La revolución de 'els botiguers'

“Si las urnas no se llenan el domingo de votos independentistas, el 'procés' perderá toda la fuerza” (Artur Mas)

Foto: El presidente catalán en funciones, Artur Mas (i), y el cabeza de lista de Democràcia i Llibertat en las generales, Francesc Homs. (EFE)
El presidente catalán en funciones, Artur Mas (i), y el cabeza de lista de Democràcia i Llibertat en las generales, Francesc Homs. (EFE)

El domingo pasado en un mitin de CDC (ahora se llama Democràcia i Llibertat) en Vic, importante ciudad de la Cataluña central en cuyos alrededores nació Francesc Homs, el primero de la lista nacionalista, Artur Mas dijo una gran verdad: “El 'procés' perderá toda la fuerza si las urnas no se llenan de votos independentistas durante la jornada electoral del 20-D”.

Tiene toda la razón. Tras haber dicho que las elecciones del pasado 27-S eran plebiscitarias y haber afirmado después que las había ganado con el 47,8% de los votos, las legislativas del próximo domingo también tendrán en Cataluña una lectura plebiscitaria.

Y esta lectura puede ser bastante desagradable para Artur Mas. No ha podido repetir la unión de CDC y ERC en Junts Pel Sí (JxS) y ahora ambas fuerzas concurren por separado. Y las encuestas revelan un resultado muy incierto con una reñida lucha por la primera posición entre En Comú Podem (Ada Colau y Pablo Iglesias) y Ciutadans. Y solo detrás aparecen ERC, el PSC y finalmente Democràcia i Llibertat (DLL o CDC). Para más inri, parece que entre el 60% y el 65% de los votos podría ir a formaciones no independentistas. La lectura plebiscitaria sería un desastre para el independentismo y Juan Carlos Girauta, el primero de la lista de Ciutadans, disfrutaría como un enano.

Artur Mas se encuentra pues en una posición muy poco confortable. Si Democràcia i Llibertat (CDC) no es la primera ni la segunda fuerza -que parece lo más probable-, su autoridad como tribuno de Cataluña ante Madrid quedará disminuida. Y si ERC la aventaja, será su liderazgo del independentismo el que sufrirá. Y esta batalla la enfrenta tras casi tres meses de humillaciones en los que no ha conseguido ser investido como presidente pese a múltiples cesiones ante la CUP que han provocado la alarma incluso de los 'consellers' más sensatos de su Gobierno.

CDC tiene un doble y contradictorio reto: lograr que dos diputados de la CUP voten la investidura de Mas e impedir que su lista acabe el 20-D tercera o cuarta

Además, el laberinto convergente tiene difícil salida. Para movilizar al máximo el tradicional voto catalanista y soberanista -hoy independentista, como ha escrito el 'conseller' de Economía, Andreu Mas-Colell-, CDC necesitaría hacer un discurso moderado capaz de atraer a las amplias clases medias catalanas que siempre han sido el 'pal de paller' o el cimiento del partido. Es lo que intentó Francesc Homs, el primero de la lista de Madrid, que atacó a la CUP tanto por no investir a Mas como por su anticapitalismo radical. El número cinco de Homs, Miquel Puig, un agudo economista liberal, llegó a escribir que en la declaración independentista del Parlament del pasado 9 de noviembre se habían omitido las creencias y sentimientos de “la gente de orden”.

Homs sabía que CDC debía taponar la fuga de votos moderados hacia los democristianos de Duran i Lleida (al que las encuestas no dan escaño pero que está apoyado mediáticamente y puede dar la sorpresa), hacia Ciutadans, que está penetrando en el público convergente de catalanismo 'light' (CDC recogió en su momento mucho voto procedente de UCD), o incluso la hacia la propuesta federal del PSC y de Miquel Iceta. Por eso su discurso reticente ante la CUP y el fichaje para su lista del hábil polemista Miquel Puig.

Pero como dice el refrán, “donde hay patrón, no manda marinero”. El patrón es Mas y el marinero, Homs. Y el patrón tiene el alma partida entre dos necesidades. La primera, que la CUP permita su investidura. La segunda, que CDC no se hunda el próximo 20-D. Y cortejar a la CUP, negociar con la CUP y pactar (si hay suerte) con la CUP no es demasiado compatible con un discurso liberal. Hay que acordar un más o menos estrambótico -aunque solo sea porque no hay dinero para financiarlo- programa de rescate social con la CUP, tal como ha pedido David Fernandez, el exdiputado la pasada legislatura de esta formación, que ya se ha manifestado a favor de prestar dos votos a Mas a cambio del plan de choque.

Y ello sin olvidar que, tal como declaraba al diario 'Ara' el pasado sábado Quim Arrufat, otro exdiputado anticapitalista, David Fernandez está hoy en minoría dentro de la CUP y el pacto al que puedan llegar -si llegan- JxS y la CUP tendrá que someterse después -probablemente el 27 de diciembre- a un serio escrutinio y a la votación de una asamblea de unos 1.500 militantes de extrema izquierda. La consecuencia es que Homs ha echado agua a su discurso y Miquel Puig se ha callado.

Es difícil salir a la carretera y poner rumbo, al mismo tiempo y en el mismo vehículo, hacia el norte, sintonizando con la anticapitalista y antisistema la CUP, y hacia el sur, buscando el apoyo de las clases medias catalanas que por muy nacionalistas que sean tienen alergia al desorden. Seducir al mismo tiempo a los que aplauden a los okupas y a aquellos cuya prioridad es la ley y el orden, no es tarea fácil.

Por eso, Artur Mas y Francesc Homs están en una disyuntiva infernal. Es muy complicado decirle que sí a la vez a David Fernandez (para que la CUP retire el veto al candidato 'business friendly' de 2010) y a los pequeños empresarios tentados por los discursos más conservadores de Duran i Lleida o Albert Rivera. Si CDC fuera un partido normal, habría una gran fricción entre la prioridad de Mas (lograr dos votos de la CUP para ser investido) y la de Francesc Homs (sacar el máximo de votos de las clases medias el próximo domingo). Pero como CDC ha sido siempre un partido moderadamente leninista (de la escuela de Jordi Pujol), en el que el secretario general o el líder acumula casi todo el poder, la urgencia de Mas se está imponiendo y Homs, el marinero, pone la mejor cara posible.

Misión imposible de Homs: lograr el próximo domingo el voto de los pequeños empresarios y comerciantes mientras Mas corteja a una fuerza anticapitalista

Cuando usted lea está crónica, ya habrá tenido lugar en el programa de Josep Cuní de TV8 (la televisión del grupo Godó) un debate que puede ser decisivo entre Duran i Lleida y Francesc Homs. Duran, quizás el político español que más conoce la política europea, se va a jugar el todo por el todo porque las encuestas le ignoran. Pero Homs, con solo una mano (la otra está prisionera del flirteo de Mas con la CUP) se va a defender. Y, como ya ha demostrado en su larga etapa de portavoz, no le falta capacidad inventiva. El domingo en Vic ya ensayó su respuesta. Aseguró que el 'procés', el camino hacia el Estado propio, es “la revolución de 'els botiguers", la revolución de los tenderos y pequeños comerciantes.

El problema es que la mayoría de 'botiguers' asocian la palabra revolución a la peor desgracia del mundo: desorden, 'botigas tancadas' (tiendas cerradas) y clientes asustados. Y con la CUP, con cierta tendencia a atacar el mobiliario urbano, el rechazo se acrecienta.

Mas y CDC se la juegan por partida doble. Por una parte, necesitan no quedar en tercera posición (no digamos ya cuarta o quinta) el próximo domingo. Que ganara Ciutadans (o que quedaran detrás del PSC) sería casi como que la Iglesia católica pusiera anuncios cuestionando la existencia del Cielo. Por la otra, necesitan la investidura de la CUP aunque sea renunciando a una parte sustancial del dogma convergente.

El gran peligro es quedar relegados el domingo y quedarse luego -y quizá como consecuencia- sin la investidura. Perder las dos batallas. Y buena parte del mundo convergente teme y empieza a exteriorizar que el beso de la CUP pueda acabar siendo el beso de la muerte. Piensan -el 'conseller' Mas-Colell lo escribió ya el lunes 16 de noviembre, hace justo un mes- que más vale ir a unas nuevas elecciones que someterse a la humillación de llevar el programa de gobierno al examen y puntuación de una asamblea de 1.500 militantes anticapitalistas.

Si realmente pasa eso -si el candidato 'business friendly' es investido tras una votación de 1.500 militantes anticapitalistas (de los que hace tres años impidieron su acceso terrestre al Parlament, al que tuvo que llegar en helicóptero), Cataluña estará realmente haciendo historia. Pero no en la dirección que a Mas le gusta de Holanda, Dinamarca o Massachusetts, sino en la de Bolivia o Venezuela que tanto gustaban al Pablo Iglesias de hace algún tiempo.

El tenso cara a cara Rajoy-Sánchez tuvo en toda España un 'share' del 48%, en Cataluña del 35%. Cataluña no es igual a España porque son 13 puntos menos, pero un 35% de 'share' no permite decir que la ciudadanía catalana esté desconectando de España. El próximo domingo por la noche lo volveremos a ver.    

[Para más información y consultar otros datos, puede descargar gratuitamente la aplicación de El Confidencial, Elecciones 20-D, tanto para dispositivos Android como para teléfonos y 'tablets' de Apple]

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