Sánchez y Afganistán: su primera crisis sin Iván Redondo
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Estefania Molina

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Sánchez y Afganistán: su primera crisis sin Iván Redondo

Afronta estos días la primera gran crisis para el Ejecutivo, tras la salida de su máximo asesor Iván Redondo, que con su presencia no solo actuaba como un jefe de gabinete al uso más

Foto: El presidente Sánchez y su exjefe de gabinete, Iván Redondo. (EFE)
El presidente Sánchez y su exjefe de gabinete, Iván Redondo. (EFE)

Pedro Sánchez afronta estos días la primera gran crisis para el Ejecutivo, tras la salida de su máximo asesor Iván Redondo, que con su presencia no solo actuaba como un jefe de gabinete al uso, sino que destilaba un estilo muy concreto de hacer política en el presidente del Gobierno. Tanto es así, que la crisis afgana deja al descubierto algunas carencias, y otras virtudes del nuevo esquema gubernamental que Sánchez estrenará este mismo septiembre. La virtud: la rebaja de alharacas a la hora de actuar desde Moncloa. El defecto: el empaque que aportaba un ojo pendiente de tejer el relato político del Gobierno y del presidente.

No hay más que observar la secuencia de los hechos para entender qué ha cambiado desde agosto, o entre dos crisis como el Aquarius y Afganistán, con tres veranos de distancia (de 2018 a 2021). Muy diferentes ambas, nada que ver sustancialmente, ni en la temática, como tampoco en el punto geográfico o los actores implicados. Sin embargo, suponen dos contextos internacionales muy ilustrativos desde la ejecución política, con paralelismos que anuncian de forma no casual el cambio de paradigma del 'sanchismo'.

De un lado, en el caso del Aquarius, el estilo de Sánchez fue el de medallas 'a priori', para culminar en el sobresalto después. El Ejecutivo primero tomó la delantera con la foto de los ministros en el desembarco de la nave. Si bien, la parafernalia inicial y las buenas voluntades humanitarias fueron sepultadas por el drama de las devoluciones en caliente también en Ceuta, a la postre.

Esto es, el estilo de tejer la foto, para que luego se pinchara el globo discursivo. Un ejemplo de política relato-dirigida, que también se repitió con el anuncio de los ministros celebrity al inicio de su primer mandato, algunos de los cuales no tardaron ni tres días en hacer estallar el 'brilli-brilli', como Màxim Huerta. Entre otros ejemplos sonados.

Sin embargo, el caso de Afganistán empieza a destilar ciertos matices de cambio. No porque la evacuación cursara con éxito desde el primer momento. Por ejemplo, Francia y Alemania llevaban desde el 14 de agosto preparando el dispositivo de salida, mientras que nuestro país pecó de lentitud en el envío de los aviones para sacar a los colaboradores. Esa fue la foto inicial, pues la mayoría de los trabajadores del primer vuelo eran de la Unión Europea, y en mucha menor medida de España.

Con todo, el cambio de Sánchez se vio en Afganistán porque el intento de reconducir la situación –acción– fue primero, pero la foto tuvo que esperar a después, con los hechos consumados. La medalla llegó tras el traspiés a través de la felicitación de la presidenta de la comisión europea, Von der Leyen, una vez España lideró el aterrizaje comunitario.

Asimismo, la ausencia de aquel estilo clásico —que en otro momento se habría atribuido a Redondo— se hizo notar por el vacío de alharacas y declaraciones del presidente. Lo que otrora habría supuesto una gran declaración televisada y larga comparecencia en Moncloa a cuenta de la situación, ahora se despachó con un tuit, algo que sirvió a la oposición para cargar contra este. Las apariciones, ahora, pareciera que van más a rebufo de los hechos, y no a la inversa, como se vio este mismo viernes.

Foto: Imágenes de heridos en el atentado trasladados a un hospital en Kabul (Reuters)

Ahora bien, si algo imprimía el sello de su excolaborador —y de lo que Sánchez se había beneficiado hasta la fecha— era el estar pendiente de la imagen que se daba en cada momento. En concreto, con una fuerte presencia del liderazgo presidencial, que le daba todo el protagonismo a su figura más allá de la suerte de sus ministros. Esa especie de 'presidencialismo' se vio desplazada ahora en parte por la forma en la que Sánchez delegó en el ministro de Exteriores. Es algo que la oposición interpretó como una espantada del número uno del Gobierno e, incluso, le sirvió para cargar contra la famosa imagen de las babuchas.

Otro elemento a tener en cuenta es el trato sobre la derecha, a quien se solía esquinar en el pasado, tratando de arrinconar al PP junto a Vox. En cuanto al desdén sobre Pablo Casado, parece que el estilo gubernamental se mantiene, aunque algo atenuado, en ausencia de aquellas críticas descarnadas de hace unos meses, que ahora se suplen con silencio, o con menor refriega.

Todos los presidentes han comparecido habitualmente para rendir cuenta en la cámara baja, una vez celebradas las cumbres extranjeras. No obstante, la llamada de rigor a Pablo Casado se podría haber producido igualmente, aunque no era una actuación de la oposición, sino de un Ejecutivo que debía actuar con celeridad. En este caso, los ministerios implicados eran el de Exteriores, el de Defensa y eventualmente el de Interior, si hubiera estatus de refugiado a reconocer, algo difícil hasta la fecha porque los talibanes impedían la salida. Esta situación se ha agravado tras el atentado del Estado Islámico en el aeropuerto Hamid Karzai.

A la postre, lo que comparten el Sánchez previo a Iván Redondo con el Sánchez a posterior sí es la querencia por liderar o posicionarse ante los asuntos internacionales y humanitarios. Sintomático que este sea el hilo conductor del jefe del Gobierno, siendo el internacional un ámbito en el que los presidentes españoles se han tendido a refugiar cuando se sienten muy quemados, o para protegerse de la algarabía interna en el país. Tal vez, porque a nivel interno la situación sigue siendo complicada para PSOE y Unidas Podemos.

El limbo europeo es, en parte, debido a una UE sin medios militares, y que cada vez pinta menos en los asuntos mundiales

Pues la actualidad obliga ahora a la izquierda a hacer política real, y menos marketing. Como expliqué hace unas semanas, socialistas y podemistas solo encontrarán una oportunidad en el Ejecutivo si logran elevar el nivel de vida de las clases medias precarizadas, más allá de relatos o propuestas etéreas, en un contexto de necesidad material como el actual. De hecho, los asuntos internacionales no son lo que en realidad da votos a un gobierno, sino la forma cómo se utiliza para hacer la estrategia de desgaste por parte de la oposición.

Ahora bien, la realidad es que si Sánchez se benefició de esta jugada es en parte por la descoordinación de la UE en los temas internacionales. Esta misma semana, el ente comunitario reconoció no tener un plan para los evacuados que estaban llegando a España. El limbo europeo es, en parte, debido a una UE sin medios militares para actuar, y que cada vez pinta menos en los asuntos mundiales, más allá del clásico tuit con un 'deeply concerned' —muy consternados—.

Y aunque lo internacional pueda parecer una anécdota en términos de estilo presidencial dentro de nuestro país, a partir de setiembre se testará plenamente el pulso del nuevo Sánchez ya sin Iván Redondo. Afganistán, la primera gran crisis de la nueva era del sanchismo.

Pedro Sánchez afronta estos días la primera gran crisis para el Ejecutivo, tras la salida de su máximo asesor Iván Redondo, que con su presencia no solo actuaba como un jefe de gabinete al uso, sino que destilaba un estilo muy concreto de hacer política en el presidente del Gobierno. Tanto es así, que la crisis afgana deja al descubierto algunas carencias, y otras virtudes del nuevo esquema gubernamental que Sánchez estrenará este mismo septiembre. La virtud: la rebaja de alharacas a la hora de actuar desde Moncloa. El defecto: el empaque que aportaba un ojo pendiente de tejer el relato político del Gobierno y del presidente.

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