El frente del rechazo es mayor en Cataluña

La deriva del independentismo puede estar equivocada (seguro que lo está cuando asegura que una Cataluña independiente sería miembro de la UE) pero es evidente que hay problemas de fondo

Foto: Celebración de la Diada en Cataluña. (AP)
Celebración de la Diada en Cataluña. (AP)

En un inteligente artículo el director de El Confidencial se hacía eco el lunes de la incomprensión del establishment español sobre lo que sucede en Cataluña. Citaba a un directivo empresarial que afirmaba que “el proceso soberanista ha envuelto a Cataluña en una atmósfera densa y tóxica” y que se lamentaba del dominio del independentismo en los medios de comunicación. Luego, refiriéndose al empresariado catalán, decía que “no les llega la camisa al cuello”, “protestan en silencio”, viven “una sensación de fin de etapa” y “buscan puentes que no existen”. Un buen retrato impresionista.

Pero luego, en base a la encuesta de El Periódico del pasado miércoles 24, llegaba a la conclusión de que la apuesta independentista de Mas perdía mucha fuerza (de 60 diputados en el 2010 pasó a 50 en el 2012 y se quedaría ahora en 33-35). E incluso su estatus de primera lista en las próximas elecciones es discutido por una posible coalición de la tradicional ICV de Joan Herrera con Podemos, que ya han hecho una primera prueba en las municipales de Barcelona con la victoria de Ada Colau.

Aquí está la clave de la diferencia entre lo que pasa en España y en Cataluña y que al establishment español le cuesta percibir. Es cierto –lo sintentizaba bien Nacho Cardero- que el independentismo ha perdido ímpetu. Se observa no sólo en los resultados electorales de Artur Mas sino en cuestiones más de fondo. Según la serie de encuestas de El Periódico, los que decían sentirse independentistas en octubre del 2012 (tras la primera gran manifestación del 11-S) sumaban un 51%, y ahora han descendido al 44,9%, mientras que los no independentistas han ido a más, del 47,3% al 52%. Por otra parte, los que creen que el actual procés acabará en la independencia son sólo un 20%, mientras que el 40% cree que acabará con un mayor autogobierno (una especie de tercera vía) y el otro 40% no sabe o cree que se abandonará el procés.

La protesta radical salta del 25% en España al 66% en Cataluña

Lo que sucede es que mientras en España la protesta radical y el malestar profundo con el sistema se expresa sólo a través de Podemos (Ciudadanos sólo quiere reformarlo), que tiene una intención de voto del orden del 25%, el frente del rechazo al sistema en Cataluña es mayor y más diverso. Con una lectura algo sesgada de la encuesta de El Periódico podemos decir que agrupa tanto a los votantes de una posible coalición Podemos-ICV (22,4% de intención de voto según la encuesta) como al espacio independentista conformado por los que dicen que votarán a la lista de Artur Mas (también un 22,4%), o a la más radical de ERC (12,9%), o a las asamblearias CUP que combinan extrema izquierda e independentismo (8,2%).

Así el frente del rechazo al sistema en España atrae a una cuarta parte del voto mientras que el frente de disidencia radical catalán conecta con el 66% del electorado. La suma de la protesta social (22,4% de Podemos) y el 43,5% que reúnen las tres opciones independentistas (lista de Mas, ERC y las CUP).

Mientras en España el constitucionalismo es muy mayoritario (pese a los resultados municipales de Madrid, Zaragoza, Valencia y algunas capitales gallegas), el constitucionalismo podría ser hoy minoritario en Cataluña. Se quedaría en el 33% sumando, por este orden, Ciudadanos, PSC, el PP y Unió Democrática. Y además en el interior del bloque constitucionalista las diferencias son inmensas.

Es imposible sacar conclusiones de futuro porque los dos componentes del frente del rechazo catalán (el social y el independentista) pueden comportarse de forma contrapuesta y algunos partidos (ERC o todavía más las CUP) pueden bascular. Pero sí indica una gran diferencia entre lo que pasa en España y en Cataluña. Mientras en España los líderes más valorados son Albert Rivera (grupo liberal europeo) y Pedro Sánchez (grupo socialista), los tres políticos más valorados en Catalunya según la encuesta de El Periódico son, por este orden, David Fernández, el portavoz de las CUP en el parlamento catalán, la monja Teresa Forcades, que aspira a ser la Ada Colau de las elecciones catalanas del 27-S, y Oriol Junqueras. Otro dato a reflexionar es que el segundo partido –tras CiU- en las recientes elecciones de San Cugat del Vallés, el municipio importante con más renta de Cataluña, han sido las CUP.

La conclusión es que si la independencia es algo muy complicado, si es cierto que España y Cataluña son hoy políticamente muy distintas. Con todo, los partidos conectados con fuerzas españolas (Podemos, Ciutadans, PSC y PP) suman en la encuesta citada un 50,3% de intención de voto. Nada más pero nada menos.

Aunque el independentismo ha bajado en Cataluña coexisten la protesta social y la independentista

Habrá que dejar para otro día las razones por las que la protesta radical pueda llegar a sumar las dos terceras partes de los electores catalanes y sólo la cuarta parte de los españoles. Pero la conclusión parece clara. Mientras que la protesta social provocada por la crisis tiene dimensiones similares (algo superior en Cataluña si sumamos Podemos-ICV y las CUP que llegarían al 30%), en Catalunya el nacionalismo y el catalanismo han pasado de ser una fuerza mayoritariamente constitucionalista –recordemos el papel de Miquel Roca en la Constitución, el apoyo de Pujol a Felipe González y a Aznar, y el de Artur Mas y Durán Lleida a las medidas de rigor de Zapatero en la situación extrema de marzo del 2010- a una suma de partidos movilizados que han llegado a la conclusión de que el futuro pasa por la independencia.

La deriva del independentismo puede estar equivocada (seguro que lo está cuando asegura que una Cataluña independiente sería miembro de la UE sin ningún problema) pero es evidente que hay problemas de fondo. El primero es que el encaje de Cataluña en España no es una asignatura fácil y que hoy parece –curiosamente- más difícil y complicado que el de Euskadi. El segundo es que el PP y el PSOE se han equivocado. El PP al cuestionar –no sólo jurídicamente sino apelando también a movilizaciones anticatalanistas- un Estatut que había sido no sólo tramitado siguiendo los trámites constitucionales sino votado en referéndum. Máxime cuando la interpretación de ese Estatut iba a estar siempre en manos de un Tribunal Constitucional que era difícil que derivase hacia una contemplación generosa del controvertido texto. Pero también falló el PSOE al no saber dirigir el proceso estatutario con mano suficientemente firme.

No obstante, quizás el error principal se ha cometido estos últimos cuatro años cuando Rajoy no ha sabido aprovechar su mayoría absoluta para buscar algún tipo de arreglo o como mínimo bajar la tensión. El exministro Wert dijo en el 2012 algo que en Cataluña sentó como una patada, que había que españolizar a los niños catalanes (en mi colegio hablaban de catequizar a los negritos). Sólo ha sido sustituido, tres años después, cuando por razones sentimentales ha decidido trasladar su domicilio a París. ¡Cuánta ceguera!

Confidencias Catalanas
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