Londres, Rajoy y la tercera vía

Mariano Rajoy irrumpió ayer con fuerza, a las nueve de la mañana y en territorio comanche (Pepa Bueno en la cadena SER), en la precampaña de

Mariano Rajoy irrumpió ayer con fuerza, a las nueve de la mañana y en territorio comanche (Pepa Bueno en la cadena SER), en la precampaña de las europeas. Estuvo pertrechado por dos buenos datos, uno económico y otro político. Segundos antes se había hecho público que el paro bajó en abril en 111.000 personas y que las altas en la Seguridad Social habían ascendido a 133.000. Luego, pasado el mediodía, el CIS remachó al indicar que el PP remonta algo y adelanta en 5,7 puntos al PSOE. Muy por debajo de los 16 puntos de noviembre del 2011… pero tras más de dos años de caída del PIB y del empleo y olvidando las promesas de bajar impuestos.

Poco importa que la ventaja sea sólo del 0,2% en intención directa de voto (sin cocina) y que en intención directa más simpatía, los socialistas se coloquen incluso algo por delante. Rajoy jugó bien ayer sus cartas y cuando Pepa Bueno quiso entrar en detalles sobre el empleo o el déficit, el presidente se refugió hábilmente: “Vayamos a la mayor, España aún no va bien [él no es Aznar] pero el país está cambiando hacia mejor”. Lo dicho, bien jugado. Y razonable.

Pero más allá del 25-M los problemas están ahí. Es significativo –casi increíble– que el Índice de Confianza Económica del CIS, en el muy bajo 33,3 (escala de 0 a 100) esté pese a todo por encima del 29 del de confianza política. Y Cataluña es “un problema de gran envergadura” como el mismo Rajoy admitió en los micrófonos de la SER. Prueba de ello es que el presidente se debió desayunar, antes de acudir a la cita con Pepa Bueno y si los servicios de Moncloa funcionan, con un editorial de la ‘Biblia’ del mundo financiero europeo, el Financial Times, titulado: “Es tiempo de encarar la crisis de Cataluña”. Y el viernes pasado el semanario liberal The Economist –que vende más ejemplares fuera que dentro de Gran Bretaña y que es ‘casa común’ del establishment occidental– publicaba un artículo titulado: “Guerras de secesión en España”.

Ahora no es Artur Mas reclamando la independencia, ni Duran i Lleida exigiendo diálogo, ni el dúo Rubalcaba-Pere Navarro planteando la reforma de la Constitución, ni editoriales de los dos grandes diarios catalanes (El Periódico y La Vanguardia) o algunas columnas de El Confidencial advirtiendo de los peligros del choque de trenes. Ahora son los dos medios de más peso de la Unión Europea y de gran influencia en el mundo atlántico los que hablan de choque de trenes y de guerras de secesión… en España (no en Ucrania).

Bien haría Mariano Rajoy en concluir que pasado el 25 de mayo –gane o pierda, que todo es posible– algo tendrá que hacer porque como concluye el FT: “El primer ministro español tiene que buscar un acuerdo. No es inteligente parapetarse en la Constitución, argumentando que impide el camino tanto al referéndum como a la secesión. Quizás sea así en términos estrictos. Pero la Constitución debe permitir dar satisfacción a varias de las principales reivindicaciones catalanas sin que ello suponga la ruptura de España. Ya es hora que el señor Rajoy lo reconozca”.

En cinco días, tanto el ‘Financial Times’ como ‘The Economist’, dos medios británicos con gran influencia en el ‘establishment’ occidental, han abogado por solucionar el conflicto catalán recurriendo a una tercera vía. Le dicen a Rajoy que hay que cambiar el ‘statu quo’ y a Mas que la independencia no es convenienteY lo más curioso es que tanto el FT como The Economist apuestan claramente por la ‘tercera vía’ que Rajoy dice desconocer y que el agit-prop independentista (e incluso personas muy próximas a Artur Mas) aseguran que ya es inviable y que su tiempo está en el pasado. El FT explica (Montoro debería estudiarlo y Guindos subrayarlo tras su ‘aperturista’ entrevista a El Mundo del pasado viernes) que: “Uno de los argumentos a favor de la secesión, además de la historia de la región y la lengua propia, es económico. Durante años una parte de sus impuestos (de los catalanes) han servido para ayudar a pagar los servicios públicos españoles y la sensación de que Cataluña estaba socorriendo siempre a las regiones más pobres se ha ido haciendo cada vez más dolorosa”.

Advierte: “Hay límites a lo que Artur Mas y sus seguidores desearían rebajar de la contribución catalana sin provocar una crisis fiscal en Madrid. Y en todos los estados federales –por tenues que sean los lazos– hay transferencias de renta de las regiones ricas a las pobres. Pero Madrid no puede ignorar la legítima inquietud de los catalanes respecto a que sus servicios públicos carezcan de recursos en comparación con los de otras partes de España”.

La conclusión del FT es rotunda y bien harían Rajoy y los barones del PP y del PSOE (Rubalcaba ya está en ello) en estudiarla: “Para evitar la colisión hay que encontrar una ‘tercera vía’ entre la secesión y el statu quo. Muchos moderados catalanes, incluyendo líderes empresariales, reconocen que la ruptura con España sería peligrosa porque pondría en riesgo la permanencia en la UE… Madrid debe dar pues a Cataluña más autonomía en una nueva Constitución”. Y remacha: “La clave será un nuevo pacto fiscal”.

Por su parte The Economist, en línea similar, insiste en que Rajoy y Mas deben dialogar y negociar, y añade: “Dos partidos buscan una vía intermedia. El socio pequeño de la coalición CiU, la Unión Democrática de Cataluña, quiere una solución confederal. Ello permitiría que España siguiera unida y que los catalanes dijeran que eran soberanos… Los socialistas catalanes del señor Navarro defienden el derecho a la consulta si es pactada con Madrid y desean una solución federal para España. Pero esto requeriría una reforma constitucional que precisaría el apoyo del PP”.

La cuestión es si, en el caso de que Rajoy y Mas (prisioneros de sus partidos y plataformas de apoyo) continuaran el diálogo de sordos tras las elecciones europeas, los catalanistas democristianos y de centro-derecha de Duran i Lleida y el PSC de Pere Navarro no deberían plantear una iniciativa conjunta para rebajar la tensión antes del 9 de noviembre, fecha fijada por Artur Mas para la consulta, y evitar así el choque de trenes.

¿Está dispuesto Duran a firmar una propuesta de encaje de Cataluña en España al margen de CDC? ¿Es capaz Pere Navarro de tensionar aún más la relación con el PSOE (con Rubalcaba o con otro líder menos ‘rodado’) para responder a la realidad catalana? Hoy por hoy parece difícil, pero la demanda europea, que lo que menos desea es un conflicto territorial en la península –bastante tiene con el Este de Europa–, aumentará.

Visto en perspectiva, el Estatut del 2006 ya fue un intento –desgraciado y bastante mal planteado– de ‘tercera vía’. El PP con su tremendismo tuvo la mayor responsabilidad del fracaso, aunque quizás Rajoy no tuviera otra alternativa si quería evitar que le cortaran la cabeza (ayer le remarcó a Pepa Bueno que Aznar le nombró pero que luego sobrevivió ocho duros años de oposición). Artur Mas tampoco estuvo a la altura porque su objetivo principal era desalojar de la Generalitat a Pasqual Maragall, al que veía casi como un usurpador. Por eso se opuso a cualquier concesión –que Zapatero por otras razones tampoco quería– a ERC. Finalmente los socialistas no están libres de pecado porque la falta de entendimiento y las disonancias entre Zapatero (que con Fernández de la Vega demostró saber menos del TC que el hoy londinense Federico Trillo), Maragall y José Montilla les impidieron ejercer el liderazgo sereno del proceso.

En el 2014 estamos como estamos porque en el 2006 las tripas nacionalistas (en Barcelona y en Madrid) e incluso más, el ansia de poder y la propensión al error, primaron sobre la racionalidad. No habría que tropezar otra vez con las mismas piedras. 

Confidencias Catalanas

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