¿Asesinar a la tercera vía?

Desde hace semanas insisto en que una gran parte de Catalunya no está de acuerdo ni con la actitud de CDC-ERC, que proclama que la única

Desde hace semanas insisto en que una gran parte de Catalunya no está de acuerdo ni con la actitud de CDC-ERC, que proclama que la única solución es la independencia, ni con el inmovilismo de Madrid. Esta tercera Catalunya, que mayoritariamente no fue a la ‘Via Catalana’ del pasado 11 de septiembre pero que sabe que se trata de un movimiento de fondo que requiere una salida política, ha emergido con la propuesta de Duran i Lleida de una tercera vía, que viene a coincidir grosso modo con la reforma federal de la Constitución que propone el PSC y que Rubalcaba ha aceptado (excepto en el derecho a decidir).

Y el almuerzo de la pasada semana entre los democristianos Duran i Lleida y Joan Rigol -el autor de un moderado manifiesto por el derecho a decidir que encargó Artur Mas y que fue avalado por la patronal catalana (el Foment) y por el PSC, pero que luego CDC y ERC arrinconaron en la principal resolución del reciente debate de política general- con los socialistas catalanes Pere Navarro y Miquel Iceta, ha sido su bautismo de fuego.

De repente, los promotores de la tercera vía han sido atacados con cierta virulencia tanto por el independentismo catalán -Mas dijo que las terceras vías han fracasado en los últimos cien años- como por el Gobierno de Madrid. Rajoy ninguneó la propuesta declarando que no sabía lo que era la tercera vía. Ni Mas ni Rajoy están dispuestos a bajarse de sus caballos (el independentismo y el inmovilismo), aunque puedan tener un oculto e inestable pacto para evitar el frontal choque de trenes en el 2014 y ver lo que sucede tras las elecciones generales del 2015.

Al Gobierno catalán -y sobre todo a ERC- la tercera vía le molesta porque podría romper la tensión independentismo-centralismo y porque recientes encuestas ponen de relieve que la independencia -que tiene ligera siempre que no suponga la salida del euro- sería la opción perdedora si Madrid negociara un nuevo pacto fiscal. Un sistema de financiación para Catalunya que acotara la solidaridad entre comunidades con la “ordinalidad”: que ninguna comunidad solidaria se encontrara después con menos recursos por habitante que otra receptora.  

El descenso del 25% de la inversión en Catalunya y la negativa del PP a estudiar la propuesta de Sánchez Camacho serán vistos en Cataluña como un rechazo total al entendimiento. ¿Coincide el PP con CDC y ERC en querer asesinar a la tercera vía?Por eso -y porque a CDC le da pavor que ERC pueda superarla en las próximas elecciones europeas- el conseller Francesc Homs propuso el domingo una lista conjunta CiU-ERC (Duran está en contra) que sirviera para que se pudieran contar los partidarios de que la solicitada consulta abra el camino a la independencia. Homs propone que las europeas se conviertan en el “ensayo general de la consulta” y marginar así el interés que en muchos sectores -especialmente el alarmado empresariado- ha generado la tercera vía.

Pero el desprecio más frontal a esta no ha sido el de Rajoy, sino el de los Presupuestos Generales del Estado para el 2014. La reivindicación catalana de siempre es que la inversión del Estado en Catalunya equivalga al porcentaje del PIB catalán en el español (el 18%), algo que curiosamente -es uno de los motivos por el que los catalanes creen que están maltratados- no se ha logrado nunca, pero lo peor de los presupuestos del 2014 es que mientras la inversión media regionalizable del Estado baja una media del 8%, la inversión en Catalunya caería un 25%.

Así la inversión en dicha región sería el 9,6% del total, lejos no sólo del ansiado 18%, sino incluso por debajo del 11,9% del 2013. Una parte nada despreciable del empresariado catalán cree que sólo se puede entender como una provocación y un rechazo puro y duro a cualquier negociación. Pero curiosamente el posibilismo se ha reavivado porque tanto el presidente de la Cámara, Miquel Valls, que ‘contemporiza’ con la Generalitat, como Gay de Montella, presidente del Foment, que ha explicitado que no quiere ir más allá del pacto fiscal, han firmado un artículo conjunto (hace unos meses se distanciaron por su distinta actitud ante la Generalitat) pidiendo que la inversión pública presupuestada para Catalunya se modifique en el trámite parlamentario.

Por otra parte, Duran i Lleida y Pere Navarro quieren sumar a ICV (una versión catalana y más pragmática de IU) a la 'tercera vía' y Joan Herrera, el líder de ICV que no quiere identificarse con los partidos del establishment, no se cierra a esa posibilidad. En una entrevista en El Periódico de Cataluña el pasado domingo se oponía a que la pregunta de la hipotética consulta llevara a un sí o un no a la independencia (como pretende ERC y una parte importante de CDC). Herrera dice textualmente: “El enemigo es el centralismo y la pregunta tiene que ser muy amplia para que incluya a todos lo que no aceptan este trágala”.

Herrera señala bien el problema. La independencia quizás no sea mayoritaria, pero el rechazo al centralismo es casi unánime en Catalunya mientras que el Gobierno de Madrid está cerrado en banda. No son sólo los presupuestos del 2014. La líder del PPC, Alicia Sánchez Camacho, que intenta un duro y difícil esfuerzo de aproximación al punto medio de la sensibilidad catalana, presentó ayer a la cúpula del PP una moderada propuesta diferenciada de financiación para Cataluña que pretendía que fuera un puente entre Madrid y Barcelona.

El Gobierno catalán la descalificó antes de conocerla pese a que los votos del PPC fueron los que hicieron viable la política presupuestaria de Artur Mas del 2010 al 2012 (Mas vive gracias a un presupuesto prorrogado que en su día votó el PPC). Pero lo más incomprensible -incluso aberrante- es que algo que pretendía aproximar posiciones fuera descalificado de un plumazo por la dirección del PP y por Cospedal. El ministro Montoro ya ha esgrimido lo de la sagrada igualdad de los españoles, pero lo cierto es que Euskadi y Navarra tienen un sistema de financiación diferenciado y que la inversión pública per cápita presupuestada en Cataluña del 2004 al 2014 ha sido de 3.755 euros frente a una media española de 4.628.

Ante el rechazo del PP a las propuestas de Alicia Sánchez-Camacho, el portavoz del PSOE, Óscar López, le deseó suerte ante Rajoy y le dio la bienvenida al club de los que quieren cambiar algo para que la relación entre Cataluña y España no se deteriore más. Pero me temo que el desprecio del PP a la siempre disciplinada Alicia Sánchez-Camacho sea visto en Catalunya como la prueba del nueve de que Madrid (quizás España) sólo entiende el centralismo del ordeno y mando. ¿Quiere el PP asesinar todo conato de tercera vía? ¿A quién beneficia?   

Confidencias Catalanas
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