Cataluña 27-S, todo abierto
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Joan Tapia

Confidencias Catalanas

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Cataluña 27-S, todo abierto

El resultado electoral depende en parte de lo que haga una amplia franja del antiguo electorado de CiU de clases medias que siempre se ha identificado con un catalanismo moderado

placeholder Foto: Los candidatos de Junts pel Sí Artur Mas (d), Oriol Junqueras (i) y Raül Romeva (c). (EFE)
Los candidatos de Junts pel Sí Artur Mas (d), Oriol Junqueras (i) y Raül Romeva (c). (EFE)

El otro día Nacho Cardero apuntaba que Miquel Roca Junyent, número dos de CDC durante muchos años, se inclinaba por las tesis de Duran i Lleida. En CDC Roca siempre defendió -incluso frente a Pujol- posiciones moderadas que le llevaron a abogar por la participación directa de CiU en la gobernación de España.

Es difícil saber lo que hará finalmente el siempre prudente Roca pero ayer firmaba un artículo en La Vanguardia defendiendo que catalanes somos todos -los independentistas, los confederalistas, los federalistas asimétricos, los federalistas a secas, e incluso los que no se identifican con nada de los anterior- que confirma su no comunión con el exclusivismo de Artur Mas que sostiene que no votar a la lista de Junts pel Sí (la de CDC y ERC) es hacerlo por la España de Aznar.

Además, Roca ha aceptado presentar a Ramon Espadaler -el candidato de Unió a la Generalitat- no en un mitin, pero sí en una tribuna-coloquio los primeros días de campaña. Es interesante porque el resultado electoral depende en parte de lo que haga una amplia franja del antiguo electorado de CiU de clases medias que siempre se ha identificado con un catalanismo moderado y al que las tomas de posición como la de Joan Rosell, antiguo presidente del Foment y actual de la CEOE, y Josep Lluis Bonet, presidente del Consejo Superior de Cámaras, de la Fira y de Freixenet no puede dejar indiferente. Si una parte significativa de este electorado -que puede pensar que contra lo que dice Mas a CDC “se le ha ido la olla”- se decanta por Unió, o por el PSC si la democracia cristiana no le gusta, el independentismo quedará tocado.

La lista independentista de Mas y Junqueras pierde la mayoría absoluta y bajan de los 71 diputados que ahora tienen a 60 o 62

Atención pues a los electores de CDC que se identificaban más con el antiguo portavoz de la Minoría Catalana en el Congreso que con el propio Pujol. Pero de momento las encuestas no detectan una significativa emigración de voto hacia Unió. En las dos de este setiembre -la de El Periódico y la de El Mundo-, Unio no acaba de despegar. La de El Periódico le da 0-2 diputados y la de El Mundo 3. Aunque quizás la opinión pública todavía no se ha acabado de enterar del divorcio y algunos encuestados dicen que darán su voto a CiU. ¿Dónde contabilizarlos?

El resultado del 27-S (más allá de lo que haga Unió) está en el alero. Si las elecciones fueran plebiscitarias, como dice Mas y como según El Mundo admite el 50,4% de los catalanes (contra el 25,9%), el independentismo perdería ya que la suma de las dos listas independentistas (la de Junts pel Sí de CDC, ERC y la ANC y la de las más radicales CUP) se quedaría en el 44,8% de los votos según Gesop (la encuestadora de El Periódico), o un 46,1 según Sigma-2 (la de El Mundo). El independentismo perdería pues si las elecciones fueran plebiscitarias de verdad y moralmente saldrá derrotado si no llegan al 50% de los votos.

Esta derrota se ve también en otras preguntas de la encuesta de El Periódico. Los que se sienten independentistas son sólo el 47,6% (aunque suben casi tres puntos respecto a la última encuesta) frente al 49,9%. Y si pasamos de los sentimientos a las preferencias, el 38,6% de los encuestados querría que todo acabara con la independencia frente al 43,9% que prefiere un pacto con el gobierno de España que dé un más amplio autogobierno y un 13,4% que desearía que se acabara “el procés”. Y si pasamos a lo que los catalanes creen que realmente pasará, el 39,3% apuesta a que todo acabará en un pacto frente al 22,5% que opina que se abandonará “el procés” por falta de apoyo de la población y el 21,8% que confía en que finalmente se imponga la independencia. Aunque estos últimos han crecido respecto a las dos encuestas anteriores de El Periódico en el 2015.

El catalanismo no es pues mayoritario en Catalunya y una amplia franja de catalanes desea un pacto con el Estado que dé más autogobierno. Pero… hay dos peros. Y sustanciales.

Los independentistas están muy movilizados y el 90% asegura que irá a votar. Son veinte puntos más que los no independentistas

El primero es que los electores independentistas están mucho más movilizados. El 78,2% de ellos cree que estas elecciones son muy importantes y el 92% dice que irá a votar. Por el contrario, los no independentistas que consideran trascendentales las elecciones son solo el 25,8% y los que aseguran que votarán se quedan en el 70%. Si estos datos no varían, un triunfo independentista no se puede descartar. Y algunos cuidadosos analistas señalan que la campaña de brocha gorda del PP (Tribunal Constitucional con poderes represivos, afirmaciones de que solo el PP garantiza la unidad de España y cerrazón ante la reforma de la Constitución) puede movilizar a los electores más radicales del PP a los que ya gusta García Albiol (y a los independentistas en sentido contrario) pero también puede crear una sensación de disgusto y desmovilizar a una amplia franja de electores socialistas, de IU y de Podemos que no son independentistas pero que sienten rechazo a las tesis del PP.

La bipolarización independentismo-PP favorecería a Artur Mas, que de hecho la busca, porque el catalanismo no independentista puede sentir hartazgo ante esos dos campos y abstenerse. No votarán por la independencia pero tampoco lo harán a favor de un Estado español que alardee de poder encarcelar a un presidente de la Generalitat (que no les gusta) si ha ganado las elecciones. Y, de hecho, según Gesop, son los antiguos electores del PSC y los de Catalunya Sí que es Pot, la coalición de Podemos e ICV, los que tienen el voto menos claro en este momento.

Pero lo fundamental es que no son elecciones plebiscitarias sino autonómicas y de lo que se trata es de tener una mayoría para formar un gobierno que después hará lo que quiera… y pueda. Y aquí la lectura también es ambigua. Es cierto que Junts pel Si -según la encuesta de Gesop- experimenta una muy seria corrección a la baja porque pasa de 71 diputados que tienen ahora juntos CiU y ERC a sólo 60 o 62 (a 65 según la encuesta de El Mundo) y la mayoría absoluta está en los 68 diputados. Pueden perder, pues, entre 11 y 9 diputados.

La suma de las dos listas independentistas saca entre 67 y 70 diputados, por lo que pueden tener mayoría absoluta y formar gobierno aunque con dificultades

Y el desastre es todavía mayor si recordamos que en el 2012 Mas disolvió el Parlament porque pese a que CiU tenía 62 diputados decía necesitar no sólo la mayoría absoluta sino una “excepcional” para ir por el camino del derecho a decidir (algo diferente a la independencia). Y hoy tres años después se puede encontrar con que los 62 diputados los tenga que compartir con ERC, la ANC y Lluis Llach (el emblemático cantante abre la lista por Girona).

Pero casi todo lo que pierde Junts pel Sí lo ganan las radicales CUP, que recogen el voto independentista más de protesta y más crítico con “los negocios” de CDC y pasan de 3 a 7 u 8 diputados. Así, la suma de Junts pel Sí y las CUP podría obtener entre un mínimo de 67 diputados y un máximo de 70, cuatro menos de los que tienen ahora. Si tienen 67, “el procés” estará seriamente tocado (el propio Mas lo ha admitido) pero si llegan a los 68 puede formarse un gobierno independentista rupturista que complicaría la estabilidad política en grado sumo.

Es cierto que las CUP han dicho que no votarían a Mas, que puede haber maniobras para investir a Raül Romeva, antiguo eurodiputado de ICV que ha aceptado abrir la lista de Mas, y que un gobierno con las CUP (más radicales que Podemos) difícilmente podría gobernar si no fuera para hacer algo parecido a una revolución. Pero precisamente ese es el peligro.

Contrariamente a lo que se piensa en Madrid, el independentismo ha cometido muchos fallos pero todavía puede ganar o como mínimo estar en disposición, gracias a la ausencia de ley electoral catalana porque nunca ha habido una mayoría de dos tercios para hacerla, de mantenerse en el poder.

La suma de las dos listas independentistas obtiene sólo el 45% de los votos, por lo que si las elecciones fuera plebiscitarias el independentismo perdería

Y es que hoy el gobierno catalán, apoyado por los independentistas pero que Artur Mas dice (de tanto en tanto) que quiere negociar se enfrenta a un ejecutivo de Madrid que -cierto que no siempre por su culpa- no ha negociado nada y no ha hecho ningún gesto de complicidad (Aznar como mínimo nombró ministros a dos entonces jóvenes promesas de la sociedad civil, Josep Piqué y Anna Birulés) durante cuatro largos años que han sido además los de la más seria crisis desde 1929.

La opción preferida por la mayoría de los catalanes según todas las encuestas –no sólo la de El Periódico sino también de La Vanguardia y El País-, la de un mayor autogobierno, una financiación más justa y un reconocimiento del hecho diferencia,- no tiene hoy el poder ni en Madrid ni en Barcelona. Eso ni la liquida ni la la descalifica pero sí le quita verosimilitud.

El resultado está pues abierto y mucho dependerá de la movilización del electorado que no es independentista y que quiere un pacto para seguir dentro de España pero que siente también rechazo hacia el españolismo uniformizador que no admite la personalidad catalana, que hizo fracasar el Estatut en el Tribunal Constitucional cuatro años después de ser aprobado en referéndum y que acaba de enviar una ley al Congreso por la vía de urgencia (tras cuatro años de legislatura) para dar poder también represivo al Constitucional.

El resultado de Cataluña está abierto. Y es probable que el independentismo no llegue al 50% de los votos pero que sí tenga mayoría para gobernar.

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