Choque de trenes Mas-Junqueras

El pasado martes ya dije que Artur Mas se enfrenta este mes a su mayor problema desde que fue elegido a finales del 2010. Por varias

Foto:  El presidente de la Generalitat, Artur Mas (d), y el líder de ERC, Oriol Junqueras (i)
El presidente de la Generalitat, Artur Mas (d), y el líder de ERC, Oriol Junqueras (i)

El pasado martes ya dije que Artur Mas se enfrenta este mes a su mayor problema desde que fue elegido a finales del 2010. Por varias causas creyó que le interesaba anticipar elecciones en el 2012 con la esperanza de “una mayoría excepcional” (superior a la absoluta), a caballo de la ola soberanista de la gran manifestación del 11 de septiembre, y se topó con que no sólo no lograba dicha mayoría, sino que perdía 12 diputados y quedaba a nada menos que 18 de su objetivo. Ya no podía gobernar como hasta entonces con alianza puntual, pero casi fija, con el PP,  en la que se permitía algunas libertades.  

Y como CiU (mejor dicho, CDC, ya que Unió era más reservada) y ERC sintonizaban en la apuesta por la oleada independentista, Mas optó por no volver al pacto con el PPC (habría sido un golpe a su militancia y a una parte sustancial de su electorado) ni iniciar una aproximación al PSC (con cuya abstención fue elegido presidente en el 2010). Optó por un pacto de legislatura con la ERC de Oriol Junqueras. No fue fácil porque Junqueras exigía para la investidura, y para votar el duro presupuesto que se avecinaba (al final no hubo presupuesto del 2013, pero es obligado que lo haya del 2014), que el referéndum exigido por los partidos catalanistas –la ya célebre “consulta”– se convocara en el 2014. Y ahí estamos: el método para la consulta, la fecha y la pregunta deben acordarse antes de fin de año.

El choque de trenes –el referéndum ilegal en Cataluña y la reacción subsiguiente de Madrid con parte del PP pidiendo la suspensión de la autonomía– es difícil que se produzca porque parece que hay un pacto tácito Mas-Rajoy. Mas convoca la consulta y pide autorización al Gobierno, que es quien tiene la competencia de referendos, pero si Rajoy no lo autoriza, Mas vuelve a pedirla por otro procedimiento –el Consejo Asesor para la Transición Nacional ha identificado cuatro o cinco– y se prepara para unas elecciones anticipadas “plebiscitarias” (sobre la independencia) que intentaría que fueran posteriores a las españolas de noviembre del 2015. Es decir, cuando previsiblemente ningún partido tendría la mayoría absoluta y Rajoy (o el socialista que fuese) debería buscar socios.

La ruptura sobre la pregunta de la consulta sería un ridículo enorme para Artur Mas pero no se puede excluir porque ICV y Durán exigen que sea “inclusiva”, que puedan votar a favor federalistas y confederalistas

Pero el problema político sigue vivo porque en el frente de partidos que apoyan la consulta (el PSC ya se ha apeado porque pone como condición ineludible que sea legal y pactada y dice –con lógica– que esas condiciones no se darán en el 2014) conviven partidarios de una solución federal o confederal e independentistas. Simplificando –Cataluña es país de matices– Unió Democrática (la U de CiU, en coalición electoral desde hace decenios) e ICV-EUA, en la que EUA está ligada a Izquierda Unida pero en la que mandan Joan Herrera y Dolors Camats de ICV, quieren que la pregunta de la consulta sea inclusiva. Que puedan votar a favor los federalistas o confederalistas. Por el contrario, CDC, el partido de Artur Mas, pero sobre todo ERC y las CUP son partidarios de que se pregunte directamente sobre la independencia.

Artur Mas está en una posición incómoda haciendo de equilibrista, aunque él prefiere definirse como “soldador”. Quiere conservar a ICV en el bloque favorable para poder decir que tiene detrás una mayoría más amplia que la de su pacto de legislatura. Y le es vital no romper con Unió porque eso significaría el fin de la alianza con la que CDC ha gobernado durante muchos años y podría hacer explotar la mayoría parlamentaria. Pero por la otra parte debe satisfacer a ERC (CDC aceptará lo que decida el president), que exige la pregunta independentista. Y esta formación tiene a su favor tres cosas: el pacto firmado con Mas para celebrar la consulta en el 2014 de común acuerdo, que es necesario para aprobar los presupuestos dentro de muy pocos días y que –dato sustancial– la Asamblea Nacional Catalana (ANC), una plataforma transversal y popular que es la que ha organizado las manifestaciones independentistas, se inclina también por la pregunta explícita.

En la última semana Mas ha insinuado que prefiere una pregunta inclusiva con el argumento de que la unión es lo que da fuerza al catalanismo, o sea que la puedan suscribir ICV y Durán. Pero ERC ha contestado que la mejor pregunta “inclusiva” es la que incluye la independencia, que si no hay acuerdo sobre la pregunta puede no votar los presupuestos y que no se puede traicionar lo que la gente (los más de un millón de personas que se han movilizado dos años seguidos) exigía.   

Hoy no se sabe el desenlace de este pulso creciente entre Mas y Junqueras (habrá que estar muy atentos al acto que ERC ha convocado el próximo sábado), pero todo el mundo admite que el fracaso sería un ridículo descomunal que el catalanismo no puede permitirse y en CDC se cree que Junqueras acabará cediendo ya que Duran y Herrera (al parecer coordinados) están dispuestos a mantenerse firmes. Pere Navarro va sugiriendo que todo es un despropósito porque la consulta no se celebrará, que no tiene sentido discutir sobre algo que no va a pasar y que por estos motivos el PSC ya ha abandonado la nave.

Y la actitud del PSC refuerza la posición de ICV y UDC ante un Artur Mas que no puede permitir que la consulta se convierta sólo en una cosa de CDC, ERC y las CUP, que podrían quedarse sin mayoría parlamentaria. Pero el problema es que Junqueras, creciendo en las encuestas a costa de CiU y montado sobre la oleada creciente de independentismo, no puede separarse del radicalismo de sus propias bases y –quizás más decisivo– de las de la ANC, que es la que ha aportado la fuerza de choque de las movilizaciones.

De momento, la negociación está encallada y ERC dice que ni se ha iniciado. La semana pasada indiqué que el punto de encuentro que Mas podría proponer era una pregunta formulada en los siguientes términos: “¿Quiere usted que Cataluña sea un estado libre y soberano?”, en vez del “¿Quiere usted que Cataluña sea un estado independiente?” que propugnan ERC, las CUP y la ACN. Luego Mas ha sugerido que la pregunta que negociará es la siguiente: “¿Quiere usted que Cataluña se constituya como un estado?”. Parece que esta última fórmula tampoco satisface al eje independentista, que argumenta que California es un estado y que algunos estados americanos y mejicanos se definen como estados soberanos lo que haría –dicen– que el resultado de la consulta tuviera poca consistencia ante una Unión Europea a la que se recurriría como árbitro.

Un compromiso podría ser que Junqueras votara los presupuestos para evitar la ruptura pero mostrara disconformidad con la pregunta. Mas seguiría vivo pero más tambaleante

El panorama es muy fluido y la previsión no es buena porque Artur Mas ha indicado que el acuerdo puede retrasarse hasta después de Navidad, entre el 27 de diciembre y fin de año. La hipótesis del desacuerdo o incluso la ruptura no está, pues, excluida. Pero entre el pacto unánime del catalanismo y la ruptura hay otras posibilidades. Así, algunos creen que Mas y Junqueras están negociando de forma reservada una pregunta que acabe no satisfaciendo a nadie (que incomode al sector más radicalmente  independentista) y que prefieren que la decepción se produzca en la relativa tregua de las vacaciones navideñas.

Aunque hay otra hipótesis. Que Junqueras acabe votando los presupuestos del 2014 para que la unidad del soberanismo no vuele por los aires, con lo que Mas seguiría vivo e incluso podría prorrogar en el 2015, pero que tomaría distancias claras con los términos de la pregunta. Estaríamos así ante un Mas todavía vivo pero más tambaleante y una política catalana cada vez más contradictoria que apostaría –de una forma algo ciega e inconsciente– a que la falta de mayoría absoluta en España en el 2015 (a que el estallido de las contradicciones españolas con la entrada con fuerza en el parlamento español de IU y UPyD) le resolviera la papeleta.

¿Un disparate? Sí, pero no sólo de Cataluña, sino también de Rajoy, que en su interesante entrevista del lunes a seis diarios europeos (El País es uno de ellos) dice, en referencia a la situación catalana, que “no es la primera vez que se producen acontecimientos de estas características”. Francamente, me gustaría saber el asesor en historia moderna del presidente del Gobierno, porque la situación más parecida a la actual que encuentro es la del 6 de octubre de 1934, de infausta memoria para Cataluña y para la democracia española.

Confidencias Catalanas
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