Artur Mas: ¿del guirigay a la tragedia?

Artur Mas no obtuvo en el 2010 la mayoría absoluta que pretendía tras haber destruido el tripartito y –atrapado por las finanzas de la Generalitat y

Artur Mas no obtuvo en el 2010 la mayoría absoluta que pretendía tras haber destruido el tripartito y –atrapado por las finanzas de la Generalitat y por el pacto con el PP que en el 2011 logró la mayoría absoluta– gobernaba con mucha incomodidad. Tanta que a los dos años se decidió a convocar elecciones anticipadas para lograr “una mayoría excepcional” y plantarse ante Rajoy con fuerza: o pacto fiscal como primer plato o derecho a decidir que desembocaría en la independencia. Y las vallas electorales le pintaban como un nuevo Moisés que llevaba a su pueblo a la tierra prometida. Pero perdió doce diputados y con el rabo entre las piernas optó por sustituir los abrazos tarifados de Alicia Sánchez-Camacho por los cantos patrióticos de Oriol Junqueras con la canción de ‘la santa consulta’: el referéndum de independencia en el 2014.

Así, la coalición CiU-ERC y los partidos que no se han despegado del programa Mas-Junqueras llevan casi dos años exigiendo el derecho a decidir y quejándose amargamente de que Madrid, al contrario que Londres respecto a Escocia, no permite la celebración del referéndum. Pero ahora, en diciembre, se han comprometido a decidir la fecha y la pregunta de ese referéndum y surgen serias grietas que amenazan la unidad del frente nacionalista.

Hasta el punto de que el mismo president Mas ha advertido que la negociación de la pregunta amenaza con convertirse en un guirigay y que Dolors Camats, la copresidenta de Iniciativa per Catalunya (la Izquierda Unida catalana) confesara el domingo en El Mundo (edición de Cataluña) que “hay riesgo evidente de cansancio y de que, como hemos visto esta semana, se convierta en un sainete como el del Estatut”. Si después de algunos años y muchos meses diciendo que Cataluña debe decidir los partidos que apoyan el referéndum (el PSC dice que sólo puede ser legal y acordado) no se ponen de acuerdo sobre la pregunta de una consulta que, para más inri lo más posible es que no se celebre porque Madrid no la autorice y el Gobierno de Mas, sensatamente, no se salte la legalidad, el fracaso sería mayúsculo.

El ridículo del nacionalismo catalán pasaría a los libros de historia y la cabeza del president Mas, ya muy deteriorada, rodaría por los suelos. Por eso, en principio, la ruptura se descarta. Pero puede llegar a ocurrir o puede pasar que el pacto final –en caso de que lo haya– sea sólo de fachada y se convierta en el penúltimo capítulo de la historia de una operación fallida.

A la hora de la verdad, exigir el referéndum de independencia tiene tres graves problemas. El primero es que quizás sea una consecuencia del principio democrático (es discutible), pero no es un derecho reconocido en ninguna constitución occidental. El segundo es que allí donde se ha reconocido (Québec, Escocia) es tras una seria batalla que acabó en pacto con el Gobierno central y tras un amplio apoyo electoral. En Gran Bretaña, Cameron ha aceptado el referéndum en Escocia tras la victoria por mayoría absoluta del Scottish National Party (SNP) que llevaba claramente la independencia en su programa. Y como ha puesto de relieve Javier Pérez Royo, un constitucionalista andaluz que defendió a fondo el Estatut, esta legitimidad no existe en el caso catalán porque CiU no se presentó con un programa independentista y, además, perdió apoyo.

El tercero es que el derecho a decidir ha sido una reivindicación del catalanismo político como protesta a la sentencia del Constitucional sobre el Estatut. Entonces, un tribunal que no estaba en el cénit de su prestigio limitó un Estatut que ya había sido votado –con la oposición conjunta del PP y de ERC– por el pueblo catalán. Entre los que abogan por el derecho a decidir están partidos que propugnan soluciones muy distintas. El PSC aboga por el federalismo, Unió Democràtica (integrada en la coalición CiU) ha propugnado desde su fundación la solución confederal, Iniciativa per Catalunya es un partido donde conviven federalistas, confederales e independentistas, ERC es declaradamente independentista y CDC ha evolucionado desde el nacionalismo al soberanismo y al independentismo.

Si Mas cede ante ERC y avala una pregunta independentista puede provocar la explosión de su coalición con Unió. Pero si Junqueras –y la ANC– son contrariados en su afán independentista puede quedarse sin mayoría para gobernar. El tiempo de las componendas se acaba y el ‘president’ se enfrenta este diciembre a su mes más complicado Y como estos partidos no coinciden sobre el futuro de Cataluña, ahora discrepan sobre el contenido de la pregunta. ERC exige que sea clara y binaria: sí o no a la independencia, y argumenta que es la pregunta de Escocia. La gran fuerza de ERC es que el pacto de la consulta es la condición que ha puesto a Mas para aprobar los presupuestos del 2014 (en el 2013 no los ha habido y se ha vivido con los del 2012, que tuvieron el apoyo del PP). Pero la fuerza de Junqueras es todavía superior porque su pregunta coincide totalmente con la que desea la Asamblea Nacional Catalana, la organizadora de la gran manifestación del 11 de septiembre del 2011 y de la Via Catalana del 2012, que sostiene que los manifestantes (algo menos de un millón o más de dos según los diferentes cálculos) querían la independencia y no pueden ser estafados.

Además, un sector relevante de CDC (que rodea ahora a Artur Mas) formado por Francesc Homs, conseller de Presidencia, Jordi Turull, portavoz en el Parlamento catalán y Josep Rull, secretario de Organización, quiere también una consulta con claro sesgo independentista. Sin embargo, hay otros consellers como Felip Puig (Industria), Santi Vila (Obras Públicas) y Germà Gordó (Justicia) con posiciones más matizadas.   

Y Artur Mas duda. Primero porque tras la marcha del PSC (que sólo apoyaría una consulta legal y acordada con Madrid) no puede permitirse la espantada de Iniciativa. Con el PSC el derecho a decidir superaba los dos tercios del Parlament (la mayoría necesaria para cambiar el Estatut). Sin el PSC la mayoría ya no alcanza los dos tercios y se queda en algo más de 80 diputados (sobre 135). Pero sin Iniciativa la mayoría CiU-ERC-CUP es sólo ligeramente superior a la absoluta (68 diputados). La pretensión de tener detrás una inmensa mayoría del pueblo catalán queda hecha trizas. Y Dolors Camats dijo el domingo en la entrevista citada: “Esa pregunta (la independencia) no incluye a gente que quiere una nueva relación con el Estado, como una España federal o confederal. La descartamos.”

Para Mas, no obstante, el mayor problema es Duran i Lleida. El presidente de Unió dice en privado que quiere ayudar a Mas a agotar la legislatura y llegar al 2016 (cree que entonces la situación política puede estar menos bloqueada), pero que no puede avalar una pregunta binaria sobre la independencia. Si Unió no vota la pregunta en el Parlament, la pervivencia del Gobierno Mas sería imposible y el fantasma de unas nuevas elecciones –en un momento que todas las encuestas apuntan a una victoria de ERC– es algo que CDC no puede permitirse a no ser que esté dispuesta –parece que hay algunos dirigentes dispuestos a ello– a suicidar el partido en aras de una declaración unilateral de independencia que lo más probable –lo ha advertido el propio Mas– es que no llevara a ninguna parte.

Si Mas cede ante ERC se enfrenta a dos peligros serios. Uno primero muy negativo: la mayoría favorable a la consulta queda muy reducida sin el apoyo de la izquierda tradicional (el PSC e Iniciativa). La segunda es mortal: la ruptura de la coalición CiU que ha sido el perenne instrumento electoral con el que CDC, la de Pujol y la de Mas, ha gobernado Cataluña. Pero si Mas planta cara a ERC tiene otros dos peligros: quedarse sin mayoría para gobernar porque ERC le abandone y ponerse en contra al movimiento popular y asambleario de la ANC, que ha demostrado gran capacidad de movilización y que se ha creído seriamente que Cataluña puede ser independiente en el trescientos aniversario de la derrota de 1714 ante las tropas borbónicas. La larga etapa de componendas puede haberse acabado.

¿Es posible un parto complicado que incluya a todos los hoy partidarios de la consulta y que dejan para otro momento el problema de su legalidad, que vaya desde Duran i Lleida hasta las CUP y la ANC? Algunos dicen que, al final, Junqueras aceptará una pregunta más amplia del tipo de: “¿Es usted partidario de que Cataluña sea un Estado libre y soberano?”. Duran i Lleida la puede admitir porque es confederal, pero los independentistas radicales de ERC, y sobre todo de la ANC, la podrían calificar de pregunta-trampa. Mas puede poner la continuidad de su coalición y la gobernación como primer objetivo, ¿pero podría Junqueras –en el caso que lo quiera– separarse de los más radicales de su partido y de la ANC? En cualquier caso, la pregunta sobre el estado libre y soberano desmovilizaría al movimiento independentista ya que algunos estados mexicanos se definen así y el resultado no podría exhibirse como prueba de nada ante los organismos internacionales.

Artur Mas acaba de empezar el mes de diciembre que será sin duda el más complicado de su ya muy accidentada presidencia. Y el guirigay puede acabar en tragedia.

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