¿Qué dirán el domingo las urnas catalanas?

Quizás lo más trascendente será lo que suceda con el fenómeno Podemos, al que hace unos meses alguna encuesta vaticinó grandes resultados en unas elecciones catalanas

Foto: Plaza de Catalunya, Barcelona. (Wikipedia)
Plaza de Catalunya, Barcelona. (Wikipedia)

Catalunya es un país-esponja, pequeño pero con bastante capacidad para asumir lo nuevo. Las ideas europeas –a través de la frontera francesa– con más rapidez que la meseta, la revolución industrial… En la segunda mitad del siglo pasado supo absorber a una gran cantidad de ciudadanos de otras partes de España que vinieron a Cataluña y que se integraron en la vida económica, política y sindical. Uno de los grandes aciertos de Jordi Pujol fue aquella frase que los carteles que CDC puso en las calles al principio de la transición: “Es catalán todo el que vive y trabaja en Cataluña”.

¿Qué va a absorber, y en qué medida, la esponja catalana en las elecciones municipales del domingo? Hay dos fenómenos y dos preguntas a los que tendrá que dar una respuesta. Primera, ¿hasta qué punto la oleada de protesta social que la crisis ha levantado en toda España pesará en los nuevos ayuntamientos? Segunda, ¿el independentismo que tanto ha dado que hablar en los últimos años se ha convertido –como autoproclama reiteradamente– en la nueva centralidad catalana?

Vamos por la protesta social, que se presenta con dos ofertas diferentes. Una, las CUP (Candidaturas de Unidad Proletaria), un movimiento asambleario independentista y de extrema izquierda. Otra, la de la conjunción de Podemos e ICV, que suma diferentes aliados. Según las encuestas publicadas por El Periódico la semana pasada, la presencia de las CUP en los ayuntamientos (que ya se vio en las elecciones del 2011) va a aumentar pero sin estridencias. Pueden sumar un concejal (hasta 4) en Girona, donde los sondeos les dan un 13% del voto, parece que entran en Lleida con un 5,4% y pueden hacerlo también (pero no es seguro) en Barcelona y Tarragona. Curiosamente, en el cinturón industrial barcelonés su atractivo es menor porque parece que no sacarán concejales ni en L´Hospitalet ni en Badalona, la segunda y la tercera ciudad catalanas con mucha población inmigrada (tanto la del desarrollismo como reciente).

En Barcelona hay un codo a codo entre Trias, que quiere el voto moderado, y la protesta de Podemos-ICV

Pero quizás lo más trascendente será lo que suceda con el fenómeno Podemos, al que hace unos meses alguna encuesta vaticinó grandes resultados en unas elecciones catalanas. Podemos no se presenta directamente, pero la candidatura estrella que apoya (asociado al importante soporte logístico y político de la ICV de Joan Herrera) es Barcelona en Comú, con Ada Colau, la antigua líder del movimiento contra las ejecuciones hipotecarias al frente.

Si Colau, apoyada por Podemos, ICV, EUA-IU y el movimiento de la monja Forcadas, llega en primera posición, querrá decir que la esponja catalana (al menos la barcelonesa) es sensible a la protesta social que encabeza Pablo Iglesias. Y de la amalgama de partidos que la apoyan puede salir una coalición nueva de cara a las elecciones catalanas. Debe ser la apuesta estratégica de Joan Herrera, el inteligente líder de ICV, que quiere hacer confluir a la tradicional ICV (con cuadros y estructuras) con los nuevos movimientos de protesta social.

Pero la victoria de Colau siempre sería limitada (las encuestas le dan un máximo de 11 o 12 conejales sobre 41) y tendría serios problemas para construir una mayoría de gobierno (21 concejales). Por otra parte, la mayoría de las encuestas siguen dando a Xavier Trias (político de la CiU tradicional y con un perfil moderado) como la primera lista. Aunque también con poco margen y con serios problemas para formar una mayoría de gobierno. Aquí el papel del PSC, que con Jaume Collboni lucha para ser una tercera fuerza decisiva (tuvo la alcaldía sin ininterrupción desde 1979 al 2011), puede ser clave.

Parece, pues, que las municipales dirán que Cataluña es sensible a la protesta social (y a Podemos) y que dichos movimientos pueden dar origen a una nueva izquierda (diferente y más radical que la tradicional del PSC), pero que no se van a comer el mundo. Ni la izquierda ya que el PSC resiste bien en sus bastiones tradicionales. Núria Marín, la alcaldesa de L´Hospitalet, llega destacada en primera posición y se queda con 12 concejales (antes 13) en un consistorio de 27 ediles. Además la segunda fuerza en el ayuntamiento parece que será Ciudadanos y ni Podemos ni las CUP comparecen con alguna probabilidad. Y en Santa Coloma de Gramanet, otra ciudad ‘obrera’ pegada a Barcelona y Badalona, la socialista Núria Parlón sube e incluso puede obtener mayoría absoluta.

Candidatos a la alcaldía de Barcelona. (EFE)
Candidatos a la alcaldía de Barcelona. (EFE)

Vamos a la segunda incógnita. ¿Hasta qué punto el independentismo será determinante en las ciudades catalanas? Está claro que va a obtener más fuerza en la Cataluña interior y en ciudades medias. Aquí la lucha por la primacía entre CiU y ERC puede ser fuerte.

Pero el independentismo no será el lunes por la mañana la nueva centralidad de la Cataluña urbana. La esponja catalana lo va a absorber –como sucede desde el 2012–, pero no va a quedar empapada. En las cuatro capitales catalanas –salvo Girona– y en el área metropolitana de Barcelona (donde vive la mayoría de la población) no va a ser determinante.

Vamos a las capitales. Las listas que han asumido la hoja de ruta de CDC-ERC y la ANC (Asamblea Nacional Catalana) van a tener una presencia fuerte y apabullante en Girona ya que pueden sumar  –siempre según las encuestas de El Periódico– el 60% de los votos. Y la primera lista será la del alcalde Carles Puigdemont (CiU), que derrotó al PSC en el 2011, con un 35,7% de los votos y 11 concejales (sobre 25). Por el contrario, el porcentaje de voto independentista va a ser alto, pero minoritario, en Barcelona (38%), Tarragona (30,6%) y Lleida (30,4%). Se ha de resaltar que en Lleida el alcalde Àngel Ros, presidente del PSC, resiste bien la oleada soberanista de la Cataluña interior con 12 concejales frente a 4 de CiU.

Y en las ciudades en las que hay encuesta del área industrial de Barcelona los resultados del independentismo son pobres: Un 17% en Badalona con CiU como tercer partido tras el PP y el PSC. Un 14,5% en L´Hospitalet, donde CiU se convierte en la quinta fuerza tras el PSC, Ciudadanos, el PP y ERC. Y en Santa Coloma de Gramanet parece que la lista de CiU no logra ni un concejal.

Son unos resultados malos para CiU y para ERC que indican que el independentismo es una opción muy fuerte y muy movilizada pero que está lejos de dominar la esponja catalana. La idea de Artur Mas, Oriol Junqueras y la ANC de convertir las municipales en un ensayo general de las “plebiscitarias” de setiembre parece que se va a estrellar con una doble realidad.

La primera es que las municipales son municipales y se vota la gestión del alcalde. Badalona es una ciudad que se declara muy a la izquierda (57% de izquierda y centro izquierda contra 13% de centro y 10% de centro-derecha y derecha), pero el popular García Albiol encabeza la primera lista con el 39,3% de los votos (la segunda, la del PSC, está a veinte puntos de distancia).

Salvo en Girona, los resultados del independentismo se prevén flojos en las capitales catalanas y en el área metropolitana barcelonesa

La otra realidad es que no se puede confundir la movilización con la realidad. El catalanismo se siente muy vejado por la sentencia del Constitucional sobre el Estatut y por la política cultural y de financiación del Gobierno Rajoy, y sobre este colchón el independentismo es el vector de la sociedad más dinámico y movilizado. Pero la  realidad es más compleja, más poliédrica, más huidiza ante las definiciones identitarias. Todas las encuestas dicen que –incluso en los momentos de mayor tensión con Madrid– un 40% de catalanes declaran sentirse tan catalanes como españoles. Es un dato que el voluntarismo debería no haber minusvalorado.

Y CiU y Artur Mas están percibiendo (ojo a al reciente e interesante cambio en la presidencia de la ANC) que la sociedad es reticente a su maximalismo. Durán Lleida, el huidizo aliado democristiano, ha reaparecido en campaña pero sólo para apoyar a Xavier Trias ante el “peligro venezolano” que dice que representa Ada Colau. Y Artur Mas hizo el lunes su primer y último día de campaña en Badalona y L´Hospitalet pidiendo fuerza para CiU con una frase reveladora: “Para que ni el ayuntamiento de Barcelona ni el de Badalona ni ninguno del área metropolitana puedan ponerse en contra de que el pueblo catalán pueda decidir su futuro.”

Vale, pero Mas debe tomar nota de que Ciudadanos –en parte una reacción frente al “procés”, más espontánea que la del PP y más dura que la del PSC– sube y puede ser la segunda fuerza en Tarragona y L´Hospitalet.

Ahora, a esperar lo que dicen las urnas el domingo. Los resultados son lo decisivo, pero las encuestas son un método más racional de acercarse a la realidad que las grandes intuiciones de algunos comentaristas –en eso los catalanes son muy españoles–, que no es que se equivoquen (que también les ha pasado a las encuestas en el Reino Unido), sino que confunden repetidamente sus legítimos deseos con las realidades.

Por el momento y en las encuestas, Cataluña es sensible a la protesta social de Podemos, pero no se suma a ella de forma relevante. Y el independentismo se reafirma como parte relevante de la sociedad, pero no es tampoco su nueva centralidad. 

Confidencias Catalanas
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