¿Está ya España como Cataluña?

Mas está en el aire, no tiene mayoría sin la CUP. Y Rajoy no será investido sin el visto bueno del PSOE

Foto: Fotografía de archivo del presidente en funciones de la Generalitat, Artur Mas, y el presidente en funciones del Gobierno, Mariano Rajoy. (Reuters)
Fotografía de archivo del presidente en funciones de la Generalitat, Artur Mas, y el presidente en funciones del Gobierno, Mariano Rajoy. (Reuters)

¿Puede pasar en España lo mismo que en Cataluña, donde, tres meses después de las elecciones del 27-S, todavía no tenemos gobierno y no sabemos si Mas será investido o si habrá nuevas elecciones cuando llegue la primavera? ¿Puede depararle a Mariano Rajoy el futuro inmediato un destino algo parecido al de Artur Mas?

Este -y no el del proletariado- es el fantasma que recorrió España (y quizás también Europa) en las primeras horas del pasado lunes tras saberse el resultado de las elecciones del domingo. Hay datos que indican que un 'impasse' algo similar puede producirse pero hay otros que dicen que estamos -afortunadamente- ante un escenario diferente.

Vamos a las similitudes. Primera, Mas creía en septiembre que era el líder indiscutido de Catalunya y la noche electoral se topó con que su coalición “milagrosa” con ERC -Junts pel Sí- se quedaba a seis escaños de la mayoría absoluta. Y sin otros aliados posibles para gobernar con su programa máximo -la independencia- que había erigido soberbiamente y despreciando a la mitad de los catalanes, según decían las encuestas, en programa mínimo. Si la CUP no le votaban no era 'president'. Punto final. Y ahí sigue.

Rajoy se ha creído durante cuatro años que la mayoría absoluta era el estado natural, y durante toda la campaña electoral que llegar primero -estimulando que los medios minusvaloraran al “incompetente” Pedro Sánchez- le garantizaba seguir gobernando. Y la noche del domingo se encontró lejos de los 140-145 diputados a los que aspiraba y sin que Ciudadanos tuviera los escaños suficientes para garantizarle la investidura. Si el PSOE dice no, Rajoy no será presidente. Por el momento, punto y seguido.

La diferencia entre Cataluña y España es que la CUP y el PSOE son de mundos diferentes. También que en Madrid podría haber una difícil mayoría alternativa

Segunda similitud. Mas ha gobernado desde finales de 2010 creyendo que tiene la fuerza y la razón para aplicar el programa político que cree más conveniente y ello pese a no tener mayoría absoluta. Fue investido la primera vez con el apoyo -abstención mediante- del PSC, aprobó leyes y presupuestos pactando con el PP y tras la disolución de 2012 puso, orgulloso, rumbo a la independencia negándose a la transacción y despreciando a los partidos y agentes sociales -por relevantes que fueran en Cataluña y en España- que no aceptaran su bastante asilvestrada hoja de ruta.

Y cuando Rajoy este lunes por la noche -tras la reunión de la ejecutiva del PP- ofreció un pacto “generoso” a Ciudadanos y al PSOE para que votaran su investidura diciendo que lo contario sería gravísimo para Españ,a recordó algo a Artur Mas. La única solución para Cataluña era votar su investidura y quien no lo hiciera era un enemigo de Cataluña -el PP y Ciudadanos-, o un traidor al catalanismo -caso del PSC-, o un irresponsable como la CUP.

Pero no se asusten, la situación no es la misma. Primero porque el PSOE y la CUP son dos mundos diferentes. Segundo, porque Rajoy tiene difícil la investidura pero puede modular. No ha dicho como Mas: o yo con mi programa o nada. Además, la investidura de Rajoy es difícil porque suma un máximo de 163 diputados (con Ciudadanos) o 169-170 diputados (con los canarios y el PVN) pero puede existir una mayoría alternativa difícil -y casi imposible porque Podemos que ha encarnado el voto de protesta (ahí está la paliza a Bildu en Euskadi) parece encerrado con el juguete de la protesta y no querer un gobierno de izquierdas- pero teóricamente posible. Cosa que en Catalunya es simplemente inexistente porque no hay mayoría alternativa a Mas.

Es más, oyendo a Rajoy el lunes por la noche pedir el pacto a Ciudadanos y al PSOE en base al respeto a la Constitución y a los valores europeos no pude evitar pensar que si el PP hubiera practicado un mínimo de política de concordia, la crispación de los últimos años hubiera sido menor y seguramente hoy su situación será menos dramática.

Cuando Rajoy ganó a finales de 2011 CiU era una fuerza positiva para la gobernación -había apoyado con su abstención el programa de rigor de mayo de 2010 que evitó el rescate de España- y el PSOE no podía girarse de espaldas a una política económica cuya prioridad -sin la peseta y sin que nadie responsable (o irresponsable) propusiera salir del euro- sólo podía consistir en seguir los parámetros europeos decididos en Bruselas y Berlín. Pero no, Rajoy eligió no negociar nada con Catalunya que permitiera superar la sentencia del Constitucional sobre el Estatut (aunque hay que reconocer que ayudó al Mas 'business friendly' a gobernar) y eligió acusar al PSOE de todos los males como si la crisis económica fuera un fenómeno español y culpa de Zapatero. Y ahora -después de que medios muy próximos hayan impulsado el fenómeno Pablo Iglesias- se cree legitimado para exigir al PSOE la abstención en su investidura para salvar al país de la influencia de Podemos.

Rajoy y Mas gobernaron con exceso de prepotencia. Mas se ha encontrado con que prepotencia rima con impotencia. Rajoy debería reflexionarlo

Creo que Rajoy se equivoca. La higiene democrática exigiría otra actitud. Seguramente la única salida al final -si Podemos insiste en pedir las reformas constitucionales que predica sin reconocer que esas reformas exigen el apoyo del PP- es alguna forma de acuerdo entre el centro-derecha y el centro-izquierda. Pero si Rajoy lo hubiera entendido ahora estaría ofreciendo un gobierno de gran coalición como el alemán -hasta Juan Rosell, el presidente de la CEOE lo está proponiendo- que no creo que fuera la solución, pero que indicaría que el PP ha comprendido que ha ganado las elecciones al llegar primero y a más de seis puntos de los socialistas, pero que se ha quedado sin mayoría de gobierno. Y constitucionalmente -sí, constitucionalmente- España es una democracia parlamentaria. Y no ser consecuentes tiene serios riesgos.

Hay una tendencia peligrosa similar en Artur Mas y Mariano Rajoy que es la prepotencia. La prepotencia de Mas ha consistido en decir que lo único válido era su presidencia y su programa, la independencia. Y esa actitud le ha llevado a la impotencia y a la humillación. Ahora está pendiente de que la CUP permita su investidura y tiene que ver cómo CiU ha desaparecido y CDC (transmutada en Democràcia i Llibertat) perdió el domingo la mitad de sus diputados ya que se ha quedado con 8 escaños frente a los 16 del 2011. Entonces era la primera fuerza catalana y ahora es la cuarta, por detrás del pacto catalán de Podemos que ha ganado de largo las elecciones, de ERC que nunca había ganado a Convergència en unas elecciones autonómicas o legislativas, e incluso del PSC, que ha quedado 10.000 votos por detrás de ERC y 20.000 por delante de CDC.

Mas, que si por prepotencia no hubiera adelantado injustificadamente las elecciones catalanas sería hoy el rey del mambo en Madrid y podría arbitrar si gobernaba el PP o el PSOE, está ahora impotente a merced de la CUP. Y no sé si su futuro es mejor si la asamblea de la CUP del próximo domingo apoya su investidura o si tiene que ir a nuevas elecciones. Y creo que él ya sabe que -aunque sea una muy mala solución- le conviene ir a nuevas elecciones. Sólo intenta no cargar él con el fracaso de unas nuevas elecciones anticipadas (que serían las terceras bajo su mandato en cuatro años) y endosar esa responsabilidad a la CUP.

En España la situación aconsejaría una limitada y complicada entente, pero eso es incompatible con que el PP ofrezca obediencia "generosa" al PSOE

Mariano Rajoy, que ha tenido el indiscutible mérito de seguir una política económica impepinable -como Zapatero a partir de 2010- y el error de cerrarse al diálogo durante toda la legislatura (no sólo con Cataluña) y permitir 'alcaldadas' varias de su partido y sus ministros, como el proyecto de ley del aborto de Gallardón, no merecería acabar como Artur Mas. El asunto Bárcenas, sobre el que sólo ha dicho cosas poco creíbles, es un pasivo serio si España aborda una etapa de regeneración, pero ahora su asignatura prioritaria es admitir que ha ganado por poco pero que no tiene mayoría para gobernar. Y que no puede exigir al PSOE obediencia ciega a la derecha porque entonces la oposición -tan necesaria para la higiene democrática de los países- recaería en Podemos, que es un partido que ha sabido encarnar la irritación y la protesta -como la Syriza griega-, pero que como Tsipras no ha entendido que Europa no nos va a salvar -con sus impuestos o incrementos de su deuda- de nuestros desequilibrios presupuestarios continuados, es decir de nuestro mal gobierno.

Rajoy debe reflexionar sobre la experiencia de Mas y sacar dos conclusiones. Una, que el proyecto personal y político no puede hacerse sin diálogo con las fuerzas de la oposición, sobre todo cuando la mayoría es insuficiente (caso de Mas desde 2010 y de Rajoy tras las elecciones del domingo). La segunda es que la prepotencia puede acabar en impotencia. En el caso de Mas incluso en la humillación.

El realismo exigiría que Rajoy reconociera que no tiene mayoría ni incluso con Ciudadanos y que sacara las conclusiones oportunas. Ahora no tiene que exhibir “generosidad” ni recriminar nada al PSOE sino intentar acordar humildemente un pacto de investidura. Como el Aznar realista que ganó sin mayoría las elecciones del 96 -que todavía no exhibía sus piernas sobre la mesa hablando con Bush II (el malo)- supo hacer con CiU y con el PNV.  

Confidencias Catalanas
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