¿Y si Junqueras gana las europeas?

Las europeas serán importantes porque marcarán tendencia. Si Rajoy gana querrá decir que los españoles –pese a Bárcenas- no censuran su gestión y que puede enfocar

Las europeas serán importantes porque marcarán tendencia. Si Rajoy gana querrá decir que los españoles –pese a Bárcenas– no censuran su gestión y que puede enfocar con confianza las autonómicas y municipales de mayo del 2015 (salvo Madrid y Valencia) y las generales de fines de año. Ganará “autoritas”. Por el contrario, si vence Rubalcaba –con la candidatura de Elena Valenciano, que tiene credibilidad alternativa en cuestiones como el aborto y las libertades– se entenderá que el PSOE empieza a salir del infierno que siguió a las elecciones del 2011 y que vuelve a tener una oportunidad. Las primarias (asignatura endiablada) pueden ser menos tensas. También habrá que ver cuánto pierden juntos el PP y el PSOE y cuánto ganan VOX (por la derecha), UPyD y Ciudadanos (por un centro de protesta) e IU y otros (por la izquierda). Si algunos de estos suben sustancialmente, el bipartidismo saldría malparado y las generales del 2015 plantearían más incógnitas. La complicada formación de Gobierno en un parlamento con más grupos de fuerza más repartida no sería la menor.

En Cataluña el panorama es otro porque es imposible que gane el PP y muy difícil que lo haga el PSC. Las elecciones se plantean como un test sobre quién liderará en el futuro el catalanismo independentista (CiU o ERC) y las consecuencias que tendrá sobre “el proceso”, la hoja de ruta del conflicto con Madrid de la mayoría soberanista del Parlamento catalán. Si Mas gana, recuperará liderazgo y el choque con Rajoy sobre la consulta será duro y fuerte, pero seguramente la batalla final se aplazará a después de las generales del 2015, cuando un Gobierno español más débil –previsiblemente sin mayoría absoluta– podría ser más receptivo (y quizás más libre) para aceptar fórmulas de compromiso. Por el contrario, si el triunfo de ERC fuera claro, “el proceso” podría radicalizarse y la hipótesis de unas elecciones anticipadas seguidas de una DUI (declaración unilateral de independencia) tendría más fuerza, aunque no creo que sea ese el objetivo de Junqueras. En todo caso, las fuerzas sociales independentistas (la ANC en primer lugar) tendrían un papel más destacado y el horizonte sería más incierto.

¿Qué pasará? Cuando Artur Mas en el otoño de 2012 disolvió el Parlamento catalán tras la gran manifestación independentista del 11 de setiembre, creía que lo hacía desde una posición de fuerza. No sólo por la manifestación, sino porque el ciclo electoral indicaba que CiU volvía a ser el partido guía de Cataluña. Quizás incluso más que en los mejores tiempos de Pujol, cuando lograba mayoría absoluta en el Parlament pero perdía las municipales y las generales ante el PSC. En las catalanas de 2010, Mas logró derribar al tripartito al obtener el 38,4% de los votos y 62 diputados (14 más) dejando al PSC en una lejana segunda posición con veinte puntos menos en el voto popular y 28 escaños (9 menos). Luego, las municipales de mayo vieron otra victoria de CiU, que ganó incluso la alcaldía de Barcelona. Y en las generales de 2011, por primera vez en la historia, CiU con 16 diputados aventajó al PSC (14 diputados frente a los 25 del 2008). Con el PSC derrotado tres veces (autonómicas, municipales y legislativas), Mas creyó que era el rey del mambo (las vallas electorales le pintaban como Moisés conduciendo a su pueblo) y que sacaría los 6 diputados que le faltaban para la mayoría absoluta.

Pero la noche del 25 de noviembre fue amarga (se dice que Artur Mas quiso irse y que Pujol le obligó a comparecer como compungido vencedor). CiU no ganaba nada, sino que perdía 12 diputados mientras ERC triplicaba los suyos (hasta 21) y se convertía en el segundo partido al superar en un escaño (no en votos) al PSC. Mas optó por no alterar su hoja de ruta (la consulta) y pudo mantener su liderazgo porque, pese al descenso, era de largo el ganador (50 escaños frente a 21 de ERC). Aunque, eso sí, para gobernar tuvo que pactar con Junqueras y obligarse a celebrar la consulta en 2014.

El resultado electoral del 25-M será importante para el futuro del proceso catalán. Artur Mas necesita ganar para controlarlo, mantener su liderazgo y esperar a ver qué pasa tras las elecciones españolas del 2015. Oriol Junqueras, que se ha esmerado con una candidatura sorprendente, aspira a su consagración como estrella ascendente del catalanismo y Pere Navarro apuesta a que la polarización europea permita un empate del PSC, que cree que sería el primer freno al independentismoY desde entonces (hace ya dieciséis meses) Mas y Junqueras han ido cumpliendo sus compromisos mutuos. Pero el liderazgo de Mas ha estado condicionado. No sólo porque depende del apoyo de ERC, sino porque las encuestas indican que Junqueras es más valorado y porque varias (aunque no todas) auguran el triunfo de ERC en unas elecciones anticipadas. En este caso Mas tendría que ceder a Junqueras la cabina de mando del "proceso”.

Las europeas se presentan así como un test sobre la fuerza respectiva de CiU y ERC en las autonómicas. CDC (no Unió, que se opuso con fuerza) hizo presión para una candidatura unitaria del independentismo, pero la propuesta no fructificó. La oposición de Duran –que le dijo a Mas que no iría con ERC y que la separación en las europeas equivalía al divorcio– contó. Pero lo relevante es que ERC se negó en redondo. Quería ir con sus banderas y medir sus fuerzas.

Ahora CiU presenta su candidatura tradicional (junto al PNV, Coalición Canaria y un grupo gallego) con Ramón Tremosa como cabeza de lista. Tremosa es un político esforzado y cercano al equipo de Artur Mas, pero su paso por el parlamento europeo (al contrario de lo que sucedió con Ignasi Guardans) no le ha dado peso suplementario. Y aunque en Bruselas colaboró mucho con García-Margallo (que también era eurodiputado) es de la línea independentista, lo que originó muchos conflictos con Unió. Es una candidatura de pura continuidad.

Por el contrario, Junqueras ha decidido concurrir en solitario, rechazando cualquier alianza –que creía que le restaría votos– con los radicales vascos y se ha esmerado en la confección de la lista. En el primer lugar, ha puesto a Josep Maria Terricabras, un filósofo izquierdista e independentista de prestigio y –la gran sorpresa–, en el segundo, a Ernest Maragall, el hermano del expresidente, que fue conseller de Educación con José Montilla y que hasta hace poco era emblemático militante del sector catalanista del PSC. El mensaje parece claro: ERC es más independentista que CDC (no digamos CiU), pero no es sectaria porque hace sitio a federalistas y no independentistas y por eso los dos primeros de la lista son conocidas personalidades que no militan en el partido.

No hay duda de que Junqueras (libre de las ataduras de gobierno) ha trabajado la candidatura más que Artur Mas, cuyo partido está en interinidad por la renuncia provisional de su secretario general, Oriol Pujol, que tiene una investigación abierta por tráfico de influencias en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Pero que ERC tenga viento a favor y que Junqueras haya hecho codos no garantiza el resultado. El único sondeo a nivel catalán –el de El Periódico de Catalunya del 9 de marzo– auguraba un triple empate entre CiU (19,9% de los votos, bajando algo respecto al 2009), ERC también 19,9% pero con mayor intención de voto directo, y el PSC, que perdería la mitad de su porcentaje del 2009 pero todavía tendría opciones al conservar un 18,9%.

El panorama político será muy distinto según cuál de estas tres fuerzas llegue en primera posición. Y más si la victoria es abultada. CiU va a poner toda la carne en el asador, aunque no se sabe el protagonismo de Artur Mas en la campaña. ERC está lanzada y el PSC aspira a que la propuesta de reforma federal de la Constitución, el mensaje “progresista” de la campaña de Elena Valenciano y la polarización europea (populares de Junker contra socialistas de Shultz) pueda frenar la caída que tiene desde las europeas de 2009, las últimas elecciones en las que fue la fuerza dominante (35,8% contra 22,4% a CiU).

También será interesante el resultado del PP, que en 2009 fue la tercera fuerza con el 22,4%. Pocos creen que el PP –castigado ahora en Cataluña tanto por el pleito independentista como por la gestión de la crisis– pueda repetir. En todo caso habrá que ver el grado de erosión y la emigración de una parte de su voto hacia Ciutadans (al que la encuesta de El Periódico da una fuerte subida) o incluso UPyD.

El resultado es incierto, pero lo seguro es que la política catalana será diferente si Junqueras gana las europeas. Y la encuesta de El Mundo del domingo –referida a toda España– puede ser orientativa porque a la coalición que lidera CiU (y en la que están también vascos, canarios y gallegos) le otorga un 4,2% y dos diputados (uno de CiU y otro del PNV, con lo que Unió se quedaría fuera) y a ERC un punto menos (pese a concurrir sólo en Cataluña) y también dos diputados. El 25 de mayo habrá que estar atentos al balcón de Génova y a la cara de Rubalcaba, pero también al resultado catalán. Mas necesita ganar, Junqueras aspira a consolidarse como estrella ascendente y Pere Navarro cree que un empate sería el primer freno al independentismo. 

Confidencias Catalanas
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