Madrid, ¿más abierto que Rajoy?

El coloquio del pasado lunes del Foro de Foros sobre la viabilidad económica de una Cataluña independiente puso de relieve algunas cosas. Una, que un selecto

El coloquio del pasado lunes del Foro de Foros sobre la viabilidad económica de una Cataluña independiente puso de relieve algunas cosas. Una, que un selecto grupo de la diversa sociedad madrileña (Aristóbulo de Juan, Jaime Carvajal, Javier Vega de Seoane, Gaspar Ariño, Julián Ariza, Julián García Vargas, Carlos Alonso Zaldívar, entre otros) escuchó con atención e interés a dos economistas catalanes que defendieron –con educación pero sin pelos en la lengua– la viabilidad de una Cataluña independiente.

Otra, que mientras las posiciones políticas de los dos Gobiernos están cerradas, tanto los economistas madrileños que creen que la independencia sería negativa –José Luis Feito, presidente del Instituto de Estudios Económicos, y Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales– como los catalanes abordaron a fondo la complejidad del proceso y contemplaron posibles vías de solución.  

Quizás la primera sorpresa la dio Miquel Puig, un brillante economista que fue director general de la televisión catalana (pactado por Pujol y Maragall), ahora vicepresidente ejecutivo del Consorcio Universitario de Cataluña y que ha escrito un brillante libro sobre la desindustrialización, cuando contestó a Feito, que acababa de insistir en que la independencia comportaría la salida inmediata de la UE. Puig sostuvo que una declaración unilateral de independencia no conlleva la independencia si España no la reconoce. El divorcio unilateral no existe, exige el acuerdo de las partes o la sentencia judicial. Mientras no sea reconocida como Estado –en primer lugar por España– Cataluña seguiría siendo España y, por lo tanto, dentro de la UE.

Lo que sucedería es que se agravaría el conflicto político y se entraría en un peligroso terreno pantanoso que podría radicalizar las cosas y obligar a la UE –contra su primera voluntad– a intervenir. No por altruismo, sino porque tanto España como la nueva Cataluña serían países muy endeudados y la UE querría garantizar el pago de las deudas y evitar que el conflicto pudiera afectar al euro. No cree que la independencia sea un camino de rosas y sostiene que la principal razón del independentismo es que España está mal gobernada y tiene un futuro muy difícil. Cataluña se enfrenta a dos males. El mal mayor, continuar en una España sin proyecto ni horizonte que además no acoge sus demandas fiscales. El mal menor, transitar con muchas incógnitas hacia la independencia.

En el Foro de Foros, un grupo de la diversa sociedad madrileña escuchó con atención las tesis independentistas. Miquel Puig sostuvo que Cataluña no saldría de la UE por una declaración unilateral de independencia no reconocida por España, y Oriol Amat afirmó que la solución más probable era un pacto impuesto por la UE Pero lo que indica que –más allá de la opinión de Puig– quizás CDC se esté replanteando algunas cosas es lo que afirmó el mismo lunes el número uno de su lista europea, el eurodiputado Ramón Tremosa, quien tras las declaraciones de Jean-Claude Juncker (de apoyo al cien por cien a las tesis de Rajoy) no mantuvo la idea de la permanencia segura –quizás con algún pequeño tropiezo– en la UE, sino que por el contrario prometió:

“La proclamación de la independencia después de la votación favorable en un referéndum quedaría supeditada a un proceso de negociación previa que garantizara la presencia en la UE… CATALUÑA SE TOMARÁ UNO, DOS, TRES AÑOS, O LOS AÑOS QUE SEAN NECESARIOS PARA BUSCAR EL RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL Y MANTENERSE EN LA UE. NO TOMAREMOS DECISIONES PRECIPITADAS”.

Lo dijo el mismo día que la última encuesta de La Vanguardia ponía de relieve (bajo el título tranquilizador de “CiU resiste el empuje de ERC”) que ambas fuerzas tienen ya un peso electoral muy similar, lo que hace difícil que Artur Mas tenga la última palabra.

Volviendo al Foro de Foros, la afirmación de Miquel Puig no convenció a Feito, que continuó apuntando la salida inmediata de Cataluña de la UE. Feito señaló además que –en todo caso– la huida de capitales de Cataluña y la retracción de las inversiones se producirían en el mismo momento que una mayoría independentista se dispusiera a dar un paso irreversible. Emilio Ontiveros manifestó que tanto para Cataluña como para España sería mejor llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes, pero también señaló que la inestabilidad reguladora que acompaña a un proceso de independencia y la aversión de los capitales al riesgo haría que Cataluña resultara perjudicada.

Ontiveros abogó por la permanencia de Cataluña en una “federación española” –y preguntado por los catalanes sobre la viabilidad de dicha federación– apuntó que en la Constitución hay elementos para ir a un federalismo no simétrico. El propio Feito se manifestó a favor de la solución federal y afirmó que las consecuencias económicas para España de la independencia catalana serían muy, muy graves. Por eso dijo no entender a los ‘nacionalistas españoles’ que presumen de preferir la independencia catalana a la negociación.

El número uno de la lista europea, Ramón Tremosa, inflexiona la posición de CiU y dice que Cataluña no proclamaría la independencia hasta tener garantizada la permanencia en la UE. Que la independencia podría esperar 'los años que sean necesarios'Sobre este punto, el segundo ponente catalán, Oriol Amat, catedrático de la Pompeu Fabra, miembro de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y coordinador de un reciente libro en el que un grupo de veinte economistas catalanes escriben sobre las consecuencias de la independencia (editado por el Collegi d´Economistes y en el que participan economistas contrarios al proceso como Francesc Granell o ‘accidentalistas’ como Antoni Castells, el conseller de Economía de Maragall y Montilla), despertó el interés de los asistentes al afirmar que –pese a todo– cree que la salida más probable al conflicto es un pacto final que vendría tras la intervención de la UE. E inquirido para que concretara, recurrió al concepto recientemente lanzado por Artur Mas del double win, en el que las dos partes ganan como contrario a la estupidez del "yo gano, tú pierdes".

Este pacto debería cumplir cuatro requisitos. Uno, la negociación bilateral con el Estado, al margen de otras CCAA. Dos, un acuerdo claro para el reparto de poder y competencias. Tres, una financiación que respetara (con independencia de la discusión sobre el déficit fiscal) la ‘ordinalidad’: que Cataluña no quedara finalmente por detrás de otras CCAA que aportan menos. Cuatro, que el uso del catalán dependiera únicamente de decisiones catalanas.

Amat concluyó diciendo que estaba convencido que históricamente a Cataluña le había ido bien dentro de España y que el pacto exigía “empatía y cariño mutuo”, algo últimamente inexistente. Miquel Puig fue más cauto, pero afirmó que, si era posible un pacto razonable, Cataluña votaría a favor porque el independentismo es un movimiento de clases medias y las clases medias son más conservadoras que revolucionarias.

El dictamen –patentizado en los corrillos sin tensión que se formaron al acabar el acto– es que la sociedad civil madrileña está abierta a buscar soluciones pragmáticas. Más abiertas sin duda que el inmovilismo de Rajoy (respetar la Constitución y no tocarla) pero todavía más alejadas de la posición de Artur Mas (el reconocimiento del derecho a la consulta es previo a cualquier negociación). Rubalcaba puede estrellarse, pero su sombra es alargada.

Confidencias Catalanas
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