Cinco notas sobre el 27-S

Lo más probable es que el separatismo gane en escaños pero pierda en votos

Foto: Los candidatos de Junts del Sí con Romeva en el centro durante un mitin. (EFE)
Los candidatos de Junts del Sí con Romeva en el centro durante un mitin. (EFE)

Ahí van cinco notas rápidas sobre las elecciones catalanas del domingo.

1. Resultado previsible

Según un promedio de 20 encuestas publicadas, Junts pel Sí -la candidatura de Mas y Junqueras- bajaría en diputados y se quedaría con 63-65 (ocho o seis menos que CiU y ERC en 2012). Pero la CUP (extrema izquierda asamblearia y nacionalista) subiría de tres a nueve escaños, con lo que el independentismo superaría la mayoría absoluta de 68 diputados.

Así habría ganado las elecciones autonómicas y podría gobernar si Junts Pel Sí y la CUP alcanzaran un pacto (lo que tampoco es seguro).
Pero el separatismo habría perdido las elecciones plebiscitarias porque la encuesta que le da más votos (la de 'El País') le deja en el 49,9%. Con el 45 o 49% de los votos frente al 55% o 51% de los diversos partidos no separatistas es difícil proclamar la voluntad inequívoca del pueblo catalán a la independencia. Y en todo caso, en estas circunstancias esa declaración carecería de toda solvencia, tanto interna como externa.

2. ¿Es seguro este resultadonbsp;

No, porque la campaña ha adquirido mucha intensidad (después de las encuestas), lo que puede alterar el resultado. Además, hay un 20% de indecisos que -dada la gran movilización del voto independentista- es posible que sean más bien reticentes al 'procés'. Una experimentada encuestadora me dice que si de este 20% vota la mitad, los beneficiados serán tanto Ciutadans -Inés Arrimadas no es Albert Rivera pero ha aguantado- como el PSC de Miquel Iceta, que ha sido la revelación de la campaña tanto por sus ya famosos bailes (veanle con Thais Villas en 'El Intermedio' del lunes) como por un discurso articulado y su gran sintonía con Pedro Sánchez y con los socialistas de Baleares, Aragón y Valencia.

3. Una campaña más enconada y de gran intensidad

Los líderes europeos (ayer fue Juncker) han advertido del riesgo de que una Cataluña independiente quede fuera de la UE. Es lógico, porque lo que menos interesa a Europa es que a la triple crisis que atraviesa -económica, de explosión inmigratoria y de la dificultad de ser gobernada por consenso de 28 estados- se sume ahora un problema de partición de estados que tuviera su origen en Cataluña. Además, el discurso separatista era de un optimismo (sobre la permanencia en la UE) bastante irracional.

El Financial Times avisa de que una declaración de independencia sumiría a España en una crisis constitucional sin precedentes

Luego los bancos han puesto de relieve los inconvenientes de la independencia en un documento que apunta los riesgos pero que está redactado con brocha gorda. Y el  gobernador del Banco de España ha llegado incluso a hablar como “futurible muy improbable” de “corralito”. Quizás se ha exagerado, pero que Caixabank y Sabadell tuvieran que trasladar sus sedes sociales fuera de Cataluña no sería positivo para nadie. Quizá también Linde se podía haber ahorrado lo del “corralito”. Pero, cuando el referendo escocés, el Royal Bank of Scotland, el Lloyds y Mark Carney, el gobernador del Banco de Inglaterra, también avisaron con rotundidad de los inconvenientes de la separación del Reino Unido.

Además, bastantes empresarios y organizaciones empresariales (no sin tensiones internas) han roto su discreción o su silencio y han alertado de diversos peligros, entre otros el retroceso del comercio entre Cataluña y España, que no se deben ignorar.

4. Balance de las campañas

Es pronto para juzgar, pero la campaña del 'sí' ha pecado de monocorde. Y presentar un primero de lista (Raúl Romeva) que no es el candidato real a la presidencia no funciona. Revela las grandes tensiones internas del separatismo y muestra un malabarismo político que les perjudica.

Pero el independentismo tiene a su favor la famosa “lluvia fina de Aznar”, repitiendo desde hace años que solo la independencia permitiría una Cataluña próspera y libre. En el resto de España se atribuye esta lluvia fina al poder (y al dinero) de la Generalitat. Pero el poder de los gobiernos de España es mucho mayor. Esta lluvia fina no ha calado por el dinero de la Generalitat (que también) sino por la impericia de los gobiernos sucesivos de España. El de Zapatero pecó, cuando el recurso del PP al Constitucional, de esconder la cabeza bajo el ala. Como el avestruz. Y Rajoy, en la oposición y en el poder, ha demostrado en los hechos no solo que no entiende a Cataluña sino que da la sensación de que la ningunea porque no la encuentra en el Registro de la Propiedad.

Es un error creer que disparar cañonazos 15 días es más efectivo que la lluvia fina de la desafección durante varios años

Paradójicamente, el único que se ha acercado a la realidad al admitir que “la sentencia del Constitucional fue vista como una agresión” ha sido García Albiol. El candidato del PP está muy a la derecha del partido pero es un profesional que ha demostrado saber ganar elecciones (en Badalona) y no ha tenido otro remedio que auscultar la calle y topar con la evidencia.

Las advertencias de las autoridades europeas (y de Obama), de la banca y de los empresarios españoles y catalanes deberían haber favorecido a los no independentistas porque (exageraciones aparte) advierten de riesgos relevantes que el separatismo ha intentado ocultar.

Pero no es seguro. Primero porque las exageraciones pueden tener un efecto contraproducente y una campaña basada solo en el aviso de los peligros (que es pintada por los otros como campaña del miedo) es difícil que haga cambiar el voto de un independentista convencido, y tampoco es seguro que movilice a los escépticos sobre la independencia pero que no quieren que gane la España del PP. 

En Escocia, el palo (los avisos de los bancos y de Carney) tuvo su zanahoria en la promesa firme de los tres partidos ingleses, juntos, no de aplicar la ley vigente sino de un mayor autogobierno. Y en muestras de afecto y proximidad.

En Cataluña no se ha visto nada similar. Todo han sido cañonazos contrarios (incluidas las repetidas advertencias sobre las pensiones). Una campaña solo negativa puede estar contraindicada, especialmente en Cataluña, donde el presidente Montilla ya advirtió -antes de la sentencia pero durante su traumático parto- sobre los avances de “la desafección”. 

La única excepción ha sido la propuesta de Pedro Sánchez de una reforma de la Constitucion en sentido federal y la concreción, relevante pero poco recogida por la prensa, de trasladar el Senado (reconvertido en cámara territorial) a Barcelona. Aquí el PSOE retoma en parte la idea de la bicapitalidad de España de Pasqual Maragall, el único candidato que ganó al nacionalismo, aunque por la mínima, unas elecciones catalanas.

Pero Pedro Sánchez ni es el presidente del Gobierno ni lo ha sido. Al contrario que Gordon Brown, que no solo había sido primer ministro, y antes todopoderoso ministro de Economía con Tony Blair, sino que además era escocés.

La campaña de duras advertencias quizás despierte al elector durmiente no separatista pero tiene un handicap: falta la zanahoria de Escocia

Así pues, las advertencias o cañonazos contra la independencia pueden tener el efecto de despertar al votante durmiente no independentista pero también corren el riesgo de movilizar más a los independentistas. Y algunos excesos han creado malestar en electores que no quieren la independencia pero que saben que la única solución es hacer un reset de la Constitución del 78.

El resultado está pues en el aire. Lo mas probable es lo ya señalado pero no se puede descartar que el separatismo se movilice más y llegue al 50% de los votos (aunque todas las encuestas dicen que no son mayoría y a lo sumo empatan con los que quieren permanecer en España). Y tampoco sería imposible que al final el separatismo se quedara algo por debajo del 47% de los votos (eso tuvieron en 2012) y no lograran (ni siquiera con la CUP) los 68 diputados. En 2012, los soberanistas desde Unió a la CUP tuvieron 74.

5. Roca Junyent y el 'Financial Times'

El domingo sabremos los resultados. Pero Miquel Roca Junyent, portavoz de CiU en Madrid durante muchos años y que apuesta por algo así como una tercera vía, escribía ayer: “Las elecciones no acaban nada, solo marcan el inicio de una nueva etapa en la que todos serán necesarios. Y hará falta que desde fuera de Cataluña se lea bien el resultado. Sea el que sea, estas elecciones ya han marcado una voluntad de cambio que no puede ser ignorada. Con posiciones diferentes la mayoría amplia de los ciudadanos de Cataluña reclama que se escuche su deseo de cambio y que se le dé satisfacción. Una lectura del resultado que no lleve a esta conclusión sería mas que un error: sería negarse a aceptar la evidencia”. Y curiosamente en un ciclo de conferencias de los distintos candidatos, organizado por 'La Vanguardia', Roca solo ha presentado a Ramon Espadaler, de Unió, y a Miquel Iceta, del PSC. Y Roca nunca hace nada sin cálculo y por casualidad. 

Y el 'Financial Times', la biblia del conservadurismo sensato y próximo a las empresas, dice casi lo mismo que Roca en su último editorial, titulado “España y Cataluña tienen que evitar un choque directo”:

“Al buscar una mayoría absoluta en escaños, los secesionistas han fijado el umbral de la victoria demasiado bajo. No tienen derecho a proclamar la victoria al menos que obtengan el 50% de todos los votos emitidos… El 50% de los votos no daría la independencia pero enviaría una señal tanto a Madrid como a la UE de que el problema catalán no puede seguir ignorado…".

"Los partidos independentistas tienen el deber de ser mas honestos con la población catalana sobre los costes de la ruptura… Una Cataluña independiente tendría que volver a solicitar su ingreso en la UE y en el euro y su entrada no estaría garantizada. Su historial en los mercados de crédito no estaría demostrado. Una declaración de independencia sumiría a Madrid y Barcelona en una crisis constitucional sin precedentes que minaría la confianza de las empresas".

Y remacha: “El 'Financial Times' cree que la secesión no beneficia ni a Cataluña ni a España ni a la UE. Si se quiere evitar, hay que hallar 'una tercera vía' entre la independencia y el status quo actual. Madrid tiene que conceder a Cataluña más autogobierno en una nueva Constitución. Esto implica, en especial, un pacto fiscal mas equilibrado”.

“No será fácil llegar a un acuerdo así… pero hay que encontrar una solución. Con las severas reformas aplicadas por el Gobierno de centro-derecha, la economía española está saliendo de la crisis. No se puede permitir que este éxito se vea truncado por una nueva era de caos independentista”.

Pues eso. El diario de la City no es la Biblia pero indudablemente tiene mas sentido común que el demostrado por la derecha española y catalana los últimos años. Quizá lo más patriótico no sea venerar 1714, o repetir cual jaculatoria que España es la nación más antigua del mundo, sino pasear hasta el kiosko, comprar el FT y leerlo.  

Confidencias Catalanas
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