Sonora bofetada de Colau a Rajoy y al secesionismo de Mas

La victoria de Ada Colau es principalmente un torpedo no sólo a la hoja de ruta independentista sino a la línea de flotación del 'president'

Foto: Ada Colau, de Barcelona en Comú, se dirige a sus simpatizantes. (EFE)
Ada Colau, de Barcelona en Comú, se dirige a sus simpatizantes. (EFE)

El cómputo dice que CiU ganó las elecciones municipales en Cataluña con 662.000 votos seguida del PSC con 526.000 que quedó 21.000 por encima de ERC, la tercera fuerza. Y CiU y PSC continuarán gobernando en muchos municipios. CiU será de largo el partido con más alcaldes y el PSC –pese al desastre de Barcelona- ha sabido conservar bien sus plazas del área metropolitana como l’Hospitalet (la segunda ciudad catalana). [Consulte aquí los resultados en Barcelona]

Así pues hay –como en el resto de España- una dosis de continuidad en unas elecciones que no obstante –y como también en España- abren una etapa de fuerte cambio político, quizás el más importante desde la Transición. CiU gana, el PSC conserva su fuerza en el área industrial de Barcelona y el PP vuelve a ser de largo el partido más votado en Badalona (la tercera ciudad catalana).

Vale. Pero los tres partidos tradicionales –CiU, PSC y PPC (éste de relevancia menor en Cataluña)- sufren serias pérdidas mientras que las fuerzas emergentes suben con fuerza. CiU baja seis puntos (del 27 al 21%), el PSC ocho y el PP cinco, mientras que los emergentes o los que quieren revolucionar –a veces en direcciones contrarias- el consenso catalán de la Transición adquieren más presencia. ERC (independentista sin complejos) sube siete puntos (del 9 al 16%). Ciutadans, que critica el exceso de catalanismo, seis. Las CUP (Candidaturas de Unidad Popular) asamblearias, independentistas y de extrema izquierda, cinco, y entran además en muchos ayuntamientos (parece que incluso roban a CiU la alcaldía de Berga).

CiU y el PSC vuelven a ganar las elecciones municipales catalanas pero pierden mucha fuerza

Con todo, el gran acontecimiento ha sido el éxito electoral de Ada Colau en Barcelona que en principio tiene la alcaldía asegurada al ser la lista más votada (y porque hoy no hay mayoría alternativa posible) pero que tendrá dificultades para lograr una mayoría de gobierno. La victoria de Colau, apoyada por su propio grupo de protesta social, ICV-EUA, y el independentista Procés Constituent, es una gran campanada porque Barcelona es la capital de Cataluña (y la segunda ciudad de España) y tiene una gran influencia sobre la vida política e institucional.

Tiempo habrá de analizar los problemas de gobernabilidad y los riesgos económicos que la ciudad puede correr. Hoy, en esta nota de urgencia, lo que hay que destacar es que la victoria de Colau (y de una coalición hábilmente tolerada e impulsada por Joan Herrera, el líder de ICV) es una sonora bofetada tanto para Rajoy y el PP como para el independentismo de Artur Mas. Y también en buena medida para el PSC y el PSOE.

Para el PP porque el hecho de que el 25,2% de los barceloneses (el 33% si sumamos las CUP) hayan votado a partidos totalmente opuestos a la política económica de Rajoy indica que su discurso ha radicalizado a una izquierda barcelonesa que durante muchos años estuvo dirigida (en alianza con los comunistas del PSUC y después con ICV) por socialdemócratas moderados y pactistas como Narcis Serra, Pasqual Maragall y Joan Clos. Para el PSC porque la victoria de Colau se debe –no únicamente- a la emigración de muchos antiguos votantes socialistas. Es evidente que –pese a los esfuerzos de Jaume Collboni en el año que lleva en Barcelona al frente del partido- el PSC no supo digerir su derrota del 2011 y ha perdido gran parte del último mandato municipal sin tomar decisiones (y en este caso no principalmente por el derecho a decidir). Y para el PSOE porque el triste final de Zapatero –con la crisis económica y la sentencia del Estatut- ha castigado mucho a sus socios catalanes.

La derrota de Trias, la marginalización de CiU en el área metropolitana y el éxito de Ciutadans son tres torpedos en la línea de flotación de Artur Mas

Pero la victoria de Ada Colau es principalmente un torpedo no sólo a la hoja de ruta independentista de Artur Mas sino a la línea de flotación del president. Perder Barcelona –como él mismo alertó el pasado viernes- era un serio obstáculo para la hoja de ruta pactada entre CDC, ERC y la ANC (la Asamblea Nacional Catalana) que prevé elecciones “plebiscitarias” el 27-S y la consecución de la independencia en un plazo posterior de 18 meses. Como dijo Mas, con Barcelona apoyando todo iba bien. Con una Barcelona reticente todo se complicaba mucho.

Y así ha sido. La humillación de la CiU de Mas, que quiere hablar en nombre de toda Cataluña y que logró la alcaldía (sin mayoría) en el 2011, es fuerte al obtener sólo 10 concejales (cuatro menos que entonces) frente a los 11 de Ada Colau. Con la derrota de Barcelona liderar Cataluña, además sin mayoría operativa de gobierno (el pacto con ERC sólo sirve para la independencia), es una quimera. Máxime cuando la suma de los partidos de la hoja de ruta (CiU y ERC) dan sólo 15 concejales (sobre 41) y el 33,7% del voto popular. Cierto que junto a las CUP llegan a los 18 concejales y el 41% del voto. La pulsión independentista de la ciudad existe y no debe ignorarse (la tentación de muchos en Madrid) pero está lejos de ser mayoritaria y además hay muy pocas cosas en común (salvo la aversión a Madrid) entre Artur Mas (no digamos Unio y Duran Lleida) y las CUP.

Las fuerzas emergentes -muy distintas entre ellas- como Colau, ERC, las CUP y Ciudadanos logran mayor presencia

No obstante una parte no despreciable de la coalición de Colau –aunque lejos de la hoja de ruta- está a favor del derecho a decidir. Para Mas la derrota de Barcelona es un torpedo a su línea de flotación pero lo que puede ser mas definitivo es que en el área metropolitana de Barcelona (y especialmente en l'Hospitalet y Badalona) CiU no ha tenido una derrota por la mínima (caso de Barcelona) sino que ha mordido el polvo con unos resultados que la conducen a la marginación. En gran parte por la revalidación de muchos alcaldes socialistas del área industrial de Barcelona como Nuría Marín (l'Hospitalet), Nuría Parlón (Santa Coloma), Antoni Balmon (Cornellá de Llobregat) y Antoni Poveda (San Joan Despi).

Y que Ciudadanos se haya convertido en la tercera fuerza municipal en Barcelona y haya entrado con fuerza en muchos municipios catalanes (Tarragona es un ejemplo) es una demostración de que Artur Mas calibró mal sus fuerzas. Tanto las internas dentro del soberanismo –frente a Unió para imponer la via independentista y frente a Junqueras para liderarlo sin discusión- como frente a otros sectores de la sociedad que han aceptado (o incluso impulsado) el catalanismo imperante tras la transición pero que tienen reticencia u oposición a la ruptura con España.

La victoria de Colau en Barcelona y la marginalización de CiU en el área metropolitana son dos golpes serios al proceso independentista. Pero la aspiración de Cataluña a más autogobierno es otra cosa y no se acaba en la hoja de ruta de Mas y Junqueras. Cualquier Gobierno español responsable lo tendría en cuenta porque la posible yuxtaposición de dos radicalizaciones sería un mal asunto.  

Confidencias Catalanas
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