazas del 15-M para cambiarlo todo, a lomos de la indignación.

Eso es así porque el paradigma del contrato social intergeneracional, que seguía vigente en nuestro país cuando nació el partido morado en 2014, ha saltado por los aires. Antes, los impuestos picaban, siempre lo han hecho, pero se aceptaban como pilar del Estado del Bienestar, en aras de prestaciones presentes o futuras como la dependencia y la jubilación. Bajo esa premisa, miles de colectivos sociales se echaron a la calle postcrisis de 2011 –mareas blancas, verdes…– a defender lo público, exigiendo que no hubiera recortes en la sanidad o la educación, ante el temor de que se quebrara la provisión sistémica de bienestar a la ciudadanía.

Ya entonces las filas moradas estuvieron nutridas de muchos jóvenes, símbolo de la tragedia de la generación postcrisis. Pero esos jóvenes podemitas son hoy algo más adultos, con familia o sin ella, aunque no son solo sus condiciones de vida –con coche oficial, escolta y sueldo de ministro– lo que los aleja de la 'nueva' juventud y su precariedad. La realidad es que el 15-M y todo lo que simbolizó es ya solo un recuerdo en los libros de historia para muchos estudiantes, según me reconoció un exdirigente del partido morado, como uno de los motivos de su pérdida progresiva de apoyo. Pero hay todavía más.

Foto: Irene Montero y Maria Teresa Arévalo, en un 'frame' de un programa de televisión. (EC)

Culturalmente, muchos de los actuales jóvenes se han socializado bajo la premisa, tan dolorosa para una sociedad como la española, de que el Estado, la política o el sindicato nada pueden hacer para ayudarlos. Nada esperan porque poco reciben, y salen cada día solos a batirse con la hostilidad del mercado laboral. La política les muestra ahí su cara más cruel. Esto es, que la acción legislativa se dirige mayormente a los colectivos que son más, o a los que más votan. La prueba evidente es que en el Congreso se dedica más espacio a dar respuesta al debate de las pensiones que al 40% de los jóvenes que están en el paro y que tendrán que sostener esas pensiones, precisamente.

De ese modo, la precariedad y falta de expectativas que vive la juventud en la actualidad están provocando una profunda atomización de la sociedad y exaltando el individualismo. La prueba es que los mayores protestan por sus pensiones y los jóvenes parecen resignados en el plano económico –no así en luchas como la medioambiental o la feminista. De un lado, nuestros abuelos son más escuchados por la clase política, y además crecieron en un contexto en que palparon la fuerza de las luchas sindicales y demás movimientos sociales.

Pero hoy un joven que no quiere unas condiciones laborales nefastas sabe que habrá otro dispuesto a aceptarlas, desafortunadamente. Es por ese motivo que el 'free-rider', el que se desmarca de lo colectivo, de la cosa pública, y no quiere tributar en España es jaleado por decenas de jóvenes. Si no deja de ser su ídolo, o estos no se escandalizan, quizás es porque los entretiene e incluso 'trolea' al sistema que a ellos les pisa, nada más y nada menos.

Si el centroderecha está siendo arrasado en varios países por la ultraderecha es precisamente porque ha reventado el paradigma del mérito

De hecho, para algunos el Rubius quizás los represente mucho más que la mayoría de políticos, incluso de izquierdas. Se ha vuelto habitual entre una parte de ciudadanos de la generación 'boomer' –aun si son socialdemócratas o con sensibilidad sobre lo público– sacudirse toda responsabilidad sobre el drama de la juventud usando argumentos típicamente liberales. Les dicen a los jóvenes que luchen "como ellos" hicieron, obviando las diferencias contextuales, como que hoy en día tener una carrera no garantiza una promoción socioeconómica similar a la de hace 20 años. La generación que ha madurado a caballo entre dos crisis y de la que alertó el rey Felipe VI en su discurso de Navidad cuando dijo que nuestro país no se podía permitir "una generación perdida!".

Tampoco es que la derecha tenga una fórmula mejor. Si el centroderecha clásico está siendo arrasado en varios países de Europa por la ultraderecha es precisamente porque ha reventado el paradigma del mérito. Se les dijo a los jóvenes actuales que estudiando un grado y un máster escalarían socialmente, y lo que obtienen son contratos temporales o sueldos ínfimos. Una parte de la juventud ha hecho, pues, todo lo que se pedía de ellos y nadie podrá decir: "No hizo nada para merecerlo". En España, el votante joven del Partido Popular se fue a Ciudadanos primero y luego a Vox, a modo de brecha generacional de la misma forma que le ocurrió al PSOE con Unidas Podemos.

Foto: El portavoz de Unidas Podemos, Pablo Echenique. (EFE)

En consecuencia, se antoja cínico reducir el debate de los youtubers y sus fans a la insolidaridad de un grupo de chavales poco agradecidos con su país, que se lo ha dado todo. Para llegar a esa conclusión, el sistema político y el debate público deberían mirarse antes en el espejo de sus fantasmas y contradicciones. Se señala durante horas el sueldo de Messi, que es el 1% de la población, mientras crecen las colas del hambre, los ERTE, el paro y las expectativas vitales frustradas, que representan a muchos más ciudadanos.

La sociedad necesita referentes como el youtuber Ibai Llanos, que asumen su privilegio y quieren colaborar con lo público. Pero la folclorización de Podemos –como expliqué aquí sobre los tuits de series y memes– quizás sea una de las causas de fondo, o un símbolo, sobre por qué recibe tal legitimación entre algunos jóvenes un youtuber con dinero, mientras el partido morado sigue sumido en su retroceso electoral y va quedando atrás aquel paradigma del 15-M.

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Podemos ha pasado de abanderar aquella máxima sobre que "lo personal es político", cuando Pablo Iglesias e Irene Montero sometieron a las bases la compra de su chalé, a pedirle al juez de Neurona que rechace investigar el presunto 'caso niñera', sobre si una asesora del Ministerio de Igualdad habría estado al cuidado puntual de la hija de ambos. Y es que quizás el descrédito progresivo del partido morado explique ya por qué existe en España una nueva generación de jóvenes que se identifica mucho más con los youtubers que huyen a Andorra para ahorrarse impuestos que con Podemos o la corriente política que se alzó en las plazas del 15-M para cambiarlo todo, a lomos de la indignación.

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