¿Sin pedal de freno?

Intento resumir –y perdón por la extensión– lo que pasó el domingo en Europa, España y Cataluña.EN EUROPA NO PASÓ LO PEOREl índice de los 300

Intento resumir –y perdón por la extensión– lo que pasó el domingo en Europa, España y Cataluña.

EN EUROPA NO PASÓ LO PEOR

El índice de los 300 primeros valores europeos está en el máximo desde 2008 (el Dax alemán en el récord histórico) tras las elecciones. Así, un diario relevante titula “Los mercados aplauden los resultados de las elecciones europeas”. Mientras tanto, un intelectual europeísta de prestigio y equilibrado, Timothy Garton Ash, hablaba ayer de una negra nube que se cierne sobre el continente, de señal de alarma y de conmoción “tras unas elecciones que han dado paso a una coalición de descontentos de todo color e ideología”.

¿Quién tiene razón? Bueno, los mercados –componente esencial del sistema económico– no se expresan sólo en dos jornadas y Garton Ash apunta indicios bien reales. Pero a nivel europeo existen razones para una relativa tranquilidad. Primero porque, en el país que tiene la economía más potente y un sistema político que funciona, las elecciones han ido muy bien.

La CDU de Merkel ha ganado y la euroescéptica Alternativa por Alemania (nada extremista pero muy antieuro) saca sólo un 7%. Y la izquierda, que sube, es el viejo SPD que comparte gobierno con el CDU y que tiene larga tradición de realismo. Así, el liderazgo alemán se va a reforzar. La única salvedad es la apuntada por Radoslaw Sikorski, exministro de Exteriores de nada menos que Polonia, que hace poco decía que por primera vez en muchos años temía más la falta de liderazgo europeo de Alemania que su voluntad de dominio.

El otro motivo de satisfacción es que los dos grandes partidos europeos –los populares y antiguos democristianos y los socialistas– van a seguir siendo los grupos europeos dominantes. Ambos han bajado algo (61 diputados el PPE y 9 los socialistas sobre un total de 725) pero siguen sumando el 53% de los escaños (28% los conservadores y 25% los socialistas). Ello obligará a una especie de gran coalición, como mínimo entre estos dos grupos, como ya ha pasado desde el principio de la UE. La colaboración del centro-derecha y el centro-izquierda no sólo es necesaria parlamentariamente, sino porque la institución central de la UE –el Consejo Europeo formado por los jefes de Gobierno de 28 países muy diferentes– aconseja la entente entre estas dos fuerzas (otra vez como mínimo) para poder dar pasos adelante.

La subida de los partidos euroescépticos y con tendencia al extremismo no ha sido demasiado fuerte –excepto en Francia que es una amenaza seria– y en Europa se puede reemprender la tradicional colaboración entre el centro-derecha y el centro izquierda. No ha habido cataclismo político tras la peor crisis desde 1929

Y pese a la mayor crisis económica desde 1929, a que el euro estuvo a punto de volar por los aires en el periodo 2010-2012, a que la salida de la recesión es tímida y lenta y a que el paro sigue siendo muy alto, la entente popular-socialista ha sobrevivido. A un amante de las novelas de aventuras le puede parecer aburrido y poco emocionante, pero es positivo. 

El tercer punto es que la explosión de la protesta contra la crisis y los partidos que la han gestionado bien o mal (en las crisis de caballo nadie saca sobresaliente) no ha sido extraordinaria y es muy diversa. A la izquierda de la socialdemocracia la protesta sólo ha subido significativamente en Grecia (Syriza ha ganado las elecciones pero la gran coalición en el poder saca más eurodiputados) y en España (IU y Podemos).

Y la derecha recalcitrante antieuropea que ha surgido en muchos países es diversa y está dividida. En los países del norte es antieuropea porque parte de sus ciudadanos (Dinamarca, Finlandia, Austria) no quieren pagar más impuestos para ayudar a los países del Sur. En Francia y Holanda tiene un fuerte componente nacionalista y antiinmigración. En Italia es un movimiento antisistema de la clase media y en Gran Bretaña responde a la tendencia, anterior a la crisis, de una parte de los británicos a no sentirse europeos.

Pero todo esto sumado –que no se puede sumar porque es muy diverso– se queda en el entorno del 20-30% del Parlamento Europeo. Es preocupante, claro, pero tras la mayor crisis desde 1929, la estructura deficiente de los mecanismos del euro (cuando el mar estaba en calma no hacían falta), la gestión mediocre de Bruselas y la timidez del BCE, que no tiene la tradición de la Reserva Federal americana y que además está muy vigilado por los ortodoxos alemanes (su primer accionista) es el inevitable daño colateral.

En este horizonte de relativa tranquilidad hay un dato muy preocupante: la crisis francesa. Que en Francia –el segundo motor tras Alemania del ovni que es la Unión Europea– el Frente Nacional de Marine Le Pen supere en 5 puntos a la derecha de Sarkozy y en 10 a los socialistas es inquietante. Y si el motor francés falla todo el ovni puede estrellarse. El tema de Gran Bretaña es diferente y tiene menor gravedad porque no está en el euro.

¿HA GANADO RAJOY?

En España ha ganado el PP pero sólo porque el PSOE ha perdido. Los dos partidos juntos se han dejado cinco millones de votos respecto al 2009, lo que indica una gran corriente de desafección. Pero las victorias nunca son amargas del todo. Rajoy sale como posible ganador de las elecciones generales del 2015, que pueden dar un Parlamento muy complicado

Pero las elecciones europeas son también importantes a nivel de los Estados que forman la UE porque se convierten en una gran encuesta-barómetro de las inclinaciones y tienen consecuencias. En España lo acabamos de ver con la inmediata dimisión de la secretaría general del PSOE del Alfredo Pérez Rubalcaba tras unos malos resultados. El PSOE ha perdido nada menos que 2,5 millones de votos respecto a las europeas del 2009. Ha bajado del 38,7% de los votos al 23% y se ha quedado con 14 eurodiputados (9 menos).

Tras el fracaso de las generales del 2011, era evidente que Rubalcaba necesitaba dar paso a alguien que no tendrá su experiencia ni quizás tampoco su realismo e inteligencia, pero que deberá abrir una nueva perspectiva. Y no es nada seguro que esto pase. Quizás lo más grave del PSOE es una curiosa falta de madurez que le impide aceptar como propia la política económica de Zapatero en el 2010, que –como se ha visto después ya que Rajoy ha tenido que seguirla corregida y aumentada– era la única alternativa a la salida del euro que habría llevado a más recortes y más sufrimiento. De momento en el PSOE hay una crisis interna que no se sabe cómo acabará.

Y ese es el triunfo de Rajoy, haber derrotado a Rubalcaba aunque sea por poco (3 puntos frente a los 16 de las generales del 2011) y haber dejado al PSOE no hundido pero sí muy tocado. Porque los resultados del PP tampoco han sido buenos. Ha perdido también 2,5 millones de votos que han ido a UPyD (550.000 votos más), a Ciudadanos (500.000) y a Vidal-Quadras (270.000) pese a que no le hayan bastado para seguir de eurodiputado. En porcentaje ha bajado 16 puntos (del 42% al 26%) y se ha quedado en 16 diputados (8 menos). No es la victoria que le podía consolidar porque su pérdida de votos (y la socialista) indica que en España hay una creciente desafección al sistema.  Pero las victorias nunca son totalmente amargas. De la amenaza de UPyD se puede decir aquello de que no era tan fiero el león como lo pintaban. En parte porque la protesta de centro-derecha contra Rajoy ha ido también a Ciudadanos.

ERC HA BATIDO A CiU

Y los resultados catalanes son también un problema suplementario para Rajoy y la gobernación. Habrá que analizarlos con más atención, pero Rajoy deberá tomar nota que el Financial Times ha titulado que “el voto español destaca la grieta territorial en España” y levanta acta de que los partidos que apoyan la consulta sobre la independencia alcanzaron el 55% de los votos, mientras que en el 2009 sólo sumaban el 38%. Esa es una realidad a la que debe enfrentarse al Gobierno pues el 9 de noviembre (la fecha fijada para la consulta) no está lejos.

En Cataluña el 55% de los electores han apoyado a los partidos que defienden la consulta del 9 de noviembre pero los independentistas (ERC y CiU) suman sólo el 45%. Artur Mas está más prisionero de Oriol Junqueras que ha ganado las elecciones y sube el temor al choque de trenes con dos maquinistas que cada vez tienen más difícil accionar el pedal del freno

Además, el PP ha bajado del 18% al 9,8% y el PSC del 36% al 14,2%. Ciertamente, el 2009 está muy lejos y ha habido la sentencia del Estatut, pero lo peor es que entre noviembre del 2012 (elecciones anticipadas catalanas convocadas por Artur Mas) y ahora, el PPC ha caído 3 puntos mientras que el PSC ha mantenido su 14%. Es evidente, pues, que la cerrazón del PP con la artillería de los Wert, Montoro, García-Margallo, Cospedal, Sánchez-Camacho… no sirve.

Claro que el primer derrotado de las elecciones es Artur Mas, que ha sacado un 21,8% de los votos cuando en el 2012 (cuando ya perdió doce diputados y se quedó con 50 frente a 62) obtuvo un 30,7%. O sea que ha bajado 9 puntos, mientras que su aliado-contrincante de ERC (no quiso la lista conjunta e hizo una buena campaña fichando al hermano de Pasqual Maragall como segundo de lista) ha saltado del 13,7% al 23,6% (10 puntos más). La proyección de estos resultados a unas hipotéticas plebiscitarias –realizada ayer por Gesop para El Periódico de Cataluña– le daría a Oriol Junqueras 40 escaños frente a 36 de CiU (ahora CiU tiene 50 y ERC sólo 21).

Además, pese a la gran movilización independentista que ha hecho subir la participación, la suma de CiU y ERC (ICV apoya el referéndum pero no la independencia y las CUP no se han presentado) se ha quedado en el 45%. Lo que pasa es que CiU ha perdido 8 puntos y ERC ha ganado 10. La ganancia neta para el soberanismo no es espectacular.

Ahora, la gestión de la imposibilidad de celebrar la consulta se le va a complicar a Artur Mas. Hasta el momento el guion era que la convocaba pero no la llevaba a cabo fuera de la legalidad. Protestaba porque España no dejaba votar y luego hacía tiempo hasta después de las elecciones españolas (esperando encontrarse con un Gobierno en Madrid sin mayoría que ahora parece garantizado) pese a que Junqueras criticara el retraso. Ahora todo será más alambicado porque el liderazgo del movimiento de protesta soberanista-independentista está ya compartido entre el presidente de la Generalitat y su aliado Oriol Junqueras, que es, además, formalmente –curioso detalle– el líder de la oposición.

Tras estas elecciones, en Barcelona Artur Mas tiene menos autoridad y está más prisionero de opciones competidoras y más radicales. Y en Madrid, Rajoy se encuentra con un partido en Cataluña poco operativo (repite con insistencia la estrategia equivocada de Génova) y menos libertad de movimientos que antes por el inicio del ciclo electoral español. Duran i Lleida está alarmado y no sólo por la marcha de Rubalcaba, sino porque ve que la ya muy difícil posibilidad de pacto entre Rajoy y Mas es hoy más problemática que la semana pasada. El temor al choque de trenes entre dos maquinistas sin libertad para accionar el pedal del freno ha subido otro escalón. 

Confidencias Catalanas

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