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El giro "del comer" de Vox para acorralar a Feijóo
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Estefania Molina

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El giro "del comer" de Vox para acorralar a Feijóo

No extraña ya que esté sonando una consejería de agricultura para los voxitas. La ciudadanía exigirá ahora más que nunca economía, frente a la inflación galopante en el contexto de la guerra de Ucrania

Foto: Juan García-Gallardo junto a Alfonso Fernández Mañueco. (EFE/Nacho Gallego)
Juan García-Gallardo junto a Alfonso Fernández Mañueco. (EFE/Nacho Gallego)
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Vox ha decidido apostar su suerte para ser fuerza de gobierno en España, con la firma de su primer acuerdo para entrar en la Junta de Castilla y León. Aunque hecho el pacto, hecho el riesgo. El partido de Santiago Abascal se enfrenta en adelante a un giro decisivo para su supervivencia política. Esto es, elegir entre emprender la batalla contra lo que la ultraderecha llama las "políticas identitarias" (violencia de género, memoria histórica), o convertirse en el partido de las 'cosas del comer', como ensayan desde hace meses de forma sutil. Y es a lo segundo a lo que parecen haber apostado su sino.

Primero, porque ellos trajeron a España el mantra de una supuesta izquierda "pija" que se habría alejado de la calle y sus problemas. No hay más que ver los comentarios de muchos de sus seguidores en redes sociales, repitiendo que "mientras estáis por vuestras luchas identitarias, la gente se empobrece". Es decir, un ataque contra Unidas Podemos y el PSOE en sus políticas sobre ampliar derechos. A la postre, obviando a menudo que ser mujer, del colectivo LGTBI o persona migrada también hace diferencias materiales en salarios, familia, o riesgos vitales.

A la sazón, Abascal lleva tiempo tratando de priorizar esas cuestiones "del comer" como se ha ido viendo en el Congreso, augurando un giro en su relato. El propio lema "Siembra" de su candidato Juan García-Gallardo en la región castellanoleonesa definió parte de la campaña, como expliqué, haciendo Vox suyos ciertos mantras de la España Vaciada. Entre ellos, el reto demográfico y o el sentimiento de abandono rural, para lo que proponían reindustrialización, políticas de natalidad, etc. dando un nuevo giro a sus clásicas apelaciones al "identitarismo".

Foto: El presidente en funciones de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco (d), y el candidato de Vox a la presidencia, Juan García-Gallardo. (EFE/Nacho Gallego) Opinión

Por eso, no extraña ya que esté sonando una consejería de agricultura para los voxitas. La ciudadanía exigirá ahora más que nunca economía, frente a la inflación galopante en el contexto de la guerra de Ucrania.

E incluso, llama la atención que, en un acuerdo de legislatura extenso en el impulso de la España rural, se despache en menos epígrafes su intenso y habitual combate contra la "violencia intrafamiliar" (no de género); hable de la "inmigración ordenada" (para lo que no tiene competencias); o asegure el sin sentido de que no habrá "adoctrinamiento ideológico", cuando el PP es quien gobierna hace 40 años.

De un lado, eso rinde cuenta del precio de normalización del ideario de Vox que ha tenido que pagar Alfredo Fernández Mañueco. Antes lo hicieron otros barones como Juan Manuel Moreno en Andalucía. Todo ello, ante la posibilidad de una repetición electoral en Castilla y León, que habría hundido al Partido Popular, mientras no se resuelva el contexto de relevo en el liderazgo a escala nacional.

Foto: Juan García-Gallardo y Alfonso Fernández Mañueco, antes de la reunión. (EFE/Nacho Gallego)

Por otro lado, ello lleva a pensar que quizás Vox pueda ver que es conveniente, en adelante, dejar en segundo plano sus batallas culturales. Esto es, superando su fase primera de inserción política basada en golpes de efecto mediáticos, para acabar dando un aire más transversal a su marca, ofreciendo una presunta certidumbre al votante que le permita consolidarse.

Para ello, se sirve de que a la izquierda no le servirá más adelante el relato de "que viene Vox" para movilizar a sus bases, cuando haya elecciones generales. Con la gasolina a 2 euros, la inflación entre un 7-10%, y el precio del megavatio a 400-700 euros la hora, lo probable es que los votantes socialistas y podemistas se desmovilicen, si la Unión Europea no abriera la mano para que España intervenga los precios del mercado eléctrico. El miedo a Vox dejó de funcionar en las elecciones de Madrid del 4 de mayo de 2021.

Hasta la fecha Vox ha calado con fuerza entre el electorado joven, como hacía Ciudadanos, pero con un votante mucho más fiel

Segundo, el ideario de las extremas derechas europeas está abonado en un contexto de pandemia y de guerra. Esto es, un efecto repliegue que pivote sobre supeditar los derechos a la economía. Por ejemplo, algunos de sus adeptos en redes se preguntan: "Por qué Irene Montero gasta 20.000 millones de euros en Igualdad, si el Gobierno no quita impuestos a los carburantes". En el tema energético, incluso, el cuestionamiento a la Transición ecológica puede estar servido, ante la necesidad de quemar carbón o abrir nucleares para suplir la amenaza del gas ruso, mientras las renovables no proporcionen independencia plena.

En suma, la estrategia de Vox de aparecer como una fuerza de gobierno podría ser muy lesiva para el PP. Hasta la fecha, Vox ha calado con fuerza entre el electorado joven, como hacía Ciudadanos. Pero a diferencia del partido naranja, Vox asoma con un votante mucho más fiel y mayor perspectiva de crecimiento, según los sondeos. Es más: el fracaso de Cs y UP no tendría por qué repetirse. Vox no tiene liderazgos tan personalistas, que puedan ser efímeros, y su ciclo político no ha sido tan agitado como el de los otros dos.

Foto: Foto: J. F.

A la sazón, está por ver que las características de Feijóo como líder de estilo "clásico" sean útiles para frenar a Vox, como ya se dijo aquí mismo. La política es hoy polarización y liderazgos mediáticos, algo a lo que el nuevo líder popular no está acostumbrado. Para el PP sería decisivo que los voxitas empezaran a penetrar en capas de voto superiores a los 55 años.

Ahora bien, como toda formación nueva, el partido de Abascal se arriesga ya a la decepción de sus adeptos, si no es capaz de consolidar en hechos elementos básicos de su discurso. A saber, no es lo mismo ser oposición que gobierno, ya le ocurrió a Ciudadanos en Castilla y León, Madrid o Andalucía, quedando diluido y en un segundo plano. Por eso, es de esperar que Vox intente mantener cierta tensión en los sillones que ocupe. Es decir, que la idea de una pretendida estabilidad podría tambalearse ante la necesidad de visibilidad.

Por eso, el reto está ahora en el tejado de Feijóo. No era lo mismo ver el panorama desde Galicia, con cero escaños voxitas, que desde Madrid. Y al líder gallego no parecía que le hicieran gracia en el pasado los acuerdos de gobierno con Vox. Será por eso, y ante la inevitabilidad de necesitar a un rival pujante para la Moncloa, que se oyen ecos ya de Alberto Núñez Feijóo podría a futuro preferir antes ofrecerle a Pedro Sánchez que gobierne la lista más votada. Aunque está por ver que el PP prefiera eso a verse de la mano de un partido a quien Esteban González Pons tildó de "extremaderecha", pacto ya en Castilla y León mediante.

Vox ha decidido apostar su suerte para ser fuerza de gobierno en España, con la firma de su primer acuerdo para entrar en la Junta de Castilla y León. Aunque hecho el pacto, hecho el riesgo. El partido de Santiago Abascal se enfrenta en adelante a un giro decisivo para su supervivencia política. Esto es, elegir entre emprender la batalla contra lo que la ultraderecha llama las "políticas identitarias" (violencia de género, memoria histórica), o convertirse en el partido de las 'cosas del comer', como ensayan desde hace meses de forma sutil. Y es a lo segundo a lo que parecen haber apostado su sino.

Primero, porque ellos trajeron a España el mantra de una supuesta izquierda "pija" que se habría alejado de la calle y sus problemas. No hay más que ver los comentarios de muchos de sus seguidores en redes sociales, repitiendo que "mientras estáis por vuestras luchas identitarias, la gente se empobrece". Es decir, un ataque contra Unidas Podemos y el PSOE en sus políticas sobre ampliar derechos. A la postre, obviando a menudo que ser mujer, del colectivo LGTBI o persona migrada también hace diferencias materiales en salarios, familia, o riesgos vitales.

A la sazón, Abascal lleva tiempo tratando de priorizar esas cuestiones "del comer" como se ha ido viendo en el Congreso, augurando un giro en su relato. El propio lema "Siembra" de su candidato Juan García-Gallardo en la región castellanoleonesa definió parte de la campaña, como expliqué, haciendo Vox suyos ciertos mantras de la España Vaciada. Entre ellos, el reto demográfico y o el sentimiento de abandono rural, para lo que proponían reindustrialización, políticas de natalidad, etc. dando un nuevo giro a sus clásicas apelaciones al "identitarismo".

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