Cataluña, Escocia y los sentimientos
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Joan Tapia

Confidencias Catalanas

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Cataluña, Escocia y los sentimientos

James Mirrlees es un economista escocés, asesor del Gobierno de Alex Salmond y premio nobel de Economía en 1996 que ayer ingresó en la Real Academia

James Mirrlees es un economista escocés, asesor del Gobierno de Alex Salmond y premio nobel de Economía en 1996 que ayer ingresó en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras (la única Real Academia con sede en Barcelona). Entrevistado por Lluís Amiguet en “La Contra” (La Vanguardia) afirma que una Escocia independiente sería viable, pero que la gran pregunta es si la gran mayoría viviría mejor con la independencia. Y se contesta, “creo poco probable que vivieran claramente mejor, aunque hay áreas en que sí podrían lograr avances”. Y el nobel de Economía concluye: “Al final, la cultura común, los sentimientos, acaban siendo también razones económicas y muchos escoceses decidirán su voto por lo que sienten ante el coste de perder su conexión con el Reino Unido… Por eso las encuestas apuntan a que Escocia seguirá siendo británica”.

Cuando un nobel de Economía escocés prioriza los sentimientos sobre el frío cálculo, no estaría de más que algunos políticos españoles dejaran de esgrimir el desastre económico de la Cataluña independiente (ese argumento se puede interpretar como si Florentino Pérez quisiera aconsejar fichajes al Barcelona) e intentaran abordar el asunto con algo de inteligencia emocional. A partir de lo que dicen las encuestas solventes que no tienen una lectura unívoca.

La mayoría minoritaria (38%) dice que se sienten “tan catalanes como españoles”, pero algo más de un 20% se sienten “más catalanes que españoles” y otro 20% “sólo catalanes”. Los que se sienten “sólo españoles” o “más españoles” están sobre el 10%. Hace unos años –ya con mucha posterioridad a la inmersión lingüística y a la autonomía–, el porcentaje de los que se sentían “tan catalanes como españoles” era mayor y el de los “sólo catalanes” bastante inferior.

¿Qué ha pasado? Ya sé que muchos lectores –que leen mis crónicas e incluso las comentan, lo que agradezco– pensarán que soy un ‘obseso’ pero la clave fue la sentencia del Estatut. El propio Felipe González –al que nadie sensato acusará de estar a sueldo de Artur Maslo dijo en el programa de Jordi Évole: el Constitucional sentenció contra artículos del Estatut que en otros estatutos posteriores (copiados del catalán) no fueron ni recurridos. ¿Por qué dejo hacer el PP en Andalucía lo que recurrió en Cataluña? ¿Por qué Alfonso Guerra no se empeñó en ‘cepillarse’ el Estatuto andaluz? ¿Antipatía a Cataluña? Pues amor con amor se paga y así está la pendiente de sentimientos. El nobel James Mirrlees cree que serán determinantes en Escocia y también lo serán en Cataluña (sea en referendo o elecciones autonómicas).

James Mirrlees, nobel de Economía y asesor de Alex Salmond, cree que Escocia seguirá siendo británica porque al final los sentimientos pesan más que las razones económicas. La misma batalla se puede dar en Cataluña, donde los sentimientos compartidos de catalanidad y españolidad –cuya máxima representación era el PSC– se han agrietado pero aún son fuertes.

Por eso la clase política española debería saber que cuando Wert proclamó aquello de que “hay que españolizar a los niños catalanes” estaba lanzando barriles de petróleo sobre un incendio. Si Rajoy hubiera estudiado Psicología en vez de Derecho Registral, lo habría cesado al día siguiente. No lo hizo, (peor, no le dio importancia), la prensa ‘patriótica’ jaleó y la desafección de la que alertó José Montilla –que no es premio nobel pero sí un político sensato– ha crecido. Y la desafección no se tapa con marketing –que también–, sino con inteligencia para compartir sentimientos.

Y el sentimiento de pertenencia conjunta a Cataluña y España –cuya expresión política más rotunda estaba en el PSC– se ha ido agrietando. El líder de Esquerra Republicana de Catalunya, Oriol Junqueras –político calculador– entiende de sentimientos y por eso no ha querido diluir las banderas izquierdistas de ERC en una candidatura conjunta con CDC –cuyo líder se proclamaba hace poco business friendly– para las elecciones europeas. Pero Junqueras sabe que para ganar en Cataluña debe atemperar el radicalismo y acercarse a la centralidad política. Por eso acaba de hacer un pacto con la pequeña formación de Ernest Maragall –hermano del presidente y disidente del PSC– para que vaya de número dos (detrás de un filósofo independentista pero independiente) en su lista europea.

Busca dos cosas. Primera, pescar en las aguas movidas del PSC, cuya fortaleza fundamental era saber unir el catalanismo y el deseo de ser el motor de la modernización de España. Ahora, cuando los sentimientos respecto a España se resquebrajan, Junqueras quiere pescar. No será pan comido porque Pere Navarro –con la ayuda de Rubalcaba, un líder que pisa el terreno– intenta capear el temporal. Pero lo intenta.

No obstante, el otro objetivo –quizás el prioritario– es ganar centralidad sin aflojar en el independentismo. Aproximarse a los sentimientos medios del electorado catalán. Y el fichaje del hermano de un president que fue también el alcalde olímpico de Barcelona y que es nieto de Joan Maragall, el poeta del “Escolta Espanya”, con una importante avenida en la ciudad (creo recordar que ni Franco le cambió el nombre) es un paso calculado para disputar a Artur Mas el estatus de primer partido. Pasqual Maragall y Jordi Pujol (quizás a la inversa) son los dos políticos que más popularidad han tenido en la Cataluña democrática y ambos eran percibidos como catalanistas moderados y trascendían las fronteras políticas al uso. Además, Ernest Maragall fue durante años –los de la alcaldía de Joan Clos– un puntal del ayuntamiento socialista de Barcelona. Y de los que más cara plantaba a la Generalitat de Pujol.

En diciembre de 2010, Artur Mas fichó a Ferran Mascarell, que había sido el responsable de Cultura de los socialistas en el ayuntamiento barcelonés y conseller de Cultura de Pasqual Maragall, para el mismo cometido en la Generalitat convergente. No fue mala operación porque Mascarell –al contrario que Wert– ha logrado mantener lazos cordiales con el mundo de la cultura pese a los recortes presupuestarios. Pero ha quedado subsumido en CDC y no ha aumentado su perímetro político. Por el contrario, al fichar a Ernest Maragall, Junqueras busca atraer a ERC a antiguos electores socialistas y/o catalanistas, alérgicos a la derecha y que hasta hace poco no pensaban en la independencia.

Para conectar con el sentimiento moderado de elector medio catalán, ERC ha fichado a Ernest Maragall como segundo de su lista europea. Busca arañar votos del PSC pero también del catalanismo moderado de centro-izquierda que hasta hace muy poco tiempo no se planteaba la posibilidad de apoyar la independencia. Junqueras sabe que la radical ERC también necesita una coartada moderada para ganar a Mas y al PSC.

En esto Oriol Junqueras muestra mayor astucia para acercarse al catalanismo de centro-izquierda que el PP en su sueño (enterrado cuando Ángel Acebes decidió que Josep Piqué era un maldito engorro) de conectar con el centro-derecha catalanista de Duran i Lleida.

Claro que es una operación con muchas contradicciones, porque Ernest Maragall pontificó en una sonada conferencia –presentado precisamente por Ferran Mascarell– que el Gobierno tripartito de Montilla (al que pertenecía) no tenía proyecto de país y era un “artefacto inestable”. Todo el mundo vio entonces una crítica malhumorada a la alianza con ERC, pero en política ganar exige, muchas veces, tragar sapos y culebras. Junqueras es historiador y sabe que Francesc Macià, al volver a Cataluña tras la caída de la dictadura de Primo de Rivera, diluyó su muy independentista partido, Estat Català, en una olla más amplia y atrapa-todo, ERC, que en las municipales del 31 –las de su gran triunfo cuando la caída de la monarquía– dio entrada en sus listas a ‘militares demócratas’ como el aviador Ramón Franco, el hermano del general que luego, cuando la guerra civil, bombardeó Barcelona.

Digresiones históricas aparte, el acercamiento de la Nova Esquerra Catalana de Ernest Maragall a ERC no parece una operación puntual para las europeas. Junqueras está empeñado en ganar esas elecciones con claridad. Por eso no ha aceptado coaligarse ni con CDC ni con Bildu (CiU mantiene su acostumbrada coalición con el PNV) para poder concurrir fortalecido a las municipales del 2015.

Y ahí a ERC le conviene combinar su prestigio radical (frente al pactismo del PSC y de CiU) con la alianza con catalanistas de izquierdas de trayectoria moderada y gubernamental pero que tras la sentencia del Estatut –con Zapatero gobernando en Madrid y Montilla en Barcelona– apuestan –un inteligente amigo me dice que “sólo a media jornada”– por un independentismo no supeditado a CDC. Para derrotar a los partidos de Gobierno (CiU y PSC), un partido radical necesita pertrecharse de moderados descolocados con experiencia de gobierno.

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